¡Oh Capitán, mi capitán!

La belleza de los versos de Wordsworth se entristecen cuando vemos que dos grandes se han ido. En un lado del planeta, en el mundo pobre, una persona que dio la vida por los demás se ha ido con los que ya murieron por la misma causa. Un hombre humilde que solamente bendecía a aquellos que se mueren de hambre, enfermedad y dolor cada día. Personas invisibles que el primer mundo ignora porque entre sillones de piel, canapés y sueldazos no da lugar para hablar de miserias humanas. Este hombre se llamaba Miguel Pajares.

Un sacerdote más de esos que nadie conoce hasta que tienen un nombre y se les llama por alguna razón. Las otras razones no salen en los medios a diario y es a diario cuando nos enseñan qué es la generosidad humana. En la prensa hablamos de religiosos como si fueran entes que no conciben otra cosa que el bien. Ahora saldrá alguno diciendo que también hacen el mal, y es lógico, porque son personas, y todas las personas sean o no religiosos hacen el mal alguna vez, pero no estamos para hablar de eso ahora. En cualquier caso comenzaremos diciendo sus versos, «¡Oh Capitán, mi capitán!

miguel_pajaresMiguel Pajares se despidió del mundo de alguna forma en su país. Sabía hace una semana que se moría y al menos ha sido con cuidados y con todo el esfuerzo que médicos y enfermeras han podido hacer por él. Nada más, y nada menos. El ébola mata y la OMS ya lo advirtió. Miguel tenía nombre pero ya van miles los que han fallecido sin nombre. Los mismos que fallecen en Gaza sin nombre. Los mismos olvidados de Siria, los que tratan de cruzar el estrecho en patera y ya van 800 en dos días y quizá su esperanza sea la muerte. Los mismos que no vemos porque ya no leemos cifras, solamente leemos titulares acerca de la buena vida de los que viven un agosto de lujo, esos que también están en la ONU, en la Unesco, en Unicef, en lugares en donde se lee que personas se mueren pero siguen siendo invisibles a nuestro parecer.

En la otra cara del planeta, la del despiporre hollywoodiano, un hombre se encontraba solo. El hombre de la triste sonrisa. Un ser humano capaz de decir que Dios había enviado la cocaína al mundo para decirle que estaba ganando mucho dinero. Y quizá es así. Cuando una persona bebe o se droga no lo hace porque le falta dinero. Le falta algo tan inmenso como un abrazo, un sentimiento que nace y surge del amor entre personas. Ese que no le faltó al religioso pero del que adolecía Robin.

Robin-WilliamsSe llamaba Robin Williams. Un ser humano que tuvo todo y le faltó el algo; quizá lo único importante. Un equilibrio que nunca supo sostener porque no se sintió querido a pesar de su grandeza como ser humano y a pesar de tener lo que muchos jamás soñaríamos. No fue un Peter Pan, fue un niño solitario, hijo único, que inventaba voces para tener compañía y ahí empezó el problema. Cuando una persona se siente sola a pesar de tener y acumular riqueza, no importa qué viene detrás porque solamente hay soledad y miedo.

Robin ha muerto porque no esperaba nada de la vida y nos dio tanta vida. ¡Qué contradicción! Su imaginación, su sonrisa y sus proezas como actor hicieron de él un universo de personajes que jamás olvidaremos. No ha tenido ayuda o quizá la que tuvo no ha sido demasiado buena, porque ha pensado que allí en donde hay lluvia de estrellas, a lo mejor, está mejor. Miguel Pajares en cambio, se ha ido con el deber cumplido, con la aquiescencia que tienen las personas que saben cuál es su papel en el mundo. Los religiosos que dan su vida por los demás a cambio de nada. Ayudan por ayudar y están porque es su labor aquí en el planeta tierra.

Estamos en los días de las Perseidas. Las llamamos lágrimas de San Lorenzo porque coinciden con las fiestas de la localidad de El Escorial. Hoy, muchos, al mirar ahí arriba se preguntaran aquello de a dónde vamos, de dónde venimos o quién soy yo. Y mientras recordarán los versos de Wordsworth y la mirada triste de Robin y sonreirán cuando también vean que un hombre generoso, se fue hoy, por ayudar a los demás. Quedémosnos con lo que los demás nos enseñan de la vida, que ya de por sí es compleja y tratemos de pensar que a lo mejor, podría existir un mundo mejor. Robin nos hizo creer que había un mundo en el celuloide acaso distinto y Miguel, nos hizo ver que en el tercer mundo, no hay ni siquiera un mundo porque siguen muriendo aunque sea agosto, haya una inmensa luna y caigan perseidas del cielo. ¿A ninguno de los poderosos les conmueve esto?

Descansen en paz, Robin, Miguel y todas esas personas que mueren solas, por alcohol, por drogas, por la enfermedad incurable del Ébola, por la hambruna…y no tienen nombre, al parecer. Hoy es el día mundial de la juventud. Por la risa, la sonrisa, por la fuerza que aún tenéis vosotros para cambiar este mundo lleno de contradicción.

Va por vosotros, Miguel, Robin, el largo etcétera de los otros; todo mi respeto y admiración. A ver quién del gobierno va a tu funeral. Mariano se ha despedido de ti por las redes sociales. Manda huevos.

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español /Máster en Dirección Comercial y Marketing/ Exdirectora del diario Qué Dicen/ Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland), Miembro del Consejo Español de Discapacidad y Dependencia, Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro El Cerebro Religios junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Colección Neurociencia y Psicología https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.com Contacto Periodistas en Español: [email protected]

2 Comentarios

  1. Cierto, iba a citar a Wordsworth por el Club de los Poetas y se me fue la cabeza. Entono el mea culpa. ¡Gracias!

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