¿Si o sí?

Si alguien por necesidad, curiosidad u otro motivo se interesara en saber si los llamados teléfonos inteligentes y las computadoras (ordenadores) corrigen textos, encontrará respuestas positivas, dado que así, sin mayores explicaciones, las muestran en las publicaciones que aparecen en Google y en otros buscadores.

Es por eso que muchas personas que escriben con regularidad se confían en que, aunque escriban con errores no habrá problemas, dado que su dispositivo móvil o su ordenador se encargarán de enmendarle la plana, pues ¡para eso son inteligentes, dirán algunos!

Eso no es cierto del todo cierto; el teléfono y la computadora solo subrayan cuando un determinado término no está en su diccionario interno, que yo llamo procesador de palabras.

Si algún redactor por lapsus linguae u otra causa escribe «kasa» en vez de casa, pueden ocurrir dos cosas: que la «K» sea cambiada automáticamente por «C», o que la palabra mal escrita aparezca subrayada en rojo, como siempre ocurre.

Ambos dispositivos (teléfono y computadora) solo modifican palabras cuando la falta es muy evidente, como en el caso de «asucar», «veículo» «vicicleta», «vombillo», «bictoria», «Portugueza», etc. Si esos vocablos aparecen subrayados y usted no sabe qué significa esa raya roja, ni el más inteligente de los dispositivos electrónicos podrá darle una explicación convincente.

Da la impresión de que algunas personas creen que ese resaltado es un efecto especial del teléfono o de la computadora. ¡Vaya tecnología!

La situación empeoraría si usted en vez de revisar y modificar la palabra subrayada, la guarda. Es posible que cuando desee escribir azúcar, vehículo, bicicleta, bombillo, victoria y Portuguesa, le aparezcan (sin el subrayado) «asucar», «veículo», «vicicleta», «vombillo», «bictoria» y «Portugueza»; entonces creerá que así se escriben.

A todas estas, sin temor a equivocarme, les digo una vez más que ni los teléfonos ni las computadoras corrigen. ¡Quien corrige o debe corregir es usted!

Se ha vuelto muy frecuente la confusión entre las formas «si y «sí». Gráfica y fonéticamente son idénticas; pero no tienen el mismo significado. La confusión es favorecida por el hecho de que cuando alguien en su teléfono desea escribir «si», al instante es cambiada por «sí». Entonces, si a usted no le es fácil saber cuál es cuál, no habrá teléfono inteligente que valga. Trate de escribir si (sin tilde) y verá que como por arte de magia le aparecerá (con tilde).

La primera (sin tilde) es una conjunción condicional, nota musical o conjunción interrogativa. La segunda (con tilde) es un adverbio de afirmación, sustantivo de consentimiento o pronombre reflexivo. En esta impropiedad incurren muchos abogados, periodistas, educadores, otros profesionales y un sinfín de no profesionales, que escriben casi a diario, por creer que el teléfono o la computadora les corregirá la falta.

Si no pueden distinguir entre una y otra, no podrán usarlas de manera adecuada. Con los ejemplos que les mostraré podrán captar la forma correcta de cada uno de esos casos, que constituyen un error constante, ante el que se debe insistir para que las dudas puedan disiparse. ¡Esa es la intención!

Sin tilde

«Si estudias, aprobarás (condicional)», «No sé si vendrá (interrogativa indirecta)». También se da el caso en frases que contienen las dos formas: «Si (condición) me dices que sí (afirmación), iré».

Con tilde

«¿Vienes? ¡Sí, claro que voy (adverbio de afirmación)»; «Lo quiere todo para sí mismo (pronombre reflexivo)», «Ganó el sí en la votación (sustantivo)», «Lo hizo porque sí (locución coloquial)». En esa expresión se da a entender que hubo una acción sin razón lógica, justificación o motivo aparente, o dicho de otra manera: no hubo explicación.

En cuanto a sí o sí, cabe recalcar que debe ir la tilde en ambos casos, dado que cada uno funciona como un adverbio de afirmación: «obligatoriamente, sin opción a rechazo»: «¡Aprendes, sí o sí!».

Como habrán podido notar, el tema es breve, por lo que estimo que será fácilmente digerido. En anteriores ocasiones, hace ya varios años, había hablado de si y de manera muy somera; pero ahora, dadas frecuentes incorrecciones, quise extenderme un poco más, aunque sigue siendo breve. No da para más, y no es prudente intentar ir más allá, dado que eso conllevaría el riesgo de escribir algo inadecuado que, en lugar de aclarar, oscurezca.

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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