Todo el santo día: cada día trae su afán

Todo el santo día, película de la que es director Paolo Virzi, es una comedia italiana bellísima, llena de emoción, ternura y diversión que nos lleva de lo más bajo a lo más alto en la persecución de un fin lleno de dramatismo.

cartel-todo-el-santo-diaEl título, que traduce al italiano Tutti i sancti giorni, mucho más ajustado a la realidad de la cinta, se debe a que el protagonista (Luca Marinelli), un experto en lenguas clásicas que abandonó su cátedra para dedicarse a la lectura y el sosiego amoroso, se sabe el santoral de cada día con la vida y milagros de cada santo desde la época paleocristiana, algo que le encanta recitar al dar los buenos días.

Por suerte, esto sucede sólo una vez al día y siempre con su pareja, que es la misma cada mañana y todos los santos días, de ahí el título. También hará otras cosas cada mañana, cosas que vendrán a completar el título que así se llena de matices y promesas.

Esta manía de dar los buenos días recitando el santoral, y el estar siempre embebido en sus ensoñaciones lectoras, hace de él un estrambótico y pintoresco personaje, sobre todo si tenemos en cuenta que es el recepcionista nocturno de un gran hotel. Nada que ver, por tanto, con los guardianes nocturnos que ha consagrado el cine.

Cada huésped que se marcha de madrugada es para él una aparición, generalmente bella, que lo saca del libro; no hay quejas contra él en su trabajo, ningún fallo se le achaca y la gente está encantada con este ejemplar lleno de despiste lector y ojos cándidos.

Luego, cuando llega a casa, ya es otra cosa, allí le espera la cruda realidad de lo cotidiano, el amor y sus cargas, lo que ama y lo que le atormenta hasta obsesionarlo, de la vida en común y la familia, que la suya es de triunfadores, nunca nadie ha fracasado en nada.

Guido y Antonia -tal es el argumento- son una pareja con caracteres y horarios opuestos: él trabaja por la noche en el hotel; ella, de día, en una empresa de alquiler de coches. Su situación se complica cuando deciden tener un hijo y lo quieren ya, por encima de todo, ven un niño y se les van los ojos. Para colmo, hay gente a su alrededor que bien quisiera librarse de los que ya tienen y de los que les siguen viniendo sin buscarlos.

La cosa se complica con la visita de ambos al ginecólogo del Papa (una eminencia romana, eso queda patente en su diagnóstico, que tiene enormes fotos de los papas decorando todas las paredes de su clínica), y la fuga de Antonia, que se cree culpable y estéril, hacia su pasado de cantante en clubes nocturnos, alcohol y drogas. La bajada a los infiernos de Guido en su afán por rescatarla y volverla al redil, culminará la acción con ambientes pintorescos frescos, de perdularios en busca de dueño.

Todos estos avatares de la pareja generan y transmiten unos estados de ánimo muy complejos que las canciones de Antonia (Thony) subrayan a la guitarra y que ella recita con su voz preciosa, llena de matices de pérdida y tristeza imborrable. Precisamente Thony, protagonista y cantante, estuvo aquí en Madrid a mediados de diciembre presentando la película y la canción que constituye la banda sonora, por la que obtuvo 3 nominaciones a los Premios David di Donnatello 2012.

Llena de grandes nombres de actores consagrados, la película destaca, sin embargo, por el trabajo de los secundarios, un trabajo que podemos llamar “coral del colectivo hospitales, capítulo reproducción asistida”, que pone lo mejor de la guinda al pastel persecutorio del ser padres a todo correr, la parte más cómica y dinámica allí donde todo se precipita y se desata porque las prisas, y los exiguos espacios disponibles, no dan para más. Una obra maestra de la comedia italiana.

La película, protagonizada por Luca Marinelli (La gran belleza), Thony (que pone la música), Katie McGovern, Robin Mugnaini, Donatella Barzini, Fabio Gismondi, se estrenó en los cines españoles el 17 de enero.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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