Derecha unificada S.A.

Lo único que parece claro con Donald Trump es que la derecha avanza en occidente ​y hoy en Francia todo se reduce a si ganará la derecha dura de Francois Fillon, que ahora se llama Les Republicains, o la derecha dura de Marine Le Pen.

En el Reino Unido gobierna Theresa May -nombrada Islamófoba del año 2015-, en Alemania nuestra jefa de gobierno in pectore Ángela Merkel, en España ya tal y en Estados Unidos Trump es el paradigma de la Nueva Política.

El efecto Band Wagon atraerá a los secundarios, comandados hoy por Polonia, donde las mujeres son tontas porque no juegan al ajedrez y los teletubbies son una estrategia del lobby gay masónico, loquehayqueoir.org.

Pablo Iglesias cree que la Nueva Política es la vieja izquierda troskista y no ha dudado en apartar a quien intentaba una vía más de influencer. Sin embargo, ha llegado Huracán Trump y el viento ha cambiado, pero hay que tener el olfato fino pata percibirlo.

Como casi siempre, los primeros que lo han notado han sido los ingleses y Miss May tardó poco en hacerse la foto fraternal con el presidente estadounidense.

En Francia la izquierda ni está ni se la espera y Marine Le Pen felicitó a Trump por su triunfo electoral casi al mismo tiempo que lo hacía Rodham Clinton.

Xulio Formoso: Supertrump
Xulio Formoso: Supertrump
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Trump comete muchos errores, al menos uno cada dos días, y también va acertando en otras cosas: su campaña made in America by american workers vaya si está empezando a funcionar. Casi todas las grandes empresas siguen haciendo públicos planes extraordinarios para incrementar su producción en EE.UU.

Estas empresas son premiadas inmediatamente con un tweet personal de Donald Trump felicitándolas. Notan una mejora de sus resultados en las distintas bolsas del país (no todo el monte es Wall Street), y el efecto Band wagon empieza su trabajo: analistas, blogueros y periodistas connect the dots, se vuelven altavoces de esos hechos, y se convierte en la profecía autocumplida.

Su proyecto para actualizar las infraestructuras del país,  líneas ferroviarias,  aeropuertos, puertos, etc. se espera como una lluvia de dinero y puestos de trabajo. Por supuesto, para poder comer algo de la tarta hay que estar a bien con el imprevisible Trump y, por eso, todos, incluso nuestro Florentino Pérez a través de su filial en Alemania, se han apresurado a ofrecerse cual alfombras ante el despacho oval para construir el Muro de la Tristeza.

Por supuesto, estas empresas saben que tanto el muro como las infraestructuras las van a llevar a cabo empresas estadounidenses, pero les cabe saber que podrían ser proveedoras de los yanquis, y para eso hay que tener un expediente inmaculado.

Como guinda, la propuesta fiscal del presidente americano puede funcionar y reducirá los impuestos sobre las empresas y sobre las nóminas de los trabajadores, que dispondrán de más liquidez.

La apuesta de incrementar el presupuesto armamentístico en un 10 % también juega a su favor: de un lado exacerba el alma patriótica de un país ya de por sí muy patriota; y de otro, el utilizar las armas en guerras que “volveremos a ganar” es el mejor modo de poner en marcha este ingente mercado, porque, en la nueva época, no solo habrá que reponer las que se hayan disparado, gastado y roto, sino que se desarrollarán y fabricarán armas más sofisticadas y costosas.

En este momento, los principales problemas de su presidencia son el Obamacare, las fake news de la deshonesta CNN y #FreeMelania. Si consigue sobrevivir sin infringir la ley, estará ocho años.

El plan de Trump para reformular los mercados mundiales frenando algunos de los excesos más perjudiciales de la globalización, puede funcionar, y otros países le seguirán,  la Francia de Fillon o Le Pen o nosotros mismos, sin demasiadas alharacas pero tarde, como siempre.

La Nueva Política es la derecha con un discurso simplificado: menos estado, menos gobierno, menos extranjeros, menos impuestos, y más trabajo y más dinero para los nuestros. Y Dios, si conviene sacarlo en procesión.

Empiezo a pensar que la izquierda se ha perdido en un pliegue espacio temporal del que no la saca ni el Condensador de Fluzo. Veremos.

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Analista político y económico. Mis armas son las palabras y mi razón mis convicciones. Me gustan los números y la economía a la que, sorprendentemente, hasta entiendo. Sé que hay otros caminos para nadar las aguas negras de la vida y que el que nos imponen -comer basura, tragar inquina y vaciarnos los bolsillos- es el resultado de mezclar ineptos gobernantes con espabilados banqueros. Soy filólogo, soy letraherido y he vivido en Suiza, en Inglaterra y en Colombia. En España he vivido en Barcelona, en Madrid, en San Sebastián y en Cádiz y mi alma y mi carácter son castellanos: seco y claro, aunque con un sentido del humor ácido y las más de las veces corrosivo cuya primera víctima soy yo y la segunda la realidad estrambótica que me rodea. Mi ley es la opinión y prefiero construir a destruir, sumar a restar, el ruido al silencio, la furia a la calma del camarón dormido en la corriente. Amo nuestro siglo de Oro y no creo que otro mundo sea posible: estoy absoluta y completamente seguro de que es así.

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