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Rithy Panh: cosas imposibles de olvidar

El cineasta Rithy Panh rememora en La eliminación el régimen de los Jmers Rojos camboyanos con el verdugo que aniquiló a su familia.

Rithy Panh. Foto: Richard Dumas
Rithy Panh. Foto: Richard Dumas

En 1975 tenía trece años y era feliz. Mi padre había sido jefe de gabinete de varios ministros de Educación sucesivos. Se había jubilado y era senador. Mi madre cuidaba de sus nueve hijos. Mis padres, ambos nacidos en el seno de familias campesinas creían en el saber (…) A los trece años perdí a toda mi familia en pocas semanas. Mi hermano mayor que se marchó solo a pie hacia nuestra casa de Phnom P. Mi cuñado, médico, ejecutado en una cuneta. Mi padre, que decidió no seguir alimentándose. Mi madre, que en el hospital de Mong se echó en la cama donde acababa de morir una de sus hijas. Mis sobrinas y sobrinos. Todos ellos barridos por la crueldad y la locura de los jmres rojos…. me quedé sin familia. Me quedé sin nombre. Me quedé sin rostro. Y fue así como seguí con vida, porque me había quedado sin nada.

La eliminaciónEn La eliminación, escrito en primera persona en colaboración con el novelista Christophe Bataille, el realizador franco-camboyano Rithy Panh denuncia el genocidio cometido por el régimen Jmer Rojo de Pol Pot, a mediados de los años 1970, que dejó tras de sí una estela de casi dos millones de muertos.

El origen de este libro se puede situar en 2003 cuando Rithy Panh se dio a conocer como cineasta presentado en distintos festivales –donde recibió aplausos y galardones- el documental S21, La maquina de muerte jmer roja, sobre la prisión central de Phnom Penh donde, entre 1975 y 1979, fueron torturadas y ejecutadas más de 12.000 personas.

Treinta años después de haber sufrido en carne propia la barbarie, el niño de trece años se había convertido en un reputado documentalista que en su primera obra, y tras escuchar a los escasos supervivientes, víctimas y torturadores, de S21, efectuaba un retrato del director de aquella cárcel, Duch, detenido veinte años más tarde (tras ser identificado por un fotógrafo irlandés mientras trabajaba en una asociación caritativa de un pueblo perdido del mapa camboyano), en 1999: había cambiado de identidad y se había convertido al cristianismo. Juzgado en 2010, el Tribunal Penal Internacional le condenó en principio a 35 años de cárcel; tras la apelación, el 3 de febrero de 2012 fue finalmente condenado a cadena perpetua.

Mientras esperaba el último juicio, Duch concedió una serie de entrevistas a Rithy Panh, quien tenía muchas preguntas que hacerle y en La eliminación cuenta como vivió aquellos encuentros, que duraron tres años y constituyen el material de su segunda película sobre el genocidio camboyano: Duch, el amo de las forjas del infierno, “emocionante hasta lo inaguantable” exposición de escenas de tortura llevadas a cabo por orden del verdugo mayor del régimen: electrocuciones, violaciones, asesinato de niños, vivisecciones, ejecuciones nocturnas efectuadas al borde de las fosas comunes… “Duch no es ni un hombre banal ni un demonio, sino un organizador educado, un verdugo que habla, olvida, miente, explica y cultiva su leyenda”.

Sin ninguna pretensión de hacer historia con mayúscula, sino solo de contar lo que vivió y presenció, Rithy Panh ha incluido en su libro todos los males de aquella dictadura macabra: el hambre, la pérdida de referencias, el desprecio por la cultura y los intelectuales (obligados a trabajar en los campos), la deshumanización, las sucesivas desapariciones, la omnipresencia de la muerte… en solo cuatro años, los Jmers Rojos convirtieron un país en un gigantesco cementerio, sembraron las carreteras y cunetas de cadáveres y los jardines de calaveras. En solo cuatro años causaron heridas tan grandes que siguen doliendo cuarenta años después. En tan corto espacio de tiempo fueron capaces de llevar el absurdo hasta sus últimas consecuencias, las que limitan con la desaparición, con la nada, las que hacen del hombre una cosa prescindible.

Historia de esos encuentros fuera de lo común, ni entrevistas ni interrogatorio “sino la confrontación de una víctima con su verdugo”, también historia personal, la del autor y su familia diezmada en cuatro años, La eliminación es un libro-confesión y una obra sobre el mal “en la línea de Si esto es un hombre de Primo Levi o La noche de Elie Wiesel”, que ha recibido los premios Joseph Kessel, France Télévisions y Aujourd’hui, y el Gran Premio de Ensayo SGDL. Con la ayuda de Christophe Bataille, Rithy Panh ha encontrado palabras para expresar lo indecible, “un formidable acto de revuelta contra un régimen que asesinó el lenguaje, manipulándolo en forma de slogans”.

Expulsado de Phnom Penh en 1979, Rithy Panh se refugió en Tailandia y llegó a Francia al año siguiente. El 1985 se diplomó en el Instituto de Altos Estudio Cinematográficos, especializándose en el género documental, y siempre centrado en un trabajo de memoria de la tragedia vivida por su pueblo: antes de hacer S21 (premiado en Cannes 2003) rodó Las gentes del arrozal (1994, presentado en Cannes en competición oficial), Bophana, una tragedia camboyana (1996) y Una noche después de la guerra (1998, Cannes, sección Un certain regard). En 2005 presentó fuera de competición Los artistas del teatro quemado  y en 2011 El amo de las forjas del infierno. Rithy Panh también ha contado la vida de las prostitutas de Camboya en El papel no puede envolver las brasas, y ha dado el salto al largometraje de ficción adaptando la novela de Marguerite Duras, Un barrage contre le Pacifique.

Al mismo tiempo, Rithy Panh ha tomado parte en la creación de un Centro de Recursos Audiovisuales en Camboya, inaugurado en diciembre de 2006 y llamado Bophana en homenaje a la heroína de una película de Panh, y del que ha dicho que debe servir para que “el pueblo camboyano se reapropie de su identidad y sus raíces”.

  • Anagrama, Crónicas
  • ISBN 978-84-339-2599-2
  • Traducción Joan Riambau
  • 224 páginas, 18,90€

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Sobre Mercedes Arancibia

Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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