El elegido: Ramón Mercader en su verdadera cara

El elegido, película española de 2016 dirigida por Antonio Chavarrías, es un thriller histórico que narra la conspiración urdida por Stalin para acabar con el único hombre que pudo cambiar el curso de la Revolución.

En él se cuenta, con gran lujo de detalles, cómo Ramón Mercader (Alfonso Herrera), un joven comunista español, es captado por los servicios secretos soviéticos (GPU) para participar en un complot ordenado por Stalin en México. Elegido por su propia madre para esta misión (de ahí el sobrenombre de «el elegido») después de un cambio de personalidad forjado en los ambientes nocturnos y galantes de París, a inicios de 1940 viaja a México para encontrarse con su amante y cumplir la orden de asesinar a Trotsky.

La película, que se desarrolla en España, París y México, se ve muy bien y sin pestañear aunque resulta exasperante por demás en la parte mexicana, ya que de todos los implicados en la custodia del acogido (México es el único país del mundo que lo ha aceptado como huésped y allí estaban llegando en bandadas todos los españoles que podían permitírselo), sólo él, Trosky (representado por el actor Henry Goodman), es consciente de lo que está pasando en la sombra y es él quien debe alertar a las autoridades que, una y otra vez, con el eficacísimo trabajo de los soviéticos que se han infiltrado en los mandos del ejército, acaban por hacerle creer que todo son paranoias de perseguido.

La parte del asesinato se demora a propósito de una forma muy burda y chapucera, como si lo inevitable del caso sólo sirviera para prolongar más y más la agonía de héroe y de sus allegados, igual que la de su asesino.

Impresionante Elvira Mínguez en el papel de la madre de Ramón Mercader, el elegido, viva imagen de La Pasionaria y otras mujeres de carácter y talante parecidos que destacaron por aquel entonces. Una mujer que antepone los ideales de la revolución al amor filial, a cualquier amor, y que tiene claro que para los ideales del partido, no importan las víctimas inocentes, es más: son necesarias, ya que en todo proceso revolucionario ha de haberlas por fuerza, y cuantas más mejor, para que así triunfen de una vez los ideales. Hay que ver a esta mujer en el contexto de las purgas stalinistas que se dieron en España y en cuyo contexto hay que entender la muerte de personas absolutamente fieles a la República, como Robles (ver documental Robles, duelo al sol), o el amigo entrañable de «el elegido» y camarada de la guerra civil española, Carles, también exiliado y ahora asesinado en México sólo para preservar la nueva identidad de Ramón Mercader.

«No importa que no sea un traidor si alguien debe morir, así será mártir de la revolución (y viceversa)» es la respuesta que recibe El elegido quien, convertido en títere del papel asignado por su madre, comprende que ya no tiene escapatoria.

Estas conversaciones sobre el sacrificio de inocentes en aras de la revolución, así como el análisis del fracaso de la República y sus variadas causas, se trazan con palabras claras y son lo más en el plano de una revisión de la historia. De ahí que resulte tan exasperante la escena del asesinato cuando es posible que de no estar ya cosificado y embalsamado en su traje de niño bien (impresionante el parecido de este actor, Alfonso Herrera, con Antonio Banderas), Mercader hubiera empatizado con Trosky, sobre todo en el sentido de hacerse preguntas, en el derecho a poderlas formular.

El papel instrumental de la amante de Mercader (Hannah Murray), joven maestra de Brooklin, llena de altruismo e idealismo de izquierdas e imbuida de fervor por el maestro rebelde, incapaz de pensar mal de nadie «para no caer en lo mismo que ellos», también resulta convincente. Completan el reparto Julian Sands y Roger Casamajor.

El elegido, cuyo idioma más utilizado es el inglés, seguido del español y del francés en un claro intento de fidelidad a los hechos narrados, así como de su difusión internacional, cuenta con la participación de Televisión Española y Televisió de Catalunya, la colaboración del ICEC y el ICAA y el apoyo de Ibermedia Desarrollo y el programa Media.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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