Alicia de Larrocha: notas para un genio

La Quinta de Mahler acogió el martes 20 de diciembre de 2016 la presentación de Alicia de Larrocha. Notas para un genio, libro del que es autora Mónica Pagés. Se trata de una biografía, única autorizada hasta el momento, que sale a la luz después de un intenso trabajo de documentación, editada por Alba Trayectos.

Portada del libro Alicia de Larrocha. Notas para un genio.
Portada del libro Alicia de Larrocha. Notas para un genio.

La presentación corrió a cargo del musicólogo e historiógrafo Andrés Ruiz Tarazona, de la autora del libro, Mónica Pagés, y de Alicia Torra, hija de la pianista y responsable del archivo familiar con el que la autora ha trabajado durante cuatro años. Un archivo tan completo que facilita mucho la tarea al estar además digitalizado pero que contiene una información tan exhaustiva que casi es imposible de resumir ya que, «a pesar de ser una figura tan conocida, la sorpresa saltaba a cada paso con nuevos hallazgos «.

Por este motivo, el libro contiene también un CD con piezas hasta ahora inéditas, algunas de las cuales tuvimos ocasión de escuchar durante la presentación, que se hizo bajo la forma de animada charla entre los tres intervinientes, aportando cada uno al paso nuevos datos sobre un guión que llevaba escrito Ruiz Tarazona a modo de hilo conductor.

Y para abrir boca, escuchamos el Preludio de Rachmaninov que ella tocó tantas veces, recuperado de una grabación tomada con un micrófono oculto durante uno de sus recitales.

Alicia de Larrocha (Barcelona 23 de mayo de 1923 – Barcelona 25 de septiembre de 2009) fue una de las más grandes intérpretes de los siglos XX y XXI. Una pianista que, siendo el piano el único instrumento que por sí solo puede llenar auditorios (la excepción actual sería el clave, recientemente rescatado para la escena), llenó con él miles de escenarios en todo el mundo. Su habilidad para abarcar con sus pequeñas manos las teclas del piano hasta arrancarles los más ocultos registros llegó a ser calificada como diabólica por la crítica extranjera, que la adoraba, sobre todo cuando tocaba Goyescas de Granados. Pero además de una gran pianista, era una gran dama y una persona generosa capaz de dejar su casa y hasta su piano para que otros ensayaran. Un piano que «era mudo», según testimonió Joaquín Soriano allí presente, al estar siempre envuelto con mantas por dentro y por fuera para no molestar.

La intensa biografía que ahora se publica rastrea su vida privada y su vida artística desde la infancia, su familia y sus relaciones con compositores e intérpretes, las cartas que escribió y que recibió, las personalidades que trató y amistades que cultivó: Rubinstein, Rostropovich, Montsalvatge, Conchita Badía, Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Andrés Segovia, o Pavarotti, con quien acabó mal por temas fiscales.

Todos los grandes compositores nacionales e internacionales, en particular los españoles Granados, Falla, Turina, Monpou, Montsalvatge, Albéniz, fueron objeto de su devoción, pero sobre todo tocó a Mozart, del que era incondicional y con el que su brillantez alcanzaba cotas inigualables. Todos los conciertos de Mozart dirigida, sobre todos los demás, por el director húngaro Solti, uno de los más prestigiosos del mundo.

En EEUU tardó en entrar sobre todo por la incredulidad suya al recibir una propuesta de contrato de alguien tan poderoso como Herbert Breslin, quien le proponía una larga y cotizadísima gira por todos los estados. Tres veces tuvo que escribirle el que también fue agente de Pavarotti para que en su entorno se dieran cuenta de que iba totalmente en serio y de que no era una broma sino que, por el contrario, se trataba de alguien serio y con capacidad organizativa. Fue así como triunfó en aquel país, donde llegó a ser nombrada doctor honoris causa por varias universidades, con casa y piano propios en NY que no dudaba en prestar a amigos no tan afortunados como ella.

Pero era una vida dura y esa faceta del éxito también se rastrea en el libro de Mónica Pagés: las caras del éxito son muchas y una de ellas es la inmensa soledad entre los inmensos aplausos después de cada concierto sin saber siquiera en qué ciudad estás pero sabiendo que nadie te espera en casa y que tal vez te estén necesitando muy lejos de allí.

Por eso en el libro se ven sus etapas de intérprete pero también lo que es el éxito y su extrema fragilidad, los sacrificios y renuncias que conlleva, la soledad de los largos viajes lejos de la familia, los hoteles del mismo nombre en ciudades que se confunden porque cada noche es una; la perseverancia y dedicación que todo ello exige. Gran fumadora que quemaba las teclas del piano al tocar con el cigarrillo en la boca, Alicia de Larrocha dejó de fumar al nacer su hijo mayor. Y luego está también el factor suerte, el talento, sí, pero la suerte, y el apoyo familiar con -algo que fue fundamental para ella- un marido devoto. «Son muchos los condicionantes del éxito», concluyen los tres presentadores casi al unísono.

En cuanto a las piezas propias que completan el CD que acompaña al libro, ella no quería ser considerada como compositora, sólo intérprete, a pesar de lo cual compuso piezas para llenar dos CD, si bien nunca quiso enseñarlas ni darlas a otros intérpretes por considerarlas más un pasatiempo o un divertimento que algo que mereciera la pena exhibir. De hecho, no quería que se hablara en absoluto de ella ni siquiera como pianista, «ella no quería más que trabajar», y todo lo otro (artículos, conferencias, entrevistas, biografías que le propusieron en vida y que naturalmente requerían su participación) le parecía una distracción a lo único para lo que se consideraba capacitada.

Sin embargo, según su hija, cada vez que se producía una negativa a que se hablara o se escribiera de ella, siempre añadía: “cuando yo no esté haced lo que queráis, y por eso yo tengo ahora la obligación de difundir su memoria. Pero desde luego, el que estaría orgulloso de este libro es mi padre, Juan Torra, su fan número uno y factor fundamental en la conservación del archivo, que tuvo la grandeza de sacrificar su carrera, siendo él también pianista, en favor de la de mi madre, al considerarla muy superior a la suya propia. Él se quedaba en casa cuidándonos a mi hermano y a mí mientras ella iba a trabajar.” Entregada a su oficio de intérprete, ella no guardaba nada, ni siquiera un programa de sus actuaciones, pero “mi padre le insistía mucho en que a la vuelta de sus viajes, trajera al menos dos programas de cada concierto, uno para el archivo, y es así como hoy los conservamos».

Premios, los tuvo todos, nacionales e internacionales: doctor honoris causa por universidades norteamericanas y españolas, académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, premios Edison y Grammy por sus grabaciones… la lista es inabarcable, pero como buena artista, jamás estaba contenta del todo y siempre buscaba algo más, llegar más lejos, algo que también corroboró en La Quinta de Mahler su discípula María Parra al presentar su disco Mouvement.

Al terminar, escuchamos el Preludio nº 9 de Schriabin para la mano izquierda. Lo de la mano izquierda tiene su importancia, pues según contó su hija, ella tuvo un tumor en el dedo pulgar derecho que casi le destruyó por completo el hueso, algo que sólo un cirujano mágico, el Dr. Josep Trueta, pudo evitar, de ahí que tocara este preludio y otros para la mano izquierda en aquella época de su recuperación.

  • Título: ‘Alicia de Larrocha. Notas para un genio’,
    Autora: Mónica Pagés
    Alba Editorial
    Colección: Alba Trayector
    432 págs.22’80 euros

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

1 Comentario

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.