La sinonimia de las lenguas, lo he dicho muchas veces, no es perfecta, y por eso algunas palabras, aunque tengan igual significado, no podrán utilizarse en el mismo contexto. Hay abundantes ejemplos que avalan esta aseveración; pero el más evidente, en mi opinión, es el de comenzar e iniciar.
La función de los sinónimos es evitar repeticiones monótonas, que a veces denuncian una pobreza lexical casi extrema, cuestionable en un idioma como el español, que es abundoso en sinónimos. Sin embargo, en el caso de los vocablos mencionados, aunque son parientes muy cercanos, no significan lo mismo, y he ahí el problema.
Hoy día es muy notorio el hecho de que la mayoría de redactores, entre periodistas, educadores y otros profesionales, han relegado el verbo comenzar, y en tal sentido utilizan iniciar, lo cual no tendría nada de malo, siempre que se lo use de manera adecuada. Ya, a casi nadie le gusta comenzar, pues a lo mejor les parece que iniciar es más sonoro, más elegante y el apropiado; pero ocurre que, aunque son sinónimos, no se construyen de la misma manera. ¡Ya lo notarán!
Sobre estos verbos he escrito muchas veces, y la recomendación que siempre he dado para evitar usos inadecuados, es tener presente que las cosas no inician, se inician; en cambio, comienzan solas. En tal sentido, deben evitarse expresiones como: «Hoy inicia el campeonato de fútbol profesional en Venezuela»; «En pocos días iniciará el operativo Carnaval 2026»; «La Serie del Caribe iniciará el fin de semana en Guadalajara»; «Su carrera como deportista inició a finales de los años ochenta», etc. Lo adecuado es: «Hoy se inicia (comienza) el campeonato de fútbol profesional en Venezuela»; «En pocos días se iniciará (comenzará) el operativo Carnaval 2026»; «La Serie del Caribe se iniciará (comenzará) el fin de semana en Guadalajara»; «Su carrera como deportista se inició (comenzó) a finales de los años ochenta».
Les he colocado el verbo comenzar entre paréntesis para recalcarles y para que se den cuenta de que ambos verbos son sinónimos; solo que no se construyen de la misma forma. Existen otros casos como alimenticio y alimentario; canceroso y cancerígeno, que por su parecido gráfico y fonético, muchos redactores, sobre todo los de sucesos, creen que podrán utilizarse indiferentemente; pero no es así. ¡Son sinónimos; pero a veces no lo son!
Alimentario y alimentario son sin dudas sinónimos; pero tienen matices que conviene conocer, en virtud de emplearlos de forma correcta. Alimentario alude a la alimentación: trastorno alimentario, bono alimentario, política alimentaria; en tanto que alimenticio «se usa para lo que alimenta o tiene la propiedad de nutrir». Si algo se puede comer y además nutre, es alimenticio; en cambio, si se refiere al sistema o proceso mediante el cual se obtiene la comida, es alimentario, de lo que surge bono alimentario u otra forma con la que se denomina el aporte que el sector laboral, tanto el privado o el estatal, hace para suplir necesidades en ese sentido, que por lo menos en Venezuela y en otros países no alcanza para mayores cosas.
Con los términos cancerígeno y canceroso ocurre algo parecido, dado que con base en el hecho que son sinónimos, los redactores descuidos, que los hay por montones, los usan de manera indiscriminada. Cancerígeno es lo que puede producir cáncer, lo cual alude a factores externos. De hecho, en el pasado, hace algo más de veinte años, era frecuente leer u oír que las láminas de asbesto, utilizadas para techar casas u otros espacios, «son cancerosas». En Venezuela abundaron las casas con techo de ese material, construidas por el ministerio de Salud a través de Malariología; pero al saberse el riesgo, fueron sustituyéndolo.
Lo correcto es cancerígeno, pues canceroso es lo que tiene cáncer, alojado en la célula u otra parte del cuerpo humano o de animal que está afectada. No tengo dudas de que en el argot médico haya vocablos para describirlos de mejor manera; pero como solo soy periodista, me limito a lo meramente semántico, que es en lo que me desenvuelvo con relativa facilidad.
Existen palabras que son del mismo tenor de las descritas, y de ellas he hablado anteriormente, como robo y hurto. De femicido y feminicido lo hice de una manera muy superficial, así como con prisión y presidio. En la legislación penal de Venezuela, robo y hurto no es lo mismo, como tampoco lo son femicidio y feminicidio; presidio y prisión; no obstante, por ahora no voy a entrar en honduras, pues aún no tengo claros algunos elementos.


