23 Festival Flamenco de Jerez: María Pagés y Concha Jareño

El Teatro Villamarta es la sede de las compañías de danza más relevantes presentes en el festival.

María Pagés: “Una oda al tiempo”

María Pagés es siempre María Pagés, pero además tiene la inmensa suerte de compartir arte y vida con El Arbi El Harti, el poeta y escritor hispanista marroquí que desde hace años se encarga de poner letras a las músicas y palos de sus espectáculos, de la dramaturgia y junto con ella, del diseño de escenografía.

Dos grandes artistas creativos, que se aman, se complementan, disfrutan trabajando juntos. Son el equipo perfecto y el resultado no podía ser otro que el de estado de las artes.

María pages en el Festival de Jerez 2019 ©Javier Fergo
María Pagés en el Festival de Jerez 2019 ©Javier Fergo

Una oda al tiempo, premio Giraldillo de la pasada Bienal de Sevilla 2018. Es un recorrido por la materialidad efímera, por lo permanente y eterno de lo inmanente, por la filosofía platónica y heiderggeriana, con reflexiones a conceptos de maestros latinoamericanos, como el argentino Jorge Luis Borges o el mexicano Octavio Paz, o los franceses Marguerite Yourcenar y Marcel Duchamp.

La irreversibilidad del tiempo terrenal, el cuerpo, el deseo, el arte y los caminos de la vida están muy presentes en el flamenco y baile clásico español a ratos, enmarcados por músicas populares y clásicas de compositores europeos de varias épocas. Todo un encaje de bolillos tejido con hermosos hilos de cantes de trilla y tonás para describir el origen de la oda, seguiriyas para el descubrimiento del tiempo, soleá para bailar con Hebe, bulería al golpe para escuchar en uno de los interludios concertistas, para pedir y describir ‘cuéntame el tiempo’. Alboreá, –aires de boda gitana–  para el espacio ‘tu viento me agita’. Por alegrías los ‘horizontes de agua’ y de allende el Atlántico por vidalitas y milongas para describir el tiempo de otoño.

Un segundo espacio instrumental, bellísimo, titulado ‘Tengo miedo’. De vuelta por aquí, por peteneras goyescas sobre el tema de Saturno devorando a sus hijos, tema que se repite a lo largo del tiempo histórico y quién sabe si del tiempo personal de Pagés y El Arbi. Levantica para escuchar al Guernica. Un tercer espacio instrumental que pide piedad, quizá para la humanidad. Y como final, un regreso al principio por cantes de trilla y tonás.

Oda al tiempo. Festival de Jerez 2019. ©Javier Fergo
Oda al tiempo. Festival de Jerez 2019. ©Javier Fergo

Los artistas que ponen en escena este proceso artístico, tan aparentemente lleno de complejidades, pero que visto con los ojos terrenos es un hermoso ballet, pleno en armonías de movimiento y composiciones coreográficas, resaltados u opacados por haces de luz o ausencia de luz; las composiciones de ‘árboles’ de brazos, recordando a veces los brazos múltiples de la diosa Kali, destructora entre otras cosas del tiempo, sobrecogen.

La luz viene a ser el elemento clave de estas y otras composiciones realizadas dancísticamente por cuatro bailarinas/bailaoras y sus partenaires masculinos. Las voces cantaoras de Ana Ramón y Bernardo Miranda; las guitarras de Rubén Levaniegos e Isaac Muñoz, el chelo de Sergio Menem, el violín de David Moñiz y la percusión de Chema Uriarte, configuran una estructura musical notable. El violín para los momentos clásicos, las guitarras acompañando a lo más flamenco, en un excelente trabajo de coordinación de músicas descriptivas distintas y complementarias.

Un vestuario que es como una sinfonía de colores. Todo ello al servicio del baile magistral de la creadora y protagonista de la danza: María Pagés.

Todo ello en composición perfecta para crear a lo largo de hora y media un extenso y profundo poema en forma de diálogo con la memoria.

Detrás están los artistas creativos que se aman en la vida y en el arte: María Pagés y El Harbi El Arti.

Concha Jareño en el Festival de Jerez 2019 ©Javier Fergo
Concha Jareño en el Festival de Jerez 2019 ©Javier Fergo

Concha Jareño: “Recital de Flamenco”

Concha Jareño es una bailarina madrileña de danza española clásica y bailaora de flamenco por vocación, representante de la ya nutrida generación joven con estudios superiores de baile, con una notable trayectoria de colaboraciones con grandes maestros, espectáculos propios, docencia internacional y numerosos premios bien merecidos, ha presentado en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera, en el marco del Festival Flamenco anual, su espectáculo Recital de Flamenco.

Un recital en el que estuvo acompañada por un elenco de artistas de lujo: David Sánchez El Galli y Manuel Gago, cantaores, la colaboración especial del gran guitarrista Juan Antonio Sánchez Cano, Canito, quien hizo disfrutar de momentos cumbre en su ejecución; las palmas de José Manuel El Oruco y el maestro de la percusión, Bandolero. Primeros espadas todos ellos.

Un espectáculo de la mejor raíz flamenca, con una puesta en escena coordinada por los efectos de luz, concebidos para cada baile, o para los conciertos de toque, palmas y percusión, ajustados a la significación y características de cada uno. Coordinación que cuenta con la alternancia de baile y toque, mientras la bailaora cambia de traje para la representación siguiente. Baile con acompañamiento y concierto de toque, compás o percusión, porque todos tuvieron su momento de protagonismo absoluto.

Una puesta en escena al revés, con comienzo por palos festeros, tangos, soleá por bulería, guajiras y malagueña. El impacto del martinete, uno de los grandes momentos de danza y cante de la noche, seguido de abandolaos y bulerías. El final sumergido en la solemnidad más jerezana: una seguiriya a guitarra y compás, que si no era de Paco la Luz, recordó mucho al primer maestro indiscutible de la seguiriya de Jerez.

Después, un final de corazón partío por una soleá magistral, tanto en lo que respecta a sus efectos de luz, con esa puerta virtual que va hacia el infinito o que llega del infinito, por la que aparece Concha como eterna diosa mitológica, lo que es y será por siempre la soleá. Apareció Concha con un acercamiento lento, solemne, místico, con bata de cola que parece de plata hasta que llega al centro del escenario y estalla en lunares en blanco sobre negro. Protagonismo continuado de la bata de cola, de la guitarra de Canito, del compás, de un magistral solo de percusión con el que impacta el maestro Bandolero.

El vestuario de Concha es también protagonista, destacando la belleza y elegancia del vestido con el que baila la guajira, y el baile de Concha Jareño, con esa gracia y desenfado del baile cubano, del baile que llegó hasta Cádiz desde el otro lado del Atlántico.

Otro hito, el traje negro del martinete, baile solo acompañado de cante ‘a palo seco’, que produce vibraciones místicas, que conecta con la pasión de Cristo, que no puede dejar indiferente a nadie, a poca sensibilidad que se tenga.

En contraste necesario, el traje que viste para los abandolaos y bulerías, en tonos alegres, fucsias y blancos, rojos por debajo, que relaja el ánimo, un inciso entre los martinetes y la soleá inclasificable, magistral del final.

De destacar todo: el concepto musical y coreográfico del recital, los palos elegidos, su orden en el concierto, el baile bellísimo y extraordinariamente descriptivo, la luz, el vestuario, la complicidad de los artistas, la emoción que transmiten en cada momento,  ligera o fuerte, según los palos.

Bravo por Jareño y su elenco de artistas.

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