El olivo que no ardió en Salónica

Casa Sefarad (Madrid) ha acogido en Madrid la presentación de la novela «El olivo que no ardió en Salónica», editada por La esfera de los libros. Su autor, el periodista viajero y ensayista Manuel Mira, revela, a través de una peripecia argumental que es una auténtica odisea del siglo XX, los orígenes sefardíes del Imperio Danone.

MIra-olivo-salonica-portadaDesde Salónica hasta Barcelona, pasando por París y Berlín, la familia Carasso, a través de cuatro generaciones, consigue salir de Salónica y escapar a otros tantos holocaustos para acabar patentando un invento búlgaro (el yogurt o yaourt) que cambiaría la vida del hombre sobre la tierra alargándola al mejorar su proceso estomacal.

Cuando descubre la tumba del patriarca de los Carasso (Isaac Carasso) en el cementerio de Bayona, Manuel Mira queda tan perplejo e impresionado por el olvido y la soledad de la tumba de este gran hombre, que se ve impulsado a escribir esta novela. No es un ensayo, como es su especialidad, sino una novela histórica porque en ella, junto a los datos históricos comprobables documentalmente, hay muchos elementos fantásticos que cubren lagunas de la historia, bien porque los Carasso son muy remisos a hablar de sí mismos («los sefardíes tenemos siempre una maleta llena de miedo»), bien porque una historia tan grandiosa, casi epopéyica como la de esta familia, así lo requería, bien porque la propia minerva del autor así se lo demandaba.

Queda uno de los descendientes de los Carasso al frente de la marca Danone, un ejecutivo que vive en París y cuyo padre (Daniel, de quien toma su nombre la empresa Danone, aún vivo) coincidió en la novela de Manuel Mira con Hitler en uno de los salones del Hotel Ritz de Barcelona.

Un ejecutivo fuerte, sí, mundialmente respetado, pero que ni aún ahora con la salida de la novela, en estos momentos en que se ha reconocido ya por el estado español el derecho a la nacionalidad española de todos los sefardíes, se ha querido manifestar.

Según lo declarado en la rueda de prensa en Casa Sefarad, el empresariado español está trufado de descendientes de judíos salidos de España en 1492, pero ninguno de ellos quiere hablar. Y debe ser eso, que cuando se ha sufrido persecución, queda ésta por siempre registrada en los genes, e incorporada de tal modo al código genético, que la cautela es lo mejor.

No obstante, tanto en la novela de Manuel Mira como en todos los comentarios de los allí presentes, quedó clara una cosa que muchas veces se ha repetido: la absoluta falta de odio por parte de los sefardíes hacia quienes les expulsaron, y aun más, el amor insobornable por su tierra, la fidelidad absolutamente filial hacia la patria de la que guardan el idioma, las tradiciones y hasta las llaves de su casa.

Nadie, ningún sefardí que se sepa, ha maldecido nunca de España. Y curiosamente fue el maestro Azorín, de la Generación del 98, uno de los primeros impulsores y estudiosos de esta corriente que ya se llama «filosefardismo.»

  • Título: El olivo que no ardió en Salónica
    Autor: Manuel Mira
    Ed. La esfera de los libros 2015
    735 págs.
    23’90 euros

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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