Hablar de lo que ocurrió en Venezuela el día miércoles 24 de junio del corriente, es redundar, pues la magnitud y las consecuencias son harto conocidas; pero hay dos aspectos que quedaron en evidencia y que no deberán pasar inadvertidas, como son la falta de recursos de los cuerpos de prevención y de atención en casos de desastres, y la solidaridad del mundo con los venezolanos.
Es una tragedia que muchos la vivieron de cerca y otros a distancia, lo que implica que es un pesar colectivo muy amplio.
En lo que a mí respecta, debo decir que me tocó vivir la angustia de desconocer el paradero de mi hermano Saúl Antonio Figueroa Díaz, quien afortunadamente, dos días después del doble terremoto, pudo dar muestras de estar salvo y sano.
Agradezco los mensajes de aliento que recibí durante esas horas de tormento, los cuales me permitieron fortalecer mi fe en el Creador del cielo y la tierra, al que le pido que les dé resignación a aquellas personas que perdieron seres queridos.
«Somos un pueblo que, sin importar qué tan dura sea la tormenta o qué tan fuerte golpee la tragedia, siempre sacará fuerzas para volver a levantarse». ¡Gloria a Dios!
La semana pasada no escribí por las razones antes descritas¸ y había decidido tomarme un descanso de dos sábados; pero ya he recuperado el ánimo, al tiempo que las ideas están claras para darle continuidad a este trabajo de divulgación periodística.
El más reciente artículo (árabes o africanos) está relacionado con los países de África de lengua árabe. El ciudadano al que aludí en esa ocasión, como no tiene un argumento sólido para refutar lo que dije, me ha señalado de decir cosas que ni siquiera las he pensado.
No dije que no hay paises árabes; sí los hay, y son veintidós. Lo que no existe es la nacionalidad árabe. Incluso, creo que él no es árabe; supongo que es ciudadano venezolano de origen árabe, y eso es otra cosa. ¿Entendiste o te lo explico con plastilina?
Cualquiera pudiera pensar que el tema principal de este escrito estaría estrictamente relacionado con el campeonato mundial de fútbol de 2026; pero no es así. No obstante, tiene que ver con dos países de los tres en los que se está jugando: México y Estados Unidos.
En la nación azteca las sedes son Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey y, en Estados Unidos, Nueva York/Nueva Jersey, Dallas, Los Ángeles, Atlanta, Miami, Houston, San Francisco/Santa Clara, Boston/Foxborough, Filadelfia y Kansas City.
El uso repetitivo de las palabras MÉXICO Y TEXAS, ha dado pie para que algunos espontáneos del lenguaje, personas a las que les gusta hablar de lo que no saben, salgan a buscar y encontrar errores en donde no los hay. No cuestiono la intención de alguien que se preocupe por aprender, por disipar sus dudas y por adquirir facilidad para manejar el lenguaje que emplea; pero cuando esa preocupación está basada en el desconocimiento y en el deseo de mostrar erudición, es bastante lamentable.
Muchos se preguntan por qué si México se escribe con «X», se pronuncia Méjico (con «J»). Se pronuncia con «J» por una evolución del español, de la que por ahora no voy a hablarles, pues no manejo el tema con facilidad y, como sabrán, no suelo hablar de lo que desconozco.
Sin embargo, es importante saber que la grafía México es la más utilizada y preferida por los mexicanos, dado que es un símbolo de identidad; en tanto que Méjico, aunque es válida, se usa muy poco y algunos la consideran un error.
Lo que para los angloparlantes es «Méksico», para los hispanohablantes es México. ¡No se les olvide!
Del mismo tenor es TEXAS, que es el nombre de un estado de Estados Unidos, zona que en el pasado fue territorio mexicano. La RAE recomienda escribirlo con «X»; pero debe pronunciarse con el sonido de la «J» española (Tejas), no «teksas», como pretenden algunos que se creen estadounidenses.
También existe la grafía Tejas, muy poco usada; pero es igualmente válida. Lo curioso es que quienes se empeñan en que debe ser «teksas», cuando nombran a los nacidos en ese estado, los llaman tejanos y no «teksanos», que estaría más acorde con la «tesis» que ellos defienden.
¡No les parece! Aclaro que las grafías Méksico, teksas y teksanos no existen; solo las usé para destacar el sonido que representa la «X» en los tres casos.
Y para cerrar este artículo, les aclaro que las palabras bendito y bendecido son correctas, solo que se emplean en contextos diferentes. Bendito es un adjetivo o sustantivo: «Bendito sea Dios»; «agua bendita»; en tanto que bendecido es el participio del verbo bendecir, que se usa para formar tiempos compuestos: «Dios te ha bendecido con el nuevo cargo que desempeñarás»; «Nuestro esfuerzo ha sido bendecido». De modo pues que, no tenga ningún temor en desearle a un ser querido, que tenga un bendito día». ¡Amén!



