Referéndum en Argelia: un abstencionismo masivo e inapelable

El domingo pasado, los argelinos tenían preocupaciones mayores que la de votar sobre su Constitución. En el referéndum de reforma constitucional del 1 de noviembre ni siquiera votó uno de cada cuatro inscritos. Según las cifras (oficiales) de la Autoridad Nacional Independiente para las Elecciones (ANIE) lo hizo únicamente un 23,7 por ciento. Esa indiferencia masiva ante un cambio que el presidente Abdelmadjid Tebboune (Abdelmayid Tebún) ha considerado vital es un fracaso político rotundo. La misma ANIE, de cuyas cifras dudan muchos observadores, señaló que sólo votaron 5.636.172 ciudadanos de un total de 24.475.310 inscritos. Las instancias oficiales no pudieron ni siquiera mostrar la habitual imagen del presidente ante la urna ejerciendo su derecho al voto. En su lugar, ofrecieron la estampa de su esposa votando en su lugar ‘por delegación’. Triste. Fue como un reconocimiento de impotencia propagandística.

Foto del 1 de noviembre de 2020: la esposa del presidente argelino vota en su lugar «por delegación» en el referéndum de reforma constitucional.

Diversos medios afirmaron pronto que Tebboune -quien sigue hospitalizado en Alemania- estaba muy enfermo. Pero hasta el martes 3 de noviembre por la tarde -es decir, dos días después del referéndum- las autoridades argelinas no confirmaron que el presidente era un afectado más del Covid-19. Por añadidura, los mismos críticos se preguntaron cómo pudo su esposa cumplir todos los trámites legales para votar por él si sigue hospitalizado en estado (probablemente) grave y voló hacia Alemania tres días antes de la apertura de los colegios electorales.

Pero en Argelia todo es posible. La cifra mágica es que un 66,80 por ciento de los electores lo hizo (oficialmente) a favor de enmendar la constitución diseñada por la cúpula del poder. El problema es que si sumamos los abstencionistas reconocidos a quienes votaron no resulta que menos del 14% del censo electoral votó a favor del nuevo proyecto constitucional. Eso incluso si aceptamos que las cifras de la ANIE son las de verdad. Porque diversos dirigentes opositores estiman que las cifras de participación son bastante menores. Ali Akri, miembro de la dirección del Frente de Fuerzas Socialistas (FFS), partido mayoritariamente bereber, ha declarado a la publicación digital Tout sur l’Algérie: «¿Por qué anuncian una participación del 23,7% [tan baja]? Por la sencilla razón de que esta vez el régimen no puede esconder el sol bajo la alfombra. La participación es aún menor de lo anunciado».

En Argelia, hasta los datos oficiales reconocen que votó menos de un elector de cada cuatro inscritos.

Según varios medios digitales, el rechazo ante lo que otros califican de «farsa constitucional» ha sido especialmente duro entre la población bereber de Cabilia. Según el diario Liberté, «únicamente cuatro colegios electorales abrieron sus puertas en los 67 municipios de la wilaya (provincia) de Tizi Ouzou», que es la capital del territorio. Ese diario de Argel da algunos detalles como éste: «A las 14 horas, la participación en esa wilaya era del 0,06 por ciento». Hay información de protestas e incidentes entre manifestantes y fuerzas del orden en algunos lugares. En Béjaïa (Bugía), una ciudad del tamaño de Santander, la mayoría de los colegios electorales no pudo abrir, según el propio representante local de la ANIE.

En resumen, la precipitación oficial por concluir este proceso en plena pandemia ha arruinado un poco más las posibilidades de verdadera reforma democrática consensuada con el hirak y el resto de la oposición. La realidad general y el coronavirus impiden -tanto al régimen como a los opositores del hirak– utilizar como palanca los resultados del referéndum. Ninguno de los dos resurge hoy de su quiebra particular. Y como en la guerra fría, cuando se hablaba de la posibilidad de destrucción nuclear mutua asegurada de dos bloques antagónicos (el occidental y el soviético), en Argelia parece haberse alcanzado políticamente ese estadio entre el régimen y su confinada oposición. Llamémoslo agotamiento muto asegurado.

 

 

 

 

 

 

 

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Periodista. 1976, colaborador del diario "Hoy" (Extremadura, España). Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal de TVE en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como de varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y consejero del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Es corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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