¿Narradores, comentaristas o directores técnicos?

Es indudable que la atención del mundo deportivo está en Catar, lugar en el que se lleva a cabo el campeonato de fútbol, organizado por la FIFA. Los aficionados al balompié estaban acostumbrados a disfrutar de la máxima cita entre junio y julio, y es por eso que tiene características especiales, a las que se aúnan la majestuosidad de los estadios y otros detalles que lo hacen único y quizás irrepetible, desde el punto de vista organizativo.

De ese evento, que culminará el 18 de este mes (diciembre 2022), se han dicho muchas cosas, algunas positivas y otras muy lamentables; pero lo cierto del caso es que los amantes del fútbol han disfrutado y están disfrutando de un torneo en el que sobresalen la tecnología y otros aspectos que lo hacen inigualable, muy a pesar de las cosas negativas que algunos han comentado y que no voy a repetir.

En lo competitivo, lo han catalogado como «el mundial de las sorpresas», por la eliminación temprana de selecciones de gran tradición, como Alemania y España, por ejemplo, además de otros aspectos impensados. Lo cierto del caso es que Catar 2022, para bien o para mal, delimitó un antes y un ahora en la organización de un evento de esa naturaleza. Después de este tendrá lugar otro (en 2026), que también será de características especiales, y es que la sede será compartida entre tres naciones: México, Canadá y Estados Unidos.

El artículo de hoy quizás no tenga mucho que ver con lo gramatical y lingüístico, pero sí con unas facetas de la comunicación social, como la narración deportiva y el comentario. De este asunto he escrito muchas veces, y hasta he recibido fuertes cuestionamientos de parte de quienes aún no han entendido la intención de este trabajo de divulgación periodística. Sin embargo, mantengo mi posición.

He dicho que en el ámbito de la narración deportiva y el comentario, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente, hay muchos disparateros. En su afán de demostrar sus «grandes» conocimientos, incurren en situaciones que los dejan muy mal parados. Apelan a palabras y frases con significados diferentes de los que registran los diccionarios, y se atreven a «inventar» otras que denotan poco gusto y cero creatividad.

Hoy día, también con excepciones muy sobresalientes, ver u oír un partido de fútbol, de beisbol, de basquetbol u otra disciplina, es someterse a la tortura de una confrontación entre narradores y comentaristas, por demostrar quién es el que más conoce del asunto. Se ha dado el caso de agresiones verbales, pues cada quien se cree dueño de la verdad. Directv Sport es un botón para la muestra: argentinos, colombianos, chilenos, uruguayos, venezolanos y de otras nacionalidades, lejos de educar, entretener e informar, se esmeran por imponer su criterio, que por lo general responde a caprichos personales.

La «mínima diferencia», tema del que he hablado en reiteradas ocasiones, tanto en conversaciones informales, como en publicaciones en este y otros medios, es quizás la más común de un sinnúmero de situaciones viciadas que son utilizadas por quienes se dedican a narrar y comentar el deporte.

No han podido entender que dicha expresión es imprecisa, pues para señalar que el resultado de una competencia fue de un punto, un gol o una carrera, dependiendo de la disciplina, no es la mínima diferencia, sino la mínima anotación. Para entender eso, no hace ser gran conocedor de deporte, de gramática o de matemáticas, pues solo basta con saber que la mínima diferencia no existe nada más entre uno y cero, sino entre 2 y 3, 9 y 10, 18 y 19, etc.

Durante el Mundial Rusia 2018, el experimentado narrador y comentarista internacional Arley Londoño estuvo incurriendo en una impropiedad en la que se mantuvo hasta el final del torneo. Nadie se tomó la bondad de aclararle que el rectángulo de juego está delimitado por bandas y líneas de fondo. Por tanto, es incorrecto decir, por ejemplo: «La pelota salió por la banda lateral», pues es una redundancia, que afortunadamente no se ha arraigado en el vocabulario; pero es conveniente desecharla, en función de llamar las cosas por su nombre.

Por esa y por otras razones, no tengo ningún temor en reiterar que en el ámbito de la narración y el comentario, hay muchos espontáneos, cuyo desempeño (con un léxico muy limitado), lejos de narrar y comentar, crean dudas, confusiones y decepciones, máxime cuando se creen muy capacitados para dictar cátedra de reglamento o situaciones de juego. Es difícil saber si son narradores, comentaristas o directores técnicos.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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