El periodista y cineasta Juan Manuel Cotelo – quien ha encontrado a su público entre los buenos católicos, esos que ponen la otra mejilla, pero también los que creen que la fe mueve literalmente montañas y que la Virgen María tiene la manía de aparecerse siempre a cuasi analfabetos que lo explican muy mal– ha escrito, producido, realizado y hasta protagonizado un documental sobre la reconciliación y el perdón, y las alegrías espirituales que proporcionan a los “buenos” que perdonan a los “malos”.

Como puede apreciarse, todos casos de perdón con final feliz, porque eso es justamente lo que el multifacético director quiere demostrar: que perdonar hace milagros y proporciona felicidad, y que lo de “ni olvido ni perdón” es algo trasnochado, un mantra de izquierdistas pasados de rosca.
Como dice el crítico de la publicación digital Cinemanía, “los sermones, mejor en misa”. Porque todo en esta película está teñido de una moralina paleocristiana que distrae del objetivo fundamental, que no era otro que convertir al perdón en el hyper-don (el mayor regalo) que, según el señor Cotelo, decían los griegos.



