En los barcos de la memoria y del olvido

El periodista y escritor Salvador Rodríguez escribe historias de gallegos «normales» que resultan ser gente extraordinaria. Él es gallego de Bueu y esa normalidad de apariencia le sirve para ilustrar –contradictoriamente– lo que le parece singular de unos cuantos gallegos desplegados por el mundo. Y de unas cuantas historias que esconden más luz que las estrellas del camino.

En las rendijas de la memoria cubierta

En su último libro, que quiero reseñar aquí, Salvador Rodríguez habla –por ejemplo– de un «gurú del arte hippy» llamado Victor Moscoso, natural de Oleiros, quien tiene obras en el MoMa neoyorkino, en el Louvre y en otros cuantos lugares así, sin que en España le presten la atención debida. Hijo del exilio republicano, llegó a Brooklyn en 1939, de la mano de su padre republicano. Se vinculó al arte psicodélico (con el grupo Big Five) para hacer estallar los colores más vivos donde sus educadores académicos le habían enseñado que debía predominar lo tibio y elegante. Eran los tiempos de la guerra de Vietnam, del «If you go to San Francisco…» y del llamado Verano del Amor (1967). Entendámonos: con las drogas desplegadas alrededor como elementos de limpieza social y espiritual. Allí triunfó Moscoso con un cartelismo que tenía ese trasfondo. ¿Cómo uno de Oleiros viaja hasta ese planeta? Pues con la citada normalidad gallega.

Podríamos decir también que, como la famosa Biblia de Kennicott, que constituye un testimonio inapreciable de la presencia histórica de los judíos en Galicia. Esa joya bibliográfica y literaria, editada hace cinco siglos en A Coruña, acaba de regresar a Galicia prestada por la Universidad de Oxford –que la cuida como oro en paño– para la exposición actual Galicia un relato no mundo. Perdida y reencontrada en 1771, depositada en Oxford, regresa a su tierra de origen como un gallego cualquiera después de hacer las Américas (en fin, aunque sólo sea provisionalmente). Lo extraordinario en este caso, es que Salvador Rodríguez se adelantó, ¿profetizó? ese regreso en un capítulo del libro que comentamos. Su texto está escrito ANTES de que sucediera. Sorprendente periodista profeta, Salvador.

En el prólogo del libro, dice otro periodista gallego, Ceferino de Blas, que «aunque figuren historias que ya están contadas, incluso por escritores de éxito» Salvador Rodríguez las repinta con detalles insólitos y música de la galleguidad: «Se las apaña para innovar», reseña Ceferino de Blas.

En el libro al que nos referimos, titulado En las rendijas de la memoria, hay dos partes: a un lado los personajes normal-extraordinarios, siempre vistos desde el lado profundo, galleguista y galleguizante; y después, una serie de episodios que se reinterpretan con la misma óptica, llamémosla de Bueu-Oleiros.

En estos tiempos, de predominio del sectarismo airado, de la furia de los desinformados, no es poco tener esa filosofía distante. Tras el prólogo, hay un capítulo que nos relata el sufrimiento de mujeres como Urania Mella, condenada a muerte con su marido; aunque a ella le fuera conmutada la pena capital para ser conducida a un convento convertido en cárcel de mujeres del País Vasco. Un campo de concentración que el autor rescata del olvido como «Las rosas de Saturrarán» (del nombre del lugar en el que se situaba el maldito convento).

De aquellos tiempos infaustos hay otro capítulo («El nazi sin rostro») que nos redescubre la importancia del espionaje alemán en Galicia durante la guerra mundial. También nos recuerda la relación de esa red, y de su principal protagonista, Walter Giese, con la disputa por el wolframio, material precioso para ambos bandos contendientes.

Salvador Rodríguez nos relata la tragedia de Inés de Castro, quien fuera coronada después de su muerte en el siglo XIV. Un drama real al que casi terminaron ahogando las leyendas surgidas por admiración y espanto ante el rastro espectral «de la reina cadáver», como dice el autor.

También se refiere en otro capítulo al editor gallego de García Márquez y de Julio Cortázar, que como no podía ser de otro modo, terminaría tomando el camino del exilio (hacia México) después de luchar como fotógrafo militante con «una Leica y un fusil».

Hay en esas páginas piratería y muchas navegaciones inesperadas, claro. La galleguidad las contiene siempre. Inevitablemente. Océanos de presencias medio ausentes en nuevos mundos que no esperamos. Vidas y mundos no siempre felices. Campesinos que fueron héroes «últimos» de Filipinas y que terminaron de taberneros o en el olvido casi absoluto.

Un elemento esencial del libro, que pretende casi pasar inadvertido, son los múltiples barcos que recorren las páginas y las historias. Bergantines como el «Defensor de Pedro» (sic) y el «Morning Star» del pirata Soto; cruceros como el «Libertad», el «Miguel de Cervantes» y el «Almirante Cervera» ; el barco que nunca llegó a Alicante para llevar al coruñés Julio Souza y una multitud de republicanos a Orán; el Harmony of The Seas, que pudo haber celebrado el gran Álvaro Cunqueiro; O barco da memoria esquecida; el Massilia, «barco de la libertad».

En esa Galicia tremenda que describe Salvador Rodríguez Pastoriza desfilan también Sito Miñanco, Woody Allen, Manuel Rivas, Cesaria Évora, las fotos de Marilyn Monroe que hizo aquel gallego, ya citado, en las que descubrió que no llevaba bragas, Rosalía de Castro, Castelao, Gardel y el general José Aranguren Roldán, creyente católico, mártir de su propia coherencia y defensor de la legalidad republicana.

Léase este libro con fruición nocturna, como la intrépida psicodelia que rodeó a Moscoso en su juventud. Encontramos ahí a héroes trágicos (todos o casi todos) que navegan a contracorriente del océano de la quieta normalidad. Marinos en mares de aventuras extraordinarias. Salvador Rodríguez los deja caer, los recrea y los ilustra de nuevo en sus páginas para que no se pierdan en los recovecos de nuestras memorias desorientadas.

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Periodista. 1976, colaborador del diario "Hoy" (Extremadura, España). Hasta 1984, también de otras publicaciones de información general. Entre 1984 y 2008, estuvo en Televisión Española, siete años como corresponsal de TVE en Francia; varios más en la sección internacional. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como de varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y consejero del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Es corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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