L’étrangère (La extranjera) segundo largometraje de ficción de la actriz y cineasta siria afincada en Francia Gaya Jiji, llega a las pantallas comerciales en pleno verano, siete años después de su opera prima Mi tela favorita (2018) que fue sido seleccionada en el festival de Cannes.

Gaya Jiji, nacida en Damasco en 1979, es titular de un master de cine de la Universidad de París VIII y ha desarrollado su carrera de cineasta en Francia. Tras una estadía de dos años en Siria, su primer largometraje era un retrato de mujer que lucha por su emancipación en esa sociedad siria víctima de la guerra allá por el 2011, cuando empezaba la revolución contra el régimen de Assad.
Su segundo largometraje producido en Francia, La extranjera, se inspira ahora de nuevo en la historia reciente de su país y en su propia experiencia en el exilio tras la llegada a Francia de toda una ola de refugiados sirios entre 2015 y 2017.
Su guion nos habla de la odisea de una refugiada siria quien, tras naufragar en el Mediterráneo, llega en un largo y peligroso periplo a Hungría, en donde es detenida por la policía de fronteras.
En su primera mitad el relato se centra en las dificultades que atraviesan los refugiados y migrantes en esta Europa en donde la política reaccionaria de inmigración de la Unión Europea ha alzado un verdadero telón de acero contra el humano derecho de asilo. Un relato que nos hace pensar evidentemente en la emocionante historia de Suleyman, premiada en Cannes en 2024.
La restrictiva política del OFPRA, antaño más generosa, se basa hoy en el denominado reglamento de Dublín, según el cual todo refugiado que llega a un país es fichado con sus huellas digitales y su suerte depende del país al que llegó.
Una reglamentación represiva que ha sido aun reforzada el pasado 17 de junio con el voto de la derecha extrema y la extrema derecha en la Unión Europea, para facilitar la expulsión a sus países de origen de los que solicitan asilo político.

Pero volvamos a la ficción, en donde Selma, (la actriz iraní Zar Amir Ibrahimi[1]) joven siria madre de un hijo de seis años que dejó con la abuela en su país, se ve confrontada en Hungría a ese reglamento de Dublín. Una mujer que ha optado por el peligroso camino del exilio tras la desaparición de su marido, del que no se sabe si está muerto o detenido.
Una decisión la del exilio, tomada sobre todo después de haber sufrido una serie de detenciones o «convocatorias» por la policía siria durante varios meses, lo que constituye una forma de evidente tortura psicológica, aunque difícil de probar por no haber habido tortura física.
En su segunda mitad asistimos a la llegada clandestina de Selma a Burdeos en Francia, tras negarse a permanecer en Hungría, conocido país por el maltrato de migrantes y refugiados. En su excelente guion Gaya Jiji opta entonces por mostrar esa carrera de obstáculos que es el trabajo clandestino y la búsqueda del reconocimiento del asilo político, a través del encuentro con Jerome, un abogado (el actor Alexis Manenti) en crisis con su pareja, que se propone ayudarla.
La fuerza de la película se apoya en la convincente interpretación de Zar Amir, que da a su personaje esa dignidad y empecinamiento de una mujer que busca ofrecer a su hijo una nueva vida y que se ve arrastrada en una relación sentimental como una forma de resiliencia frente al trauma de la desaparición de su marido.
La narración oscila a partir de ahí hacia lo íntimo, en esa autorreflexión de Selma sobre su propia vida. «Por momentos no se si preferiría que esté vivo o muerto…» dice Selma a su abogado, al evocar la desaparición de su marido y esa imposibilidad de cerrar el proceso de duelo.
No revelaremos aquí el excelente desenlace de esta historia de lucha por la dignidad humana, por la emancipación de la mujer y por el derecho a seguir amando más allá de todo traumatismo. Su puesta en escena rigurosa, sobria y sensible, sabe captar momentos claves de profunda emoción en ese tercero y último acto.
Un grito más desde la ficción el de Gaya Jiji, bienvenido en esta Europa occidental en perdida de humanidad y en este mundo en que la indiferencia, el silencio y el lenguaje deshumanizado de cierta prensa se hacen cómplices del horror y del genocidio.
- Zar Amir obtuvo el premio de interpretación femenina en el festival de Cannes 2022 por su papel en Las noches de Mashhad



