La antártica

En este mundo lleno de conflictos atizados por locos criminales como Trump y Netanyahu, la Antártica es un continente de cooperación científica y ejemplo de paz.

antártida-pingüinos-©-pnuma-900x554 La antártica
Un hombre se prepara para nadar mientras los pingüinos juguetean a su alrededor en una orilla de la Antártida. © Pnuma

Y en un artículo de Soledad Domínguez para El País del pasado 3 de abril, Horacio Werner, director de Agenda Antártica y autor de La Antártida como modelo de paz global, analizó su funcionamiento.

Con unos catorce millones de kilómetros cuadrados el llamado continente blanco, el quinto más grande del planeta, está rodeado por el Océano Austral, que cubre cerca de veinte millones de kilómetros cuadrados y es central para el equilibrio térmico del sistema climático.

Sobre su manto de hielo, treinta países han instalado setenta bases científicas que investigan clima, océanos, atmósfera, glaciares y sus ecosistemas.

Es un laboratorio natural regido desde 1961, por el Sistema del Tratado Antártico; que establece «deberá utilizarse exclusivamente con fines pacíficos» y de cooperación científica.

Y así, se ha sostenido durante más de seis décadas.

Para que esa rareza histórica libre de pleitos perdure, se está generando un movimiento de difusión y debate; porque finalmente, todos queremos un mundo sano, estable y seguro.

Por lo pronto, no se teme que la tensión global se contagie a la «comunidad antártica», porque hay consenso claro sobre la necesidad de sostener el Tratado que los rige.

Pero no deja de haber preocupación, porque el gobierno chileno ha advertido aumento de flotas extranjeras en sus mares, por la guerra del krill y alertado que el país se encuentra en el centro de una pugna por el control y explotación de sus territorios marítimos.

Estados Unidos ha recortado financiamiento en investigación polar y programas científicos.

Y por las campañas geológicas de Rusia, que pueden ser indicios de interés en explotar sus hidrocarburos; lo que está explícitamente prohibido.

Werner dice que se ha hecho circular la idea de que en 2048 se termina el Tratado Antártico, «lo que es falso; porque no tiene fin estipulado».

Y aclara que lo que podría haber ese año, es la revisión del Protocolo de Protección Ambiental de Madrid, que prohíbe la minería; «pero eso sería solo en caso de que un país lo solicitara y una mayoría calificada lo aprobara; posibilidad muy baja».

El Atlántico Sur sigue siendo una de las rutas marítimas más seguras, menos militarizadas y más estables del planeta.

Y como del 80 al 90 por ciento del comercio mundial se mueve por barco y los canales de Suez y Panamá y el Mar de China están bajo tensión, adquiere especialmente para EEUU un valor estratégico.

Advierte Weiner que para América Latina mantener la paz antártica es tan importante que países como Argentina y Chile, han congelado sus reclamaciones territoriales.

Y los países miembros priorizan ese equilibrio de paz, que se basa en cinco principios:

  • Desmilitarización total, con prohibición absoluta de todo tipo de armas y pruebas nucleares.
  • Transparencia, toda actividad científica debe comunicarse y puede ser inspeccionada por otros países.
  • Ambigüedad constructiva, congelación de todo reclamo territorial.
  • Diálogo y consenso, en todas las decisiones.
  • Y flexibilidad, pues el sistema ha ido incorporando acuerdos complementarios que le permiten adaptarse.

La Antártica concentra cerca del 70 por ciento del agua dulce del planeta y podría tener combustibles fósiles y minerales raros, pero su extracción además de prohibida, sería compleja por los costos.

Pero lo más importante es que tiene un rol central en el equilibrio térmico de la Tierra, a través de las corrientes oceánicas redistribuye el calor y regula la desertificación o el exceso de lluvias.

Y como todos los sistemas climáticos están interconectados, podemos decir que sin Antártica no hay Amazonia y que lo que ocurre en el extremo sur, influye en todo el planeta.

A esto se suma, que el océano Austral captura carbono, que la superficie helada refleja radiación solar que regula el nivel del mar, que hacia fines de siglo podría subir entre cincuenta centímetros y algo más de metro y metro con impactos sobre zonas costeras, acuíferos y áreas agrícolas.

La Antártica no genera plástico, lo recibe de las aguas grises de barcos y estaciones científicas y sus micro plásticos provienen del lavado de ropa.

Y como su contaminación funciona como una señal de alerta que muestra hasta qué punto nuestras actividades llegan a todos los rincones del planeta, se habla de nuevas regulaciones.

Actualmente, el principal desafío que enfrenta la Antártida y con ella toda la humanidad, es el calentamiento global; porque el aumento de la temperatura acelera el derretimiento del hielo.

El proceso ya comenzó y es difícil que se detenga, lo que no sabemos es a qué velocidad ocurrirá ni cuál será su impacto exacto.

El trato que le demos, es de suma importancia porque el planeta va a seguir existiendo y la pregunta es, ¿cómo vamos a vivir en él?

Teresa Gurza
Periodista. Soy mexicana, estudié la carrera de Historia y soy Locutora, Cronista y Comentarista y Licenciada en Periodismo, pero ante todo reportera. Me inicié en televisión en 1970 y fui reportera, conductora y productora de programas noticiosos; reportera de asuntos especiales de los diarios El Día, UnomásUno y La Jornada, y corresponsal en la Unión Soviética, Checoslovaquia y Michoacán. Por razones familiares, mi marido era chileno, viví en Chile más una década. He recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Nacional de Periodismo en Reportaje y ahora radico en México y escribo artículos para Periodistas en Español y otros medios.

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