“Atardecer” de Lászlo Nemes, un cuento cruel y muy real 

Una película muy personal, una fábula cruel y valiente que invita a mirar alrededor y asumir el estado del mundo actual

El realizador húngaro Läszlo Nemes ha vuelto a acertar con su segunda película, “Atardecer”,  de nuevo una obra brillante de casi dos horas y media, en forma de cuento de misterio, que “invita al espectador a que, junto a la protagonista, busque un posible camino a través del laberinto de fachadas y capas”.

Atardecer posterY de sombreros. En 1913, en Budapest, ciudad que rivaliza con Viena por ser el corazón de Europa en pleno apogeo del imperio austro-húngaro, Irisz Leiter (Juli Jakab, quien según el realizador tiene todo el aspecto de salir de una máquina de retroceder en el tiempo, “No Man’s Island”, “El hijo de Saúl”), una joven de veinte años, llega desde Trieste, donde ha crecido y ha aprendido el oficio de modista, a la capital húngara con la esperanza de poder trabajar en la antigua sombrerería de sus padres, muertos trágicamente.

Al nuevo dueño, de nombre Oszkar (Vlad Ivanov, “El concierto”, “Bachillerato”, “Ana, mon amour”), no le interesa contratarla. La búsqueda de un hermano, cuya existencia ignoraba, que es al parecer líder anarquista y autor del asesinato de un político, lleva a Irisz a investigar acerca de sus orígenes familiares y a moverse por las calles de una ciudad laberíntica y violenta, y por los meandros de una sociedad agonizante que está viviendo la antesala del caos de la Primera Guerra Mundial.

Lo mismo que en “El hijo de Saúl”, la cámara de “Atardecer” sigue a la protagonista durante toda la narración, perdida en esa ciudad que era entonces una de las más importantes de Europa, donde se cruzaban diferentes pueblos y culturas, así como los partidarios de todos los movimientos políticos, de la extrema derecha a la extrema izquierda, que iban a desarrollarse durante todo el siglo XX; una ciudad hervidero, menospreciada por el emperador que vivía en su palacio de Viena.

El espectador va descubriendo la ciudad al mismo tiempo que Irisz, que la dejó cuando tenía dos años y a la que siente no pertenecer, en un viaje que en todas partes revela un ambiente de complot, de conspiración, de secretos y misterios.

Dividida entre el pasado, el presente y un futuro gris que se adivina, entre tradición y modernidad, Irisz busca su lugar en ese mundo de pesadilla, entiende poco a poco que el imperio se desmorona y descubre la perversidad de los hombres de la alta burguesía que se aprovechan de las jóvenes inocentes, para acabar sumiéndose en un desconcierto identitario.

“Atardecer” es una película muy personal, una fábula cruel y valiente que invita a mirar alrededor y asumir el estado del mundo actual. En ese viaje memorable y mayoritariamente nocturno que comparte la protagonista y el espectador de “Atardecer”, el realizador Laszlo Nemes ha establecido un paralelismo entre la sociedad delicuescente que provocó la Primera Guerra, y la situación en la actual Unión Europea, donde confluyen países de culturas distintas, lenguas diferentes y sistemas opuestos:

“donde existe una fosa entre la burguesía y las clases populares, donde crecen ideas extremistas, fundamentalismos religiosos y movimientos terroristas. Donde se  vive con el miedo permanente de un atentado, una crisis económica, una catástrofe ecológica… donde algunos ven las señales de un apocalipsis o, al menos, del declive de una civilización…”.

Según declaró Laszlo Nemes -ganador del  Gran Premio del Festival de Cannes, el Oscar y el Gobo de Oro de 2015 con su primer largometraje, “El hijo de Saúl”, una impresionante película sobre el holocausto visto desde un punto de vista hasta entonces inédito (el de un prisionero  del campo de concentración de Auswitz)- cuando la película se presentó en Cannes es un homenaje al drama “Sunrise” (Amanecer) de Friedrich Wilhelm Murnau, estrenado en 1927: “Sunrise me ha inspirado. Describía brillantemente la locura urbana de Estados Unidos y el optimismo de la gente, la confianza que tenían, su inventiva…Esa película, y mis películas, hablan de las esperanzas y desesperanzas de una civilización”.

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Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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