Desde 1990, la Federación Internacional de Periodistas (FIP ó IFJ, según sus siglas en inglés) ha contabilizado 3.173 asesinatos de periodistas en todo el mundo. Casi novecientos en la última década. Ejercer ese oficio sale muy caro, aunque la mayoría de los profesionales de la información tenga cada día menos remuneración y peores condiciones laborales.
El deterioro de la calidad de la información es correlativo a lo anterior: es paralelo a la concentración de medios y a los discursos digitales que tienen la voluntad de derruir los restos de toda profesionalidad clásica en los medios llamados despectivamente tradicionales.
El filósofo Byung-Chul Han denuncia la voluntad de los dueños de las redes sociales globales dispuestos a acabar con los discursos racionales y el periodismo serio, empeñados en sustituir los medios democráticos y la democracia misma, para dar paso a la «infocracia como posdemocracia digital», en la que el control de los algoritmos maneja el mundo a oscuras y desde lejanas salas de máquinas.
En ese escenario, matar periodistas sale barato y suele resultar impune en casi todas partes. En 2025, la FIP anotó 128 periodistas y trabajadores de los medios asesinados.

Una característica específica de la lista de la FIP es que hace un esfuerzo suplementario para incluir en ella a otros trabajadores (operadores de sonido, reporteros gráficos, intérpretes, productores, fixers, conductores que acompañan a los equipos, etcétera), que son esenciales en muchas circunstancias para elaborar las noticias.
De ahí que la lista de la FIP suela ser más precisa que las de otras organizaciones profesionales. También sucede esto porque la FIP tiene organizaciones asociadas en prácticamente todo el planeta.
El objetivo es siempre intentar luchar contra el olvido y la impunidad, que suele ser predominante en casi todos los países.
Sin embargo, podríamos citar casos de asesinatos de periodistas en los que los responsables, casi siempre cercanos al poder, pero en los que su recuerdo anual ha terminado surtiendo efecto: los asesinos o sus mandatarios terminaron procesados y condenados.
En Perú, tenemos un buen ejemplo de hace poco más de un mes: la justicia peruana ha terminado ratificando el pasado mes de noviembre de 2025, la condena a doce años de cárcel contra el exministro del Interior y exgeneral Daniel Urresti, que en 2023 había sido juzgado y condenado por el caso del periodista Hugo Bustíos, asesinado en 1988.
La persistencia tenaz de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP), destacada organización integrada en la FIP, fue vital en todo el proceso y seguimiento del caso, así como en su oposición a permitir el olvido o la aplicación de toda posibilidad de amnistía que pudieran haber favorecido a Urresti.https://www.swissinfo.ch/spa/justicia-de-per%C3%BA-ratifica-condena-contra-ex-ministro-por-asesinato-de-periodista-en-1988/90392908
En 2025, el 44 por ciento de las/los periodistas asesinados en el mundo lo fueron en Gaza, un territorio donde la práctica de un sistemático genocidio parece continuar con la impunidad de los responsables, Benjamin Netanyahu y todo su gobierno.

Foto de Dawoud Abu Alkas/Agencia Reuters.
En general, los países árabes y de Oriente Medio, han sido el escenario de unos dos tercios de los casos de periodistas asesinados por ejercer su profesión. En varios de esos asesinatos, el responsable volvió a ser Israel, como en Yemen, «cuando un ataque del ejército israelí contra las oficinas del periódico 26 de septiembre causó la muerte de 13 personas trabajadoras de los medios. Este ataque está considerado como uno de los peores jamás perpetrados contra instalaciones de prensa».

En India, Pakistán, Filipinas, Bangladesh, Afganistán y Nepal fueron asesinados un total de quince periodistas. Según la FIP, «destaca el brutal asesinato del periodista indio Mukesh Chandrakar, el 1de enero de 2025, quien fue golpeado hasta la muerte debido a su trabajo periodístico y posteriormente encontrado en una fosa séptica».
Informar sobre la guerra de Ucrania ha sido el origen de la muerte de ocho periodistas ucranianos y de uno ruso, todos ellos víctimas de ataques deliberados con drones. También fue asesinado un periodista en Turquía.
Once periodistas fueron asesinados en el continente americano: en Perú (4), en México (3), así como Colombia, Honduras y Ecuador, uno por cada país de estos tres últimos.
En África, «Sudán fue el epicentro de los asesinatos de periodistas», dice la FIP, donde en total murieron dieciocho profesionales de los medios en el ejercicio de su profesión.
La FIP da a conocer también un cierto número de muertes de periodistas que perdieron la vida de manera accidental en zonas muy peligrosas o consideradas de riesgo.
Publica también una lista de 533 periodistas y profesionales de los medios que sufren procesos y condenas por informar libremente. En ese sentido, «China destaca como el mayor carcelero del mundo» para los/las periodistas, dice la FIP.
«Esas muertes nos recuerdan brutalmente que quienes ejercen el periodismo son blanco de ataques con total impunidad, simplemente por hacer su trabajo», declara Anthony Bellanger, secretario general de la FIP, para quien la frecuente desprotección de los profesionales de los medios ante ataques de todo tipo constituye «una crisis mundial» que requiere la acción decidida de los gobiernos para «llevar a los responsables ante la justicia y defender la libertad de prensa. El mundo no puede esperar más: es hora de establecer una convención de las Naciones Unidas que garantice la seguridad y la independencia del periodismo en el mundo».
La espiral de la intoxicación de las opiniones en las redes sociales, y en gran número de medios, hacen imprescindible el periodismo honesto y la búsqueda informativa de la verdad. Byung-Chul Han cita «la erosión de la verdad» como causa mayor del deterioro de la democracia. Los periodistas incluidos en la lista de la FIP ilustran el valor –social y personal– de quienes siguen oponiéndose a la falsedad mediática, a la propaganda y la mentira en las redes sociales.
El informe anual de la FIP, como el que elaboran otras organizaciones, es algo más que una simple lista y va más allá de sus datos estadísticos. Es un rechazo firme de la impunidad mayoritaria de la que gozan quienes ejecutan, incitan u organizan esos asesinatos.
Hacen falta más investigaciones y condenas que terminen como el proceso contra Daniel Urresti en Perú. Pues en el campo del periodismo, no habrá crisis definitiva mientras luchemos contra los difusores de las mentiras, que utilizan siempre para justificar sus crímenes.
La impunidad no puede predominar en ningún caso.



