PPacta non sunt servanda 

Cumplir lo pactado es considerado uno de los principios elementales del derecho civil (artículos 1089 y 1091 de nuestro código civil) e, incluso, en derecho internacional se establece como “lo pactado es ley entre las partes”.

Xulio Formoso: Mariano Rajoy y Albert Rivera
Xulio Formoso: Mariano Rajoy y Albert Rivera
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Por si fuera poco, cumplir la palabra dada es una demostración de honorabilidad y de compromiso asumiendo las consecuencias de lo acordado en un tiempo anterior para conseguir algún beneficio de alguien a cambio de una concesión.

Es tan simple y tan evidente que resulta insultante que un gobierno considere que tal enunciado no rige para sus miembros y es que el tramposo siempre hace trampas.

Lo malo de la podredumbre es que una vez ataca un cuerpo si no se extirpa el miembro afectado todo el organismo acaba infectado. El PP, que nació como un conglomerado de partidos disfrazado de defensor de las esencias morales victorianas, no ha sido desde su fundación otra cosa que una cueva de ladrones y mentirosos: nunca cumplen su palabra -recordemos solo a Rajoy jurando y perjurando que ni tocaría las pensiones ni reduciría el presupuesto en sanidad ni recortaría en educación y fue exactamente lo primero que hizo nada más pisar moqueta, qué chachi-, hacen trampas en cuanta ocasión se presenta que les permita sacar rédito de sus mentiras -utilizaron el TC como tercera cámara para pervertir la voluntad de las urnas en tiempos de Zapatero; utilizan hoy el TS como látigo fustigante de cuanto quieren borrar de la realidad como la cuestión catalana o su propia podredumbre en Murcia, en Bankia, en Gürtel, en Púnica, en la Ciudad de la justicia, en las radiales, en el corredor mediterráneo…, son rastreros incluso en las pequeñas cosas: cuando Ana Botella fue alcaldesa de Madrid recibió advertencias serias desde Bruselas por los altos niveles de contaminación y lo que hizo la prenda fue trasladar los medidores de contaminación al Retiro y a la Casa de Campo para que dieran buenos resultados y los madrileños siguieran respirando porquería-; ahora lo más insultante es que salgan a la palestra de los medios, radio, prensa, televisión y la Hoja Parroquial de Marhuenda diciendo que a quien se le ocurre pensar que iban a cumplir ningún pacto; que ellos solamente querían pillar Moncloa y seguir “como hasta entonces”, es decir, robando, robando, robando; eso sí, por el bien de España que, pobre, andaba sin gobierno por aquellos días.

Que ningún espabilado con base en Génova 13 malinterprete mis palabras y se escandalice del dedo que señala y no de la luna señalada, pero a nadie debería extrañar que un día más cercano que lejano el aguante de la ciudadanía se agote y lleguen disturbios, bochinches, alborotos y quién sabe qué otras formas de autodefensa civil contra ellos, sus manilargos cargos sin palabra, sin honor, sin ley.

Ciudadanos por su parte está en la encrucijada de su vida: si se traga este “plato de lentejas” igual que se ha tragado los de Murcia o Madrid o Granada, todos con origen en la podredumbre del PP, se diluirá o acabará siendo una corriente adscrita al partido más corrupto de Occidente y su espacio lo retomará UPyD y alguien debería recordarles a los Rivera boys & girls la fábula del escorPPión y la rana: si siempre han sabido que regenerar al PP es imposible, a qué ayudarles a que crucen el estanque de cieno que les separa de la humanidad? El picotazo del escorpión sin honor es veneno letal para Ciudadanos.

En cuanto a los votantes del PP: ¿qué tenéis en el corazón y en la cabeza? Vuestro amor por España no puede demostrarse abandonándola en manos de hampones armados con lanza térmica para desvalijar el país y llegar incluso a mentir y firmar un pacto y rubricarlo con un apretón entre Alí Babá y Ciudadanos. ¿No tenéis palabra? ¿No tenéis vergüenza? ¿No tenéis honor? ¿Qué os pasa?

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Analista político y económico. Mis armas son las palabras y mi razón mis convicciones. Me gustan los números y la economía a la que, sorprendentemente, hasta entiendo. Sé que hay otros caminos para nadar las aguas negras de la vida y que el que nos imponen -comer basura, tragar inquina y vaciarnos los bolsillos- es el resultado de mezclar ineptos gobernantes con espabilados banqueros. Soy filólogo, soy letraherido y he vivido en Suiza, en Inglaterra y en Colombia. En España he vivido en Barcelona, en Madrid, en San Sebastián y en Cádiz y mi alma y mi carácter son castellanos: seco y claro, aunque con un sentido del humor ácido y las más de las veces corrosivo cuya primera víctima soy yo y la segunda la realidad estrambótica que me rodea. Mi ley es la opinión y prefiero construir a destruir, sumar a restar, el ruido al silencio, la furia a la calma del camarón dormido en la corriente. Amo nuestro siglo de Oro y no creo que otro mundo sea posible: estoy absoluta y completamente seguro de que es así.

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