Siria: Donald Trump tira la toalla

Hemos derrotado al Estado Islámico en Siria; la única razón para estar allí bajo mi mandato presidencial. El anuncio-tuit de Donald Trump recordaba extrañamente un famoso parte de guerra emitido en Burgos el 1 de abril de 1939 por el bando nacional: …cautivo y desarmado en ejército rojo, la guerra ha terminado.  

Las mujeres también están presentes en la línea de combate frente al Estado Islámico, en Kirkuk, en la región autónoma kurda de Iraq, en el norte del país. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS
Las mujeres también están presentes en la línea de combate frente al Estado Islámico, en Kirkuk, en la región autónoma kurda de Iraq, en el norte del país. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

Dirán que todos los partes de guerra se parecen y que, en este caso concreto, las comparaciones son odiosas.  Es posible, aunque al autor de estas líneas le resulta difícil comparar la paz de Burgos con el anuncio de la retirada de los efectivos estadounidenses destacados a Siria.

Para los vencedores de 1939, se trataba de poner punto final a un sangriento conflicto interno; en el caso de la tan cacareada guerra global contra el terror, el inquilino de la Casa Blanca se retira antes de la ofensiva final, afirmando lacónicamente: Ya es hora de que otros luchen…

Trump sabe positivamente que la guerra no ha terminado; aún quedan en Siria y en la vecina Irak alrededor de 30 000 yihadistas dispuestos a defender los últimos reductos del califato proclamado por el Estado Islámico. Su aniquilamiento presupone un auténtico quebradero de cabeza para los aliados de Washington.

En efecto, tanto los combatientes sirios de las Unidades para la Defensa del Pueblo (YPG), integradas por miembros de la minoría kurda, como los estrategas del Tel Aviv, manifestaron su preocupación ante el precipitado anuncio del presidente de los Estados Unidos, quien no se molestó en consultar con la plana mayor del Pentágono ni informar a la OTAN sobre las consecuencias de su política tuitera.

La Alianza Atlántica  se limitó a tomar nota de la decisión de Trump, destacando – en un breve comunicado – el continuo compromiso de los Estados Unidos con la coalición internacional que lucha contra el islamismo. Conviene señalar que la OTAN no está directamente involucrada en los combates llevados a cabo en Siria; su papel se limita a la capacitación del nuevo ejército iraquí y la supervisión de los vuelos de vigilancia en la zona.

Por su parte, Turquía ha acogido con satisfacción la retirada de los efectivos estadounidenses, que entrenaban y… protegían a los kurdos. En efecto, la presencia norteamericana había obstaculizado un operativo militar turco en la región del Éufrates,  deseado por el Presidente Erdogan. Para las autoridades de Ankara, los miembros de las YPG son una simple extensión del PPK – Partido de los Trabajadores de Kurdistán – prohibido en Turquía.

Ante el peligro de una ofensiva turca, las Unidades para la Defensa del Pueblo han edificado fortificaciones en Manbij, la región fronteriza con Turquía. Pueden cavar túneles o trincheras; pueden esconderse bajo tierra si lo desean. Cuando llegue el momento, serán enterrados en las trincheras/cunetas  que cavan, manifestó el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, durante una visita relámpago a la base militar turco-qatarí de Doha.

El propio presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, advirtió recientemente que su país podría lanzar una operación militar en Siria en cualquier momento. La respuesta de Washington fue contundente: cualquier acción militar unilateral en el noreste de Siria sería inaceptable.

El establishment militar israelí trata de minimizar el impacto de la retirada estadounidense sobre la ya de por sí compleja relación con el enemigo Bashar el Assad, pero ante todo con Irán y Rusia, elementos clave en la crisis. Si bien el primer ministro Netanyahu logró establecer últimamente puentes con Moscú, la presencia iraní alimenta el contagio islamista tanto en la vecina Líbano como en la Franja de Gaza, donde la influencia de Teherán está en pleno auge.

Curiosamente, nadie aludió a los yacimientos de petróleo y de gas natural situados en la zona controlada por las milicias kurdas bajo la discreta vigilancia de consejeros militares estadounidenses. Sabido es que durante la ocupación del Estado Islámico, el crudo extraído en la región solía comercializarse en el mercado negro controlado por hombres de negocios saudíes, libaneses y… turcos. Sin embargo, las concesiones pertenecían a compañías occidentales, acusadas – tal vez injustamente – de percibir royalties de esas ventas ilegales.

Ya es hora de que otros luchen, decía Donald Trump en su tuit, aludiendo tanto a Rusia, cuyos dirigentes aplauden la retirada estadounidense, como a los… ¿europeos? poco propensos a tomar cartas en los combates fratricidios. ¿Cobardía? ¿Debilidad? ¿Error de cálculo?

¿Y si la derrota del Estado Islámico en Siria conlleva el posible traslado del campo de batalla al… Viejo Continente?

El porvenir nos lo dirá.

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Fue el primer corresponsal de "El País" en los Estados Unidos (1976). Trabajó en varios medios de comunicación internacionales "ANSA" (Italia), "AMEX" (México), "Gráfica" (EE.UU.). Colaborador habitual del vespertino madrileño "Informaciones" (1970 – 1975) y de la revista "Cambio 16"(1972 – 1975), fue corresponsal de guerra en Chipre (1974), testigo de la caída del Sha de Irán (1978) y enviado especial del diario "La Vanguardia" durante la invasión del Líbano por las tropas israelíes (1982). Entre 1987 y 1989, residió en Jerusalén como corresponsal del semanario "El Independiente". Comentarista de política internacional del rotativo Diario 16 (1999 2001) y del diario La Razón (2001 – 2004). Intervino en calidad de analista, en los programas del Canal 24 Horas (TVE). Autor de varios libros sobre Oriente Medio y el Islam radical.

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