Estábanos, íbanos y veníanos

Mi amigo y compañero en el quehacer de la palabra, Telmo Trabiezo, recientemente me hizo llegar su inquietud acerca de «venimos» y «vinimos», y como mi propósito es aclarar dudas, le di una muy breve explicación, con el compromiso de ampliarla en otra entrega de este trabajo de divulgación, en función de disipar su duda y la de muchas personas que se dedican a escribir de manera regular en medios de comunicación, más que todo en redes sociales.

Telmo es el autor de una muy leída columna periodística de corte político, publicada en un prestigioso medio de comunicación del estado Portuguesa, Venezuela, hoy convertido en digital. Además, es un preocupado por el buen decir y mejor escribir, lo cual se evidencia en su facilidad para redactar de forma amena y sencilla. Su inquietud me ha dado pie para volver sobre el caso de la sustitución de algunas formas del imperfecto de algunos verbos, tales como estábanos, íbanos, veníanos, muy frecuente en el lenguaje oral de personas que lo utilizan como herramienta básica de trabajo.

El uso del morfema “nos” en lugar de “mos” en algunos tiempos del verbo, es un fenómeno que, según la opinión de algunos estudiosos del asunto, se ha registrado en el habla popular de algunas regiones de España, sobre todo del occidente peninsular y Canarias, y de Hispanoamérica.

En Venezuela dicho fenómeno es harto frecuente, pues no en vano, en el Corpus de Referencia del Español Actual, de la Real Academia Española, «la mayoría de los usos de ‘nos’ por ‘mos’, pertenecientes, en general, a contextos de baja formalidad en que el hablante y el oyente mantienen una conversación cara a cara, son venezolanos».

Lo peor de todo es que quienes más incurren en la aludida impropiedad, son periodistas, abogados y aun profesores de Castellano y Literatura, lo cual evidencia las fallas del programa educativo, en lo tocante a la enseñanza lengua materna.

El lingüista Ángel Rosenblat en 1936 lo definió como un problema arraigado en México, Guatemala, República Dominicana y Perú. Es además frecuente en Puerto Rico, Cuba y Paraguay. En la llamada «Isla del encanto», en documentación ofrecida por Tomás Navarro Tomás, en «», se dice que el vicio antes descrito, comparte vida con las formas de subjuntivo: fuéranos, compráranos.

Es, sin dudas, un problema de gran magnitud, ante el cual muchos estudiosos del lenguaje oral y escrito han hecho oportunas advertencias; pero al parecer el asunto se ha arraigado de tal modo, que hoy día es casi imposible lograr disiparlo. Su hábitat es el lenguaje oral, pues con los recursos con los que hoy día cuentan los usuarios habituales de la escritura, su aparición en este ámbito es muy escasa.

Sin embargo, hay redactores que no tienen la mínima idea de la existencia del corrector electrónico, que no es un corrector propiamente dicho, sino un dispositivo de advertencia para que el redactor revise su material, ante la posible aparición de una palabra mal escrita o un error sintáctico.

El subrayado en rojo señala una palabra posiblemente mal escrita, en tanto que el verde advierte un supuesto error de sintaxis. Y digo una palabra posiblemente mal escrita y un supuesto error de sintaxis, porque muchas veces el subrayado en rojo solo indica una palabra desconocida por el procesador del computador, y el subrayado en verde un error sintáctico que no existe. Hay otro subrayo en morado, que no sé para qué sirve.

Se dice que las causas que han dado origen a esa impropiedad, está en la analogía con las formas de imperativo en que el pronombre «nos» aparece (llévenos, díganos, háganos), y por el hecho de que, tanto el imperfecto, como el imperativo, son de acentuación esdrújula.

Este criterio lo comparto a medias, pues es aplicable en personas que no tienen conocimientos gramaticales; pero en docentes, comunicadores sociales y otros profesionales universitarios, es una muestra de su escasa preparación y de su irresponsabilidad ante la sociedad en la que le corresponde vivir y actuar.

Si un profesional universitario dice constantemente estábanos, escribíanos, íbanos, veíanos, etc., sería interesante saber cómo hizo para graduarse.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

3 Comentarios

    • Y el problema se hace más cuesta arriba solucionar cuando se trata de profesionales, pues al ser corregidos hasta de la manera más prudente, su ego «profesional» queda herido mortalmente, y de una vez repelen el «ataque» con aquella fórmula de acusar de soberbio y engreído a quien comete el fatal «error» de hacerles tales observaciones. De manera que quien es llamado a reflexión y abucheado es quien ha tratado de corregir el despropósito.

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