En una semana, la última de octubre de 2014, atiborrada de estrenos cinematográficos (no consigo entender muy bien el criterio comercial y de marketing de las distribuidoras; antes era muy fácil, estrenos concentrados en Navidad y Pascua y ausentes durante el verano), llega la película Serena, drama protagonizado por Jennifer Lawrence (Oscar a la mejor actriz en 2012 por su papel en Silver Linings Playbook, y famosa para todos los públicos tras su participación en Los juegos del hambre) y dirigido por Susanne Bier (En un mundo mejor).

Y todo es todo: hasta talar todos los árboles de la propiedad y dejarla convertida en un paramo y hasta echar mano de un fusil o un cuchillo para eliminar a las personas que pueden interceptar su camino. El marido, Bradley Cooper (la saga The Hangover, Silver Linings Playbook), es la otra mitad de “los Macbeth”, pero menos.
El insípido y mediocre drama inicial, en el que todo es previsible, se convierte en un thriller banal, malo y antipático, cuando el odio de Serena se dirige hacia el hijo que su marido tuvo con una sirvienta, antes de conocerla. Amor, celos, codicia y una pantera (que anda por las montañas y a la que el protagonista quiere convertir en trofeo) como metáfora de la belleza y el carácter devastador de Serena.




[…] Serena, un drama de celos y avaricia […]