Michoacán arde en violencia

Esa es la situación que se está viviendo en la actualidad. Los enfrentamientos entre las fuerzas del orden, los grupos criminales y los de autodefensa son de tal magnitud que se puede decir que se está asistiendo a una auténtica guerra.

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En julio del pasado año ya comenté en un artículo que la alta inseguridad en México estaba llevando a la creación de grupos de autodefensa en la zona llamada tierra caliente, marcada por la alta incidencia de grupos criminales relacionados con la droga, que, con el tiempo, han acabado siendo los señores de bastantes pueblos.

En la misma fecha, el grupo de López Obrador, Morena, en relación con Michoacán decía que los enfrentamientos, las emboscadas, la quema de vehículos y, sobre todo, los muertos que deja este enfrentamiento del crimen organizado, no dejan lugar a dudas del precario estado en que se encuentran las autoridades; simplemente los tres niveles de gobierno no pueden someter al Estado de Derecho a los criminales, estos son los verdaderos mandones.

Hoy, comenzando el año, la situación parece insostenible y recuerda a una olla a punto de explosión. A pesar del mensaje del presidente Peña Nieto de que 2014 será “un año de crecimiento y desarrollo”, los mexicanos perciben una realidad que se parece muy poco, pues la violencia va in crescendo día a día.

Y no sólo los piensan los ciudadanos de a pie. El lunes, el coordinador del PRD, Silvano Aureoles Conejo, hizo una llamada a los tres órdenes de gobierno a que ejecuten las acciones necesarias para garantizar la tranquilidad y la paz en Michoacán. Mediante un comunicado, el diputado sostuvo que los hechos violentos han ocasionado un problema de desplazados y una contracción en la economía de las regiones. Lo más reciente es que el domingo, dos militares murieron en un ataque de hombres armados durante una emboscada en Apatzingán, Michoacán.

Templarios-MichoacanEste llamamiento se producía como consecuencia del tiroteo ocurrido en Parácuaro, en los límites con el municipio de Múgica, que arrojó como saldo al menos dos muertos, presuntos integrantes del cártel de Los Caballeros Templarios, y varios lesionados del grupo de autodefensa. Parácuaro es el décimo municipio de la región que controlan estos últimos,  y es uno de los principales puntos de producción de drogas del país.

Pero, tras los enfrentamientos, se produjo también un hipotético “accidente” que arroja demasiadas sospechas. José Manuel Mireles, cirujano de profesión y carismático líder de estos grupos civiles, viajaba en un helicóptero con otras personas cuando el aparato sufrió una avería y se estrelló. El resultado: un muerto y cuatro heridos. Mireles, muy grave y, de momento, no hay ni parte médico. Uno de los acompañantes se sabe que es un periodista, pero nada más. Por si acaso, a las autoridades de Michoacán les faltó tiempo para afirmar que “era pronto” para hablar de atentado.

Aureoles Conejo comentó que lo que está sucediendo en esta entidad “es algo que a todos nos debe preocupar, particularmente a las autoridades con mando de fuerza y responsables de la estrategia de seguridad, tanto en el ámbito federal como en el estatal”. El líder del PRD en San Lázaro indicó que no se puede apostar a que la ciudadanía conserve su paciencia y se acostumbre a ver estos hechos como normales.

La realidad de Michoacán es que los grupos denominados autodefensas (civiles armados, hombres y mujeres) cada vez están ganando más terreno a los grupos criminales, ante la perplejidad, imagino de las fuerzas del orden. Porque los autodefensas están demostrando un valor que dista mucho del que estamos viendo en los cuerpos que, supuestamente, cobran por defender a la población. Cierto que son unos sueldos pírricos, y, por eso, se pasan al enemigo (grupos narcos) con bastante facilidad, ante la impasibilidad de los dirigentes estatales y federales, que tratan de denostar la lucha de la gente de los pueblos.

No se trata de defender esa lucha, lo triste es que esa gente se ve obligada a tomar las armas para evitar que el crimen organizado acabe con ellos, con sus familias, con sus posesiones. Sufren violaciones, robos, abusos… y se ven obligados a marcharse de sus localidades si no están dispuestos a acatar sus “ordenes”. Hartos, han comenzado a defenderse, poniendo en riesgo su vida diariamente. Los enfrentamientos son continuos.

El Estado michoacano es uno de los más violentos de México, junto con Guerrero. El pasado año 2013 murieron casi mil personas, entre ellas un alto mando de la Marina. La aparición de decapitados (distintivo de los ajusticiamientos de los cárteles) es algo tan común, que ya ni sorprende. A eso precisamente se refería Aureoles al decir que “lamentablemente, nos hemos habituado a ver el problema de los enfrentamientos y los decesos, como algo que pasa en otro lado o en otra entidad, cuando eso ocurre en el mero corazón del país, en una tierra que le ha dado mucho a la nación”.

EL grupo Milenio ha informado de que, según los informes oficiales a los que han tenido acceso, los grupos sociales que durante 2013 estuvieron muy activos en esa entidad (como el movimiento magisterial -los maestros disconformes con la reforma educativa- y las policías comunitarias) fueron asesorados y penetrados por grupos guerrilleros o por miembros de diversos grupos insurgentes que operan en la entidad. Y no solo eso: pueden estarse armando (algunos con fusiles tipo AK-47) para, de considerarlo necesario, seguir sus luchas por la vía armada.

La violencia de Michoacán puede ser el estallido social que lleve a una auténtica guerra entre la población civil y el crimen organizado. Al Gobierno le toca mover ficha… y rápido.

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Periodista. Tras más de 30 años en el sector de la construcción en general, de la mano de una publicación para profesionales, un buen día nuevos derroteros la llevaron al mundo de la política, pero sin dejar la comunicación. Esa época determinó el comienzo de un camino dirigido a la solidaridad, a la defensa de los derechos humanos, a la denuncia. Poco después dejó España y se instaló en México. Allí comenzó a publicar en el periódico México Inteligente, donde tuvo su propia columna. Posteriormente, colaboró con el Periódico de Puebla y con revistas literarias, donde editó poesía. Un buen día contactó con Periodistas en Español, medio que le permitió relatar a los españoles lo que sucedía en el país azteca, así como describir las maravillas de su naturaleza. Tras siete años de estancia en México, a mediados de 2018 regresó a España. Actualmente sigue los avatares mexicanos y continúa contándolo en Periodistas en Español.

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