Roberto Cataldi[1]
Desde hace tiempo se verifica un malestar generalizado con los sistemas de salud, e incluso con cierta calidad asistencial. Los reclamos de pacientes y usuarios no se pueden desoír, ya que ellos son los destinatarios finales de los esfuerzos científicos, tecnológicos y humanitarios, reafirmando el «derecho a la salud» (OMS).
En ámbitos de la profesión médica, y hasta en publicaciones periodísticas, hoy se debate cómo debería ser la formación de grado y posgrado conforme al contexto de época, buscando un perfil de médico que sea óptimo para el futuro. Decir cómo será el médico del futuro es lo mismo que imaginar cómo será el mundo del mañana… Si algo está claro es que la incertidumbre se impone en todos los campos.
Algunas de las falencias y errores formativos no son nuevos, se vienen señalando desde hace décadas (mi primer libro al respecto es de 1993: Hacia una Nueva Educación Médica) y, no pocas reformas que se hicieron fueron de gabinete, no de expertos, pues las teorías deben articularse con la experiencia.
Habitualmente se promueven pautas de enseñanza-aprendizaje desde comunidades epistémicas que desconocen a fondo la problemática formativa y asistencial (una combinación compleja, encadenada e indisociable). Asimismo desde espacios que no participan de la formación médica, por caso el «mercado de la salud», sin mencionar las «solicitudes quiméricas» desde otras áreas, todo ello conformando un verdadero entramado sociocultural.
El cisne negro de la pandemia produjo cambios fundamentales en la vida del planeta, y la salud, por estar íntimamente ligada a la vida, la enfermedad y la muerte, convirtió a la Medicina en la cenicienta, es decir, ésta asumió una actitud positiva y trabajadora, mostrando resiliencia, humanitarismo, y esperanza. Muchos de sus miembros perdieron la vida salvando la de otros, y el justo reconocimiento jamás llegó… Hoy hemos superado al virus de la pandemia, sin embargo, no estamos mejor.
En la historia de la medicina, materia que muchos profesionales desconocen en profundidad, nunca el mercado estuvo tan interesado en la formación de los médicos como en la actualidad: ¿será por una actitud abnegada hacia la Humanidad?
La Educación Médica Continuada siempre se consideró un proceso continuo a lo largo de la vida profesional, abierta a las innovaciones que van apareciendo, y la actualización de los conocimientos fue, ha sido y es un imperativo ético, muy anterior a los métodos virtuales. En ocasiones, se pretende hacer pasar por conceptos innovadores los que ya fueron formulados hace tiempo, probablemente obedece a la escasa lectura de los presuntos innovadores.
Se dice que la IA cambió el paradigma ético porque con la simulación los estudiantes y graduados estarán mejor preparados, pero más allá de los adelantos tecnológicos, que son innegables, la simulación en la preparación médica ya se utilizaba.
Mas allá de estrategias estáticas y de ecosistemas dinámicos esgrimidos, la relación profesor-estudiante no es igual a la del algoritmo-estudiante. La IA puede ser de gran ayuda para la formación médica, pero ésta no depende de aquella, como pretenden sectores del mercado aduciendo sutilmente medias verdades, ya que se procura automatizar la docencia, la asistencia, incluso la inteligencia natural (lo interesante sería aumentar la inteligencia humana), y también todo lo que tenga que ver con la rentabilidad económica y la dependencia de los usuarios.
La IA, si es correctamente utilizada, puede brindar grandes beneficios, y muchos la empleamos a diario. La reforma educativa en la formación médica no está sujeta a una digitalización de los contenidos, sino a una serie de estrategias y tácticas acordes a las necesidades, contextos situacionales y posibilidades reales, asimismo a la incorporación de aquellos aportes interdisciplinarios que resulten convenientes.
El eje central de la enseñanza-aprendizaje es el estudiante, no el algoritmo ni la automatización, lo tenemos muy claro los profesores, de la misma manera que en la tarea asistencial el eje central es el paciente, no el robot que pretende suplantarnos.
Los formadores de grado y posgrado, no planteamos un antagonismo con la IA que reconocemos e incorporamos, pues somos los responsables de la formación, pero la implementación es tema de los expertos formadores, no del mercado ni de otros ámbitos ajenos.
- Roberto Miguel Cataldi Amatriain es médico de profesión y ensayista cultivador de humanidades, para cuyo desarrollo creó junto a su familia la Fundación Internacional Cataldi Amatriain (FICA)



