Ya han pasado cincuenta y seis días desde el último solsticio de invierno en el hemisferio norte de nuestro planeta. Los días han ido ganando luz a la oscuridad de la noche, la primavera se va acercando. Faltan cuarenta días para que comience la Semana Santa en los países de tradición y cultura católica. Antes de que llegue el periodo de recogimiento religioso es tradición celebrar el carnaval.
En nuestra nave procuramos llevar el ciclo circadiano de nuestro reloj biológico interno, y para ello durante lo que consideramos el día terrícola todas las dependencias comunes están bien iluminadas para, a medida que el día se va tumbando y la noche llegando, esa iluminación se va atenuando hasta llegar a la oscuridad total en los dormitorios.
También procuramos llevar los ciclos de las estaciones regulando la climatización de todo el sistema sin llegar nunca a las temperaturas extremas que se pueden dar en en invierno o verano en las distintas zonas del planeta, pero sí lo suficiente para que podamos tener las sensaciones estacionales, que tanto nos gustan y ayudan a nuestro equilibrio biológico.

Pero ahora estamos en tiempos, como decíamos, de carnaval, y nos preparamos para ello. Preparamos desfiles con carrozas y comparsas que recorren los pasillos de la nave con el debido jolgorio y disfrute de los participantes y espectadores. Las músicas que estos grupos llevan o van tocando son alegres, desenfadadas, provocadoras y ligeramente sensuales en ocasiones. Es muy agradable escuchar y acompañar con los suaves movimientos de nuestros cuerpos las coreografías que se preparan. Podemos encontrar referencias a los carnavales terrestres desde los famosos brasileños, a los sonidos de Nueva Orleans, Venecia o Canarias, por citar unos pocos.
También durante la semana que dura el carnaval en los salones de actos, como si de pequeños teatros Falla en Cádiz se trataran, se celebran concursos de grupos que elaboran sus espectáculos en comparsas, chirigotas o cuartetos con sus estilos y temáticas variadas pero que suelen ser críticas sobre la sociedad y el momento actual, no suelen dejar títere con cabeza, y sus coplillas son muy celebradas por lo ingeniosas y divertidas que son. Cuánto más irónicas, subversivas o respondonas son más molestas para los poderes establecidos, que es de lo que se trata.
Estos espectáculos en la nave nos ponen al día de lo que ha ido pasando en los diferentes países durante cada año en el periodo entre-carnavalero. Y como los dardos van dirigidos al poder establecido o quien lo representa, se pueden imaginar por donde han puesto el foco esos grupos en sus chirigotas o comparsas. Es sorprendente cómo esta celebración al modo del carnaval de Cádiz ha calado entre la tripulación y los representantes de cada país o zonas de la Tierra.
Con todo el dolor de sus corazones pero también con toda la alegría de la que son capaces a la hora de hacer la crítica hacia tanta situaciones tan dramáticas que estamos viviendo, hemos podido ver y escuchar cómo tenían su merecido todos los personajes que están destrozando el mundo, que están acabando con todas las relaciones internacionales, con todas las ayudas a los más empobrecidos, con todos los acuerdos para combatir el cambio climático por calentamiento global, con quienes quieren acabar con el estado del bienestar. Y lo más grave la violación de los derechos humanos en tantos países, con el genocidio que está cometiendo el gobierno de Israel a la cabeza.
De todo se hace burla, de todo se hace crítica, de todo nos reímos para intentar no acabar llorando, como ocurre con esta interpretación en Cádiz sobre Palestina de la chirigota «Los poderosos»



