El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

Fantasía, humor, terror y consejos saludables para la vida se dan cita en El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children), última película del director visionario Tim Burton y de los productores de Charlie y la fábrica de chocolate.

Basada en la novela superventas del mismo título, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares tiene todos los ingredientes para convertirse en una experiencia cinematográfica de primer orden, pues aunque en principio Miss Peregrine pueda recordarnos en su papel protector y educador de niños a la mítica Mary Poppins, estamos ante una película de aventuras donde la fantasía desbordante desafía nuestra capacidad de sorpresa y hasta de miedo. Una fantasía en la que, sin embargo, no se pierde nunca el contacto con la realidad más dura ni con los infiernos a los que las peores fantasías pueden enfrentarnos. Tampoco con los seres queridos.

Para ello, al lado de seres «del otro lado», ha creado dos personajes muy bien anclados en éste aunque con una innata y grandísima capacidad de soñar: Abe (Terence Stamp), un abuelo «peculiar» que ha sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial, y Jake (Chris O’Dowd), su nieto «peculiar» como él (aquí el salto generacional es evidente) al que él llama en polaco Tigresky, irónicamente «pequeño tigre», ya que es un niño hijo único y medio enfermizo, superprotegido, tímido y apocado que sin embargo a lo largo de la película, verá surgir ante sí múltiples oportunidades de superación que no dejará escapar. Es el regalo póstumo de su maravilloso abuelo Abe, un papel en el que Terence Stamp está como nadie: conciso, eficaz y sin salirse del tema, aun cuando entremos en ese terreno tan pantanoso de la fantasía, se diría que ese papel está hecho para él.

Veamos el argumento:

Cuando el querido abuelo de Jake le deja pistas para descifrar un misterio que traspasa mundos y épocas diferentes, él descubrirá un lugar mágico conocido como Miss Peregrine’s Home para Niños Peculiares. Pero el misterio y el peligro se intensifican cuando conoce a los residentes del ese hogar y descubre sus poderes especiales… y sus terroríficos enemigos. Finalmente, Jake descubrirá que únicamente su “peculiaridad” especial será la que pueda salvar a sus nuevos amigos.

Convertido así en héroe por sus ansias de saber y de conocer quién era su abuelo, gracias a esa mezcla de fantasía y realidad en la que Jake entra y sale no sin sufrimientos ni añoranzas, la película puede comparar ambos mundos y plantear cuestiones comunes a todos, como el tema de la inmortalidad (¿quién no ha soñado alguna vez con ser eterno, dejando por ello fuera si es preciso, a los que tanto ama?) o el tema de la valentía para superar los miedos («No nos has hecho más seguros, Jake, nos has hecho más valientes»), o el tema de la repetición eterna de una rutina por muy feliz que sea («Vivimos siempre en el mismo día de 1943») y por el contrario, arriesgarse a salir del nido, algo muy oportuno en estos tiempos nuestros tan obsesionados con la seguridad.

Con unos magníficos exteriores ambientados en soberbios castillos anclados entre maravillosos verdes donde todo crece eternamente joven y unos interiores de taberna galesa -con pensión cutre incorporada- en un pueblo perdido, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares ha sido rodada en Londres y Tampa, y está protagonizada, además de por los citados abuelo y nieto, por Eva Green en el papel de Miss Peregrine, Asa Butterfield (bella inmortal), Judi Dench (Peregrine segunda) y Samuel L. Jackson (malo malísimo), entre otros muchos.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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