Brugada eliminadaBastante antes que la selección nacional, fue eliminada por incapaz la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada.

Y no por penaltis sino por autogoles de ineptitud.
Sabiendo que no era de ella, gastó el dinero ajeno como enajenada y dejó espantosa y pintarrajeada la capital del país.
Hizo obras que nadie quería y dejó otras inconclusas.
Y causó conflictos de todo tipo hasta con la FIFA, cuando pretendió cambiar la hora del Inglaterra-México para que, a menos horas de día, hubiera menos borracheras de los festejantes y no se advirtieran tanto, en el estadio y avenidas cercanas, las inundaciones resultantes de no haber tapado baches y destapado coladeras.
Modificar seis horas el juego perjudicaba a ambas selecciones y el vasco entrenador de la azteca, Javier Aguirre, declaró enojadísimo que se hizo sin consultarle y fue «una patada al estómago».
Y tampoco les gustó a fanas y comerciantes ingleses, porque el primer ministro británico, Keith Starmer, había autorizado a pubes y restaurantes permanecer abiertos hasta las cinco de la mañana para que pudieran verlo por televisión.
Ni a las televisoras locales y extranjeras que compraron los derechos de trasmisión en elevadísimas sumas.
Pero Brugada dejó correr el rumor como si fuera cierto y quienes queríamos ver el partido debimos cambiar planes y alterar preparativos, hasta que la FIFA tuvo que entrar a ratificar el ya estaba establecido.
Días antes, cuando la selección de México le ganó a Ecuador, se juntaron en el Ángel de la Independencia y el centro de la ciudad de México casi millón y medio de personas.
Y quienes se reunieron al pie de la columna del Ángel, concurrieron con niños, bebés y mascotas sin pensar que la ineptitud y falta de previsión de su gobernadora, había preparado una trampa que ocasionaría muertos y heridos.
La reacción de la multitud a explosiones causadas por fuegos artificiales, que un irresponsable tronó y fueron tomadas por tiros, seguramente debido al susto con el que todos vivimos por las diarias balaceras, detonó una corredera que pisaba a los que caían.
De acuerdo con los datos oficiales murieron asfixiados en calles cercanas al Paseo de la Reforma, un hombre de 44 años y dos mujeres de 19 y 48 años; y un hombre de aproximadamente 30 años, murió en un hospital tras sufrir una crisis convulsiva y un paro cardiorrespiratorio.
Hubo además, necesidad de atender medicamente a 1615 personas por contusiones, fracturas, heridas, esguinces, intoxicaciones alcohólicas y crisis de ansiedad y veintiocho ellas debieron ser trasladadas a hospitales.
Y la Cruz Roja reportó mil atenciones prehospitalarias y cuatro traslados a diferentes centros de salud.
Lo sucedido es una prueba más de la intranquilidad que hay en la población y que no mengua con las cotidianas repeticiones de Brugada y la presidenta Claudia Sheinbaum, de que en México hay completa tranquilidad.
Y que se den de santos que no hubo más fallecidos y heridos en medio de esas manteadas y ese jolgorio desmedido de borrachos enfiestados, que solo muestra lo mal que estamos.
De todo eso es, sobre todo, responsable Brugada, quien en su afán de notoriedad y autopromoción no previó la estampida de decenas de miles de fanáticos reunidos en el Ángel, que desde su columna los miraba con terror por los destrozos cometidos y las toneladas de basura tirada al compás de las borracheras.
Pero tanto ella como Sheinbaum, debieron respirar tranquilas cuando el triunfo de Inglaterra contra México entumió el entusiasmo de una celebración más tumultuosa y regada que las anteriores; a ellas, la derrota las favoreció.



