¡Ave palabra en el Día Internacional del Libro y el Idioma!

Literalmente hablando, construimos un lenguaje que trasciende lo idiomático. Hablamos aún a riesgo de dependencia o adicción. Sentimos la embriaguez extrema de la palabra. Orgullo de lo dado y recibido; regalo gratuito del ser, generosidad sugerente que mitiga la orfandad y cobija lo político.

Xulio Formoso: ¡Ave palabra!
Xulio Formoso: ¡Ave palabra!

Allí están. Son letras que esperan mansamente dispuestas en seis hileras sobre el teclado. Semejan las cuerdas de una guitarra aguardando por unas manos sutiles cuyos dedos las pulsen y ajusten la afinación. Mi Si Sol Re La Mi.

Puntos, tildes, signos marcan entonaciones más fuertes que el tam-tam de un tambor tribal. Buscan sin cesar un buen tono mayúsculo que las distinga entre los bemoles de un discurso sin fuga ni pausa.

Hay días en los que no coincidimos: nuestras letras se van tras una quimera mientras anhelan descifrar la clave de una idea intangible hallando en ella su hogar. Letras que se revisan desde la A hasta la Z y, a tientas, siguiendo únicamente el sonido inseguro de la memoria, regresan a su destino.

Hay noches de desencuentros. Tratamos de leer los ojos de la persona amada mas sólo se dejan ver letras analfabetas paseándose sobre el pentagrama de garabatos inconclusos. Deambulan en la oscuridad siguiendo con los pasos alguna melodía interna que nos sedujera años atrás.

Hay letras sin adecuado retorno: nos dejan en el banco de una plaza cantando a capela sin sonido ni compañía. Prefiero las desmemoriadas y cálidas que desafinan con la respiración entrecortada y tararean la música porque se les olvidó su propia letra.

Me gustan las letras sonoras que saben cuándo callar. Se deslizan por el mástil descubriendo nuevos amores entre los trastes del tiempo. Me interceptan en los sueños. Me alcanzan en las madrugadas.

Lecturas para el desasosiego

Existen lecturas que son como relámpagos: fenómenos atmosféricos, misterios insondables, red luminosa para subir al cielo, terca sucesión de inquebrantables llamados, requiebros amorosos para seducir al amado.

Hay libros que relampaguean en la mayor amplitud territorial de nuestra realidad; transitan por nuestras vidas comunicándonos de nube a nube sin jamás tocar tierra; nos permiten permanecer en vilo a la altura de la felicidad, saber que la historia nunca acaba y la vida es siempre exagerada.

Otros textos son simplemente complejos no aptos para cualquier noche. Causan desconciertos, sobresaltos. Son libros para ser leídos de hamaca a hamaca en cruce vertiginoso de reflexiones y caricias para despejar el túnel, no sentirse extranjero, agradecer el fuego, soportar el castigo tras el crimen, no sucumbir a la levedad del ser.

Los relámpagos que estallan en chispas letradas muestran ideas que crecen silvestres, exóticamente cotidianas, emancipadas de todo formato, develadas sin prejuicios ni temor a ser escrutadas o rebatidas ya que son producto del ejercicio más riguroso del ser humano: soñar. Sueño sólidamente construido desde el pensamiento crítico, no improvisado para ser expuesto en el tarantín de la soberbia. Sueño iluminado con la belleza de la creatividad, no lanzado en el pozo séptico de la rutina. Sueño intervenido en la dialéctica de lo humano, no ensimismado en la confusión isócrona del egoísmo.

Los libros que fulguran en nuestro espacio contextual nos recuerdan que el mejor instante de amor es el que está por ocurrir ante los asombrados ojos de nuestra alma.

Xulio-Formoso-Libros
Xulio Formoso: Libros

Gente de palabra

Somos gente de palabra. Decimos, nos decimos y desdecimos. No importa. Somos coherencia y contradicción. Caligrafía inexacta. Ortografía sin ley. Vocablo invertebrado siempre entendido en el contexto. Esperanza polifónica de libertad.

Necesitamos el poema como noctámbulo compañero de nuestras horas abandonadas al pie del minutero; versos que inventan un café desnudo para exorcizar la miseria humana, rimas asonantes, prosas contundentes, parábolas de la realidad que nos vivifican y permiten dedicar aquel ahínco al brindis sereno de la felicidad.

Soñamos verbalmente; imágenes en sílabas, grafías ortopédicas, ayudas técnicas que sostienen el cuerpo de nuestros anhelos. Delirio y caos, templos reconstruidos a través de nuestros cuentos. Exageración fraterna fluyendo en sintaxis figurada que como artificio instintivo usamos en tribunas y aceras.

Amamos cada idea y ansiamos compartirla. Vamos dejando un reguero de bellas expresiones que, hallando resonancia en alguien, se resuelven en comunicación. Gesto sonoro, abrazo trisílabo, apoyatura del discurso que toma su valor del signo siguiente para no perder el compás.

La cercanía de la palabra nos permite elaborar nuestro proyecto de vida como si el miedo no existiera, como si siempre hubiese apoyo y respuesta para nuestras inquietudes, como si supiéramos que un beso a tiempo basta para continuar luchando.

Rechazamos toda imposición. La participación sana y salva. Nos negamos a privatizar el texto, a condescender a la impiedad mezquina de quien no comparte lo escrito y habla sólo frente al espejo. Necesitamos la caricia a toda voz, la página en blanco y negro así como de aquella dispuesta a recibir nuestra irreverente mácula.

Seguiremos siendo gente, soñando y amando hasta que el silencio nos separe.

 

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Ileana Ruiz (Venezuela). Activista de derechos humanos, investigadora social y periodista. Asesora en resolución de conflictos, educación popular, participación ciudadana y derechos humanos y profesora de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad. Articulista en el semanario venezolano “Todosadentro” del Ministerio de la Cultura desde 2006. Premio Nacional de Periodismo de Opinión, 2013. Entre sus publicaciones: De la indignación a la implicación (2006); Pueblo de agua: Cuentos para la educación en derechos humanos sobre la identidad del pueblo warao (2009); Servicio de policía bajo la mirada ciudadana (2010); La clave del acuerdo. Practiguía para la resolución pacífica de conflictos (2011); Pasos dados poco a poco. Memoria y cuentos del proceso de constitución de los Comités Ciudadanos de Control Policial (2012).

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