Antonio Rodríguez Jiménez: Los signos del derrumbe

Antonio Rodríguez Jiménez, muy joven (nace en Albacete en 1978), es en la actualidad profesor de Lengua y Literatura en un Instituto de Casas Ibáñez (AB). En su trayectoria poética figuran el impulso (con otros) a la revista “La isla desnuda”; después colabora en “La Siesta del lobo” y más recientemente en “Fractal”, todas ellas editadas en Albacete.

portada-signos-del-derrumbeA ello cabe unir sus poemarios, todos ellos premiados: El camino de vuelta (Pretextos, 2012, premio Arcipreste de Hita de Alcalá la Real); Insomnio (premio Fractal en 2013) y Las hojas imprevistas (premio Antonio Gala, también en 2013). Antonio Rodríguez Jiménez es autor de un registro grave y hondo, fruto de muchas lecturas (se notan los clásicos) y de miradas en profundidad hacia sí mismo y al mundo que le rodea. Su poesía busca lo esencial y no el derroche verbal, y lo hace con una difícil precisión léxica y un buen sentido rítmico.

La materia de su poesía es el mundo, el exterior y el interior. En este libro que ahora comentamos “Los signos del derrumbe” con el que ha obtenido hace pocos meses el 18o premio „Antonio Machado en Baeza” su mirada sobre el mundo exterior se dirige a lo que él llama, ya desde el título “los signos del derrumbe”: podredumbre, indiferencia, pobreza, ignorancia, resignación, falsa libertad, etc.

En torno a esos temas teje -sobre todo en la primera parte del libro- poemas crudos y a la vez serenos, que no arrastran el tremendismo que esa simple enumeración de desastres podría sugerir. Su mirada, y su palabra, no son las de la simple denuncia airada o la protesta verbal y vana que no conduce a ninguna parte; sino la reflexión sobre lo que está detrás del fenómeno y la condensación poética que ello sugiere al autor.

La segunda y tercera partes del libro tienen un tono más personal: más hacia lo interior; en estos poemas Antonio reflexiona sobre el acto de escribir:“Sé que es un acto inútil //pero sigo escribiendo //para llenar el aire de una casa//a la que nadie llega//en la que no aparecen señales de peligro”

Su conclusión es que la tarea de escribir es necesaria, pero al final es inútil “definir la tristeza” …. porque “El dolor de verdad no tiene nombre”.

Otros poemas de esta última parte van destinados a sus antepasados y a su hija -Vega- “Tú puedes albergar, en ti es posible// la construcción, la frágil esperanza”.

La poesía, la literatura, podríamos decir, es el instrumento que nos permite mantener limpio el cristal con el que vemos el mundo, para impedir las nieblas y los lodos que permanentemente lo oscurecen; sin ellas el mundo seguirá siendo igual de vacío y cruel, pero la reflexión a que nos obliga el lenguaje nos ayuda también a entenderlo mejor y, en alguna medida, a trascenderlo.

Copio aquí el poema inicial del libro

  • PRELUDIO Combate el mar a solas con la roca Envuelto en seda verde -él mismo cielo- Y la violenta lava duerme fría en el fondo A mí, que no soy luz ni piedra ni esperanza ¿Quién me refleja, Quién me deshace en polvo duradero? Estalla el haz velado de un relámpago En el centro del día, Y ardo con él, inútil, en el aire, Sin ambición, sin tiempo, sin constancia.

    Antonio Rodríguez Jiménez Los signos del derrumbe 18o premio “Antonio Machado en Baeza‟ Ed. Hiperión. Madrid, 2014; 72 pags.; 10 €

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