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Toda la muerte para dormir, la novela sobre la revolución saharaui de Jorge Molinero

El libro Toda la muerte para dormir de Jorge Molinero Huguet lleva como frase añadida ‘la novela sobre la revolución saharaui’, lo que, efectivamente, se descubre en su lectura.

El Uali Mustafa Sayed
El Uali Mustafa Sayed

El título hace referencia según se cita en un discurso pronunciado por El Uali Mustafa Sayed (1948-1976), el primer líder saharaui tras la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y a quien el autor da voz para que nos cuente su trayectoria vital.

El largo conflicto del Sahara, aparece muy escasamente en la literatura, en este sentido discrepo del prologuista de la obra. Si bien abundan estudios históricos y referencias periodísticas hay pocos ejemplos de la aparición de lo que fue la provincia española en nuestras letras. Tal vez citar ‘El médico de Ifni’ de Javier Reverte.

En periodismo, citar las documentadas obras de Tomás Bárbulo y Yolanda Sobero, en relatos para niños y adolescentes, Gonzalo Moure, y en poesía el volumen colectivo de poetas solidarios titulado ‘Os doy esto que es mi mano’, editado hace más de tres décadas, hoy inencontrable. Entonces, entre otros, colaboraron José Agustín Goytisolo, Mario Benedetti o Julio Llamazares. Ojalá se pudiera repetir el gesto de la dedicatoria poética al Sahara y a la RASD por parte de las nuevas generaciones de poetas españoles.

Sólo por sacudir este olvido es de destacar la que supone la primera obra de Jorge Molinero, editada por Carena, que escribe la novela autobiográfica de un personaje real pero de leyenda, El Uali Mustafa Sayed, el Ché Guevara saharaui, con el que compartió final y además escarnio con el cadáver, maltratado y enterrado clandestinamente. Como dice el texto, todavía hay “héroes reales que permanecen en el anonimato” y bien merece por este amplio esfuerzo de documentación y relato, leer la novela.

El autor nació en las islas Canarias y reside en Barcelona. Está muy vinculado desde su infancia al Sahara donde además ha colaborado en mejorar las condiciones de los refugiados de Tinduf buscando abastecer de agua potable los campamentos.

Toda-la-muerte-para-dormir portadaEl prólogo titulado acertadamente ‘Los héroes también necesitan quien les escriba’, es toda una garantía para adentrarse en sus páginas. Fue escrito por el periodista y profesor Pablo Ignacio de Dalmases. Se trata del director de Radio Sahara y, sobre todo, de La Realidad de El Aaiún, diario que apenas duró cinco meses y fue cerrado por escribir lo que no convenía en la España de Franco poco antes de la vergonzosa entrega del territorio a Marruecos. Además ha escrito sobre el Sáhara, Ifni y antiguo Protectorado español en el norte marroquí.

La obra no tiene capítulos, es un solo texto dividido en digamos apartados, un total de 34, en los que el autor ofrece su voz a El Uali –cuyo nombre no aparece en todas las páginas- que va contando su trayectoria. Hay muchas frases religiosas, tan habituales en los árabes y existe sin duda una conexión con el pensamiento hasaní, algo que conoce bien el autor sin duda. Hay que indicar que el líder saharaui apenas vivió en el Sahara español y que aunque se menciona a los saharauis españoles y los marroquíes hay que advertir que también existen los mauritanos –incrementados durante la guerra para no luchar contra sus hermanos del desierto- y argelinos.

Aunque la obra es de recomendable lectura y ciertamente redactada de forma ágil y amena sí tiene unos cuantos peros que mencionar, hay detalles que me desconciertan y otros en que, claramente, está mal documentado. No se puede hacer ficción novelada con muchos datos ciertos y correctos y otros en los que falla la documentación manejada por el autor.

En lo formal, ignoro si es fallo del autor o de quién le ha corregido su texto. Páginas 55, 82 y 98, no es Dakhla, sino Dajla, -antigua Villa Cisneros- increíble que se incluya en el pensamiento de Uali y utilice el nombre en francés que nunca tuvo esa ciudad hasta que llegaron los marroquíes. Detalle curioso, página 197 sí escribe correctamente Dajla o ad-Dajla, ‘la península’ o ‘la interior’ por lo que desconcierta más el fallo al escribir la ciudad.

Recordemos, todas las ciudades saharauis, salvo Esmara o Smara –ambas válidas- fueron fundadas por España. Por cierto, Dajla, fue la última ciudad en el Sahara donde se arrió la bandera española en febrero de 1976.

Tengo que señalar que, desgraciadamente, no es la primera vez que escribo y denuncio que defensores de la causa saharaui hacen seguidismo de los términos marroquíes al citar ciudades saharauis. También medios españoles siguen escribiendo sin pudor Dakhla –con motivo del reciente Foro Crans Montana-, algo que ya cité en la crítica del libro ‘Sahara Occidental, 40 años después’.

Sin duda en el campo terminológico e idiomático, Marruecos está arrinconando no solo a los saharauis de origen, es decir los idiomas hasaní y español que se hablaban en el territorio hasta 1975 por el francés y dariya. Por desgracia, todavía hay españoles que ignoran su propia herencia en el territorio de lo que fue un día una provincia como Cuenca como decían los jerarcas del régimen franquista.

Tampoco entiendo que justifique mantener el nombre de los malos y aunque lo retrata muy bien no cite por su nombre al general Ahmed Dlimi (1931-1983), ese esbirro del rey Hassan II (1929-1999), que prometió conquistar el Sáhara y eliminar al Polisario en prácticamente dos días. Dlimi murió ‘accidentado’, en 1983 tras despachar con el monarca en un misterioso accidente de tráfico. Por cierto, los años del plomo en Marruecos –denominación que se dio cuando ya acabó el reinado de Hassan II- no terminaron –como se menciona en la página 163- a finales de los años 60, para muchos marroquíes, por desgracia, se prolongaron dos décadas más.

También me chirría la visión que supuestamente tiene Uali al llegar a la ciudad mauritana de Zouerat, -páginas 103 y 104- la cita como “recóndita y que no tiene huella de colonización”. Algo llamativo, porque forma parte de la única vía férrea mauritana existente construida por los colonizadores franceses desde 1963 que la une con Nuadibú llamada ‘línea de los trenes del desierto’, hasta hoy y, qué curioso, esa línea entraba cinco kilómetros en el territorio del Sahara por lo que fue atacada por el Polisario durante la guerra. Además es muy conocida por sus minas de hierro, detalle ya existente cuando llegó Uali y que se obvia.

Esos fallos de documentación vuelven más tarde en la página 196 cuando se cita los reconocimientos de la RASD con errores. En vida de Uali tan solo vio de los tres países citados específicamente en el libro, el de la RD de Corea, Cuba lo hizo en 1980, -hay que recordar que el primer país americano en reconocer a la RASD fue Panamá en 1978- y desde luego citar a Guatemala -entonces una dictadura- es adelantarse nada menos que diez años.

También en la página 205 cuando cita que a Uali supuestamente le hace una entrevista el diario español Diario16. Lo malo es que Uali murió en junio y el diario lo fundaron en octubre de 1976. Con lo fácil que hubiera sido en vez de usar la palabra diario cambiarla por revista, publicación del grupo nacida años atrás y que entonces era muy leída, Cambio16.

Por otra parte, echo de menos alguna mención al Consejo de Ait Arbiin (Consejo de los Cuarenta), el órgano tribal que existía en el Sahara español y donde figuraban las tribus. El Frente Polisario transformó el consejo en una nación. Por cierto la tribu de Uali era la Erguibart, facción Tahalat, para aclarar lo que aparece al principio del libro.

El libro, en suma, merece la pena ser leído por todo aquel que se quiera asomar o ahondar en la historia de la causa saharaui. De momento, ya se ha presentado en Barcelona, Madrid, Tenerife y A Coruña.

  • Toda la muerte para dormir. Jorge Molinero Huguet
    Editorial Carena, 17 euros
    218 páginas.
    Prólogo, texto con 34 apartados, Epílogo y Justificaciones y Agradecimientos.

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Sobre Jesús Cabaleiro Larrán

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, rama Periodismo con estudios de doctorado, sobre Marruecos contemporáneo y árabe dariya. Más de 30 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital, por lo que se considera un periodista del Estrecho. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta 2016. Ha impartido cursos de periodismo en la Universidad Abdelmalek Essadi de Tetuán y talleres de periodismo en Tánger. Autor del guión del video 'Cervantes cruzó el Estrecho' sobre el teatro Cervantes de Tánger. Gran aficionado al ajedrez y todo lo que le rodea. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.

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