Operación Palace: se esperaba algo de significativa relevancia

Los incuestionabales méritos profesionales que avalan la trayectoria de Jordi Évole como periodista crítico -el único posiblemente que podemos encontrar en los canales de televisión de cobertura nacional- y la expectación creada por él mismo al anunciar la emisión de Operación Palace, dieron lugar a una especial predisposición entre la audiencia a esperar algo de significativa relevancia noticiosa.

23F-operacion-palace Operación Palace: se esperaba algo de significativa relevanciaA quienes llevamos unos cuantos años en el oficio nos llamó la atención que teniendo Évole un programa semanal a la misma hora en La Sexta, Salvados, caracterizado por la búsqueda de la verdad informativa en temas generalmente poco tratados, no tratados o maltratados en otros medios, el periodista catalán aparcase esa cabecera y ofreciera una emisión independiente aprovechando el trigésimo tercero aniversario del intento de golpe de Estado. 

Los televidentes más avezados en la profesión empezaron a intuirlo o a saberlo directamente en cuanto se inició el falso reportaje, que siguiendo el modelo de Operación Luna (sobre la falsedad de la llegada del hombre a la luna en 1969) trató de hacer creer al respetable que el vergonzoso esperpento histórico del 23 de febrero de 1981 fue un montaje auspiciado por el Gobierno con la anuencia del rey.

Jordi ha tratado de justificar luego ese documental de ficción diciéndonos que «al menos nosotros hemos reconocido que era mentira lo que hemos contado y seguramente ha habido otras veces que era mentira lo que les han contado y nadie se lo ha dicho», pero la sensación -al menos entre una parte de quienes lo vimos con criterios profesionales- es que nuestro periodista favorito nos ha fallado y se ha dejado llevar por una promoción engañosa de «Operación Palace», con el marcado cuño de una comercialidad amarillenta o sensacionalista.

En mi opinión, no se puede servir un profesional de la talla de Jordi Évole, tan significado por dar a conocer con gran sentido crítico y documental aspectos o vertientes de la actualidad que no suelen exponerse en otros canales, de esa irrebatible cualificación para promocionar un reportaje falso, aunque con ello se pretendan criticar las versiones posiblemente falsas que circulan en torno al 23 F, entre las que la oficial puede ser la menos verosímil.

Que el propio Jordi saliera de inmediato a las redes sociales, una vez terminada la emisión, a dar explicaciones sobre la misma, denota una cierta inseguridad acerca de lo acertado o no de la idea. Personalmente creo que se equivocó, tanto en la promoción como en la realización del reportaje ficticio, porque se sirvió de su incuestionable aval como periodista sondeador de la verdad para contarnos una fabulación tan dilatada de emisión como difícilmente creíble.

2 COMENTARIOS

  1. Jordi Evole es mucho más que un gran periodista, es por sobre todo un ser evolutivo, una de estas persona que se atreven y se recuestionan cada vez que puede, no es sino mirar (y recordar) su trayectoria de «cómico-buffón» a «periodista». Estos términos los pongo entrecomillas intencionalmente porque Evole no es ni lo uno ni lo otro (aunque sea profesionalmente un periodista graduado) porque si lo fuera realmente no podría evolucionar, viviría en un cajón, como el resto de los mortales.
    El programa del 23F es un gran trabajo, apasionado, inteligente, osado y divertido que deja grandes cuestionamientos en la mente de muchísima gente que no suele hacerlo: nosotros, los devotos espectadores de Jordi.
    23F nos demuestra que debemos dudar siempre, cuestionar siempre y nunca creer a pies juntitas lo que nos dicen, aunque nos suene a sinfonía perfecta.
    Eso lo ha logrado, de sobra.

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