Donde las papas queman: Víctor y Violeta en la memoria

Para decirlo con palabras del propio Víctor Jara, Donde las papas queman “es una historia sencilla, una historia de amor, del verdadero amor que surge desde el fondo de la vida y que lo embellece todo. Una historia simple como la guitarra campesina, como una figurita pintada de Talagante, como un camino, un álamo, una flor…Una historia de nuestro pueblo. De este pueblo que en todas sus manifestaciones, aún en las más trágicas, introduce elementos graciosos y hasta divertidos”.

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‘Donde las papas queman’ es la historia de una llamada a la utopía contada con canciones y con imágenes. La utopía que se vislumbró en un tiempo y un país determinados pero que tiene aún hoy reivindicación y efecto social, aunque con la globalización muchas aspiraciones de entonces suenen a antigualla. Qué viejos nos hemos hecho y qué quemados de escepticismo a la luz de tanta verdad, de tanta luz como desprenden estas canciones de Víctor Jara y de Violeta Parra. Aspiraciones que ella, además, plasmaba en tapices, murales gigantescos que bordaba y pintaba a mano en su tienda de campaña.

Porque Donde las papas queman es un documental llevado al teatro. Un documental sonoro y visual que contiene una importante parte de la historia del pueblo chileno con la fuerte presencia de la canción protesta de Víctor Jara y Violeta Parra, el creacionismo de ella, la alegría de él, el compromiso inalienable y doliente de los dos, el arrobamiento mutuo de sus encuentros alegres, con sus bailes, sus silencios (unos silencios mucho más expresivos aún que las palabras y la música, con serlo éstas mucho) y el fundido en negro después de cada escena.

Letras elegidas para el caso, escenas preparadas para servirlas y toda la sensibilidad del mundo para mimarlas dan esta joya de exquisita belleza que sólo los documentos conservados pueden hacernos creer que fuera verdadera: que hubo un tiempo así, que hubo estos personajes tan comprometidos y sin embargo tan artistas que, a pesar de la urgencia, nunca renunciaron al sentido estético de sus obras. De esto también charlan ambos entre pieza y pieza, entre escena y escena.

Tienen ambos cantautores la ventaja de que sus canciones son de sobra conocidas por el público de una generación (los que éramos chavales jóvenes en los años 70 y coleccionábamos sus discos), lo que nos permite acompañarles. También les vendría muy bien a las nuevas generaciones sumergirse, ya que los temas son plena actualidad. Tanto como lo está el discurso del presidente Salvador Allende ante las Naciones Unidas meses antes de su muerte.

Oiremos para siempre la voz de Allende tal como quedó grabada meses más tarde aquel 11 de septiembre de 1972, y la de Pinochet. Oímos la voz de sus respectivos seguidores y las posturas irreconciliables, llenas de odio de clase y ansias de revancha.

Con estos mimbres, los dos actores hacen un espectáculo valiente y bello. Y eso que no sacaron las canciones más fuertes de Víctor Jara: ¡A desalambrar!, ¡Puerto Mont!, esas que, de puro vívidas, ponen los pelos de punta. Sí interpretaron algunas como la que da título, Donde las papas queman, que es un grito contra la indiferencia, contra los que se quedan mirando la injusticia pasar. Yo, que me las sé de memoria, de buena gana los hubiera acompañado. Por momentos, el sentimiento -y las ganas de aplaudir al finalizar cada escena- te puede. Sobre todo cuando se quedan en silencio, cuando todo se hace negro…

Título: Dónde las papas queman
Cía. ATiroHecho
Reparto: Guille Zavala y Carla Chillida.
Dirección: Carla Chillida
Espacio: Teatro Lagrada (Ercilla, 21)
Fecha: julio de 2014

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

2 Comentarios

  1. Gracias, Benigno, así queda mucho más completo. Daniel Viglietti y el año 73. No son malas precisiones, muy ciertas y muy de agradecer. Hay cosas que da uno por sabidas y las estampa; viene muy bien que alguien señale y mejore lo que falla.

  2. creo que existen dos impresiciones en el texto, que en si es bastante bueno, solo que falla en el año del golpe de estado no es en el 72 es en el 73 y la canción a Desalambrar es de Daniel Viglieti

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