La emocionante historia del sargento turco Suleyman, quien salvó a una niña coreana, se ha convertido en una emocionante ficción, con visos de documental en muchos momentos, en «Ayla, la hija de la guerra», película dirigida por Can Ulkay (“Müslüm”, “Children of Sarikamis”): una huerfanita coreana y un soldado turco unidos para siempre en el drama que tuvo lugar en 1950.

El sargento Suleyman Dilbirligi, un dandy de una ciudad pequeña de los años 1950, piensa casarse con su bonita novia y emprender una vida “normal”, pero antes decide participar en la aventura de la guerra de Corea, donde Turquía forma parte de un grupo de trabajo de la ONU. Tanto él como su amigo Alí (Ali Atay, “40”, “Limonata”) llegan al frente sin ninguna preparación para el combate.
Drama humano en una situación de conflicto. La guerra está llegando a su fin, pero la división de infantería en que se encuentran es atacada por las tropas y los aviones de guerra norcoreanos. Los turcos ganan la escaramuza y, cuando los soldados deciden buscar al enemigo escondido en el bosque, Suleyman se encuentra con una escena dantesca: un pueblo entero ha sido masacrado, solo sobrevive milagrosamente una niñita que está cogida de la mano de su madre muerta.
Salvándola de otra emboscada, el soldado introduce clandestinamente a la niña, que se convierte en una especie de mascota para la tropa. A partir de este momento empieza algo parecido a una segunda parte: en las puertas del milenio, un equipo cinematográfico propone a un Suleyman mayor, casado y con hijos adultos, revivir aquella historia.
Llegados a este punto, el interés decae bastante a pesar de la introducción de nuevos personajes y, como ha escrito un colega, “habría sido mejor resolverlo con algunas frases escritas en lugar de ofrecer un final tan convencional cuyo objetivo parece ser conseguir unas cuantas lágrimas más”.



