La impertinencia de la a y los monosílabos

En los más de veinte años en los que me he dedicado a publicar artículos sobre casos de impropiedades en el lenguaje oral y escrito, muchas han sido las ocasiones en las que un tema ha sido abordado varias veces, en función de contribuir con erradicar las dudas.

El profesor (+) Alexis Márquez Rodríguez dijo en una oportunidad que, por «muy dados al progreso y al cambio que seamos, siempre tendemos a decir las cosas del mismo modo, con las mismas o parecidas palabras, usando frases de estructura siempre igual. Tendencia que, paradójicamente, no se opone, o en todo caso no aniquila el sentido creador que al mismo tiempo se manifiesta en el uso del lenguaje. Es decir, procuramos mantenernos siempre dentro del mismo universo lingüístico, pero al mismo tiempo tratamos de utilizar de una manera renovadora, creativa y novedosa el idioma que heredamos».

Eso último hace posible que, paralelo a casos de persistencia en errores, surjan inquietudes que demuestran interés por mejorar la forma de escribir y de hablar. Quienes manifiestan esa preocupación, son personas que utilizan la escritura como herramienta básica de trabajo, que han entendido la importancia de hacerlo de la mejor manera, en aras de lograr el objetivo que persiguen al escribir o al hablar.

Por eso es necesario volver sobre temas ya tratados, con la finalidad de repasar lo anterior con un nuevo enfoque, en virtud de responder nuevas inquietudes que se manifiestan por diversas vías, como el tema hoy, del que he perdido la cuenta de las veces que lo he expuesto. Recientemente sostuve un encuentro con dos amigos con quienes suelo hablar de asuntos relacionados con los medios de comunicación, y al calor de la tertulia surgió el tema del uso adecuado de «ha», «a» y «ah».

Por otro lado, un consecuente seguidor de este trabajo de divulgación periodística me sugirió que volviera a hablar de los monosílabos. A ellos y a los que aún tienen dudas, va dedicado este artículo.

Es asombroso notar que aun cuando el asunto es sencillo, muchas personas no sepan distinguir entre «ha», «a» y «ah», y por eso de manera muy frecuente incurren en mal uso. Lo lamentable es que los autores de estos despropósitos son usuarios habituales de lengua, en muchos casos docentes y comunicadores sociales, lo cual hace más punible el error, no porque no puedan equivocarse, sino porque su rol ante la sociedad les impone que deben ser ejemplos del buen decir y mejor escribir. Hay errores en los que se incurre por descuido; pero hay otros en los que la causa es el desconocimiento.

Sin entrar en honduras gramaticales, es menester advertir que «ha» es una forma del verbo haber, seguida de un participio: «El juez no ha dictado sentencia». En cuanto a «a», debe saberse que es una preposición que entre otras cosas indica tiempo o lugar: «El autobús rojo se fue a las doce»; «Llegó a Caracas como a las ocho». Y «ah» es una interjección que se utiliza para expresar pena, sorpresa o admiración: «¡Ah!, qué bueno».

Una forma práctica de saber cuándo deberá usarse «ha» y cuando «a», consiste en saber que se escribe «ha» si esa partícula está seguida por una palabra terminada en ado o en ido: «El director general ha estado toda la tarde reunido con el cuerpo de vigilantes»; «Hoy ha sido un día bastante ajetreado». Se escribe «a» cuando está seguida por un verbo en infinitivo: «Esta noche voy a visitar a unos amigos»; «Ayer me invitaron a participar en un programa de radio».

En cuanto a los monosílabos, otro asunto relativamente fácil, es fundamental saber que la regla general de acentuación los excluye; pero exceptúa a los que cumplen doble función dentro de la oración, como mi (pronombre posesivo adjetivo), tu (pronombre personal adjetivo), el (artículo definido), si (conjunción condicional, se (pronombre reflexivo), te (pronombre reflexivo), mas (cuando significa pero), aun (cuando significa hasta o incluso).

Mí lleva tilde cuando es pronombre personal: «A no me vengas con cuentos». Tú (pronombre personal): « eres la persona indicada». Él (pronombre personal): «Si él lo permite, mañana estaremos en casa». Sí (adverbio de afirmación o pronombre personal reflexivo): «Ahora se puso buena la cosa»; «Le costó mucho volver en ». Sé (del verbo saber, imperativo informal de ser): « que eso querías; así, bueno por hoy». Té (infusión): «Ha llegado la hora del ». Más (adverbio de cantidad o comparativo): «Quiero más dinero»; «Soy el más antiguo del curso». Aún (todavía): «Aún estás a tiempo de renunciar».

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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