Cannes 2017: Okja, un cuento muy reaccionario

Okja, del director surcoreano Bong Joon Ho, es la primera de las dos películas producidas por Netflix que figuran este año en la competición de Cannes. En la proyección de prensa fue acogida antes de empezar con algunos silbidos, dada la polémica suscitada por la participación de dicha plataforma de pago por internet. El festival ha decidido modificar sus estatutos y, a partir de 2018, no podrán participar en la competición películas que no tenga distribución comercial en las salas de cine.

Bong-Joon-Ho

La proyección fue perturbada por un error técnico, ya que el formato escogido deformaba o recortaba la imagen en la gran pantalla. Tras un largo abucheo, la proyección fue interrumpida y reanudada con quince minutos de retraso sobre el horario previsto.

Finalmente hemos podido ver pues este esperado, espectacular y paródico cuento futurista falsamente ecológico, realizado eso sí con una brillante tecnología digital, en la recreación de ese cerdo gigantesco llamado Okja. Digo esto porque contrariamente a cierta prensa que ha hecho de ella una lectura vegetariana y anticapitalista, Okja me parece una de las películas más reaccionarias que he visto desde hace mucho tiempo, por los valores que vehicula en este relato dirigido a un público adolescente y familiar.

Okja, es un cerdo  gigantesco genéticamente modificado, fabricado como muchos miles más en el mundo por una multinacional sin escrúpulos, y que es cuidado en Corea por una niña huérfana que vive con su abuelo. Esa historia de amor entre el cerdito y la nena se va a ver perturbada cuando la multinacional decide recuperar el cerdo mascota para llevarlo al matadero.

El guion un tanto simplista y caricatural, juega con la cuerda sensible del amor de la niña por  el monstruo, y con una abundancia de escenas de acción y persecución, cuando vienen en su ayuda una banda de ecologistas enmascarados “defensores de los animales”, tan caricaturales y perversos como la malvada mujer que dirige la multinacional. Todo sentido crítico se anula en esa oposición paródica de extremos ideológicos, tan estúpidos unos como otros.

Finalmente, en este cuento guiñolesco sobre la ecología, el maltrato animal y la alimentación genéticamente modificada, todos  resultan un tanto estúpidos, tanto los capitalistas como los “terroristas vegetarianos”.

Al mostrarnos el horror de ese matadero, con miles de cerdos esperando la muerte, como en un campo de concentración, el cineasta coreano y sus guionistas nos sirven la moraleja reaccionaria y antisolidaria del relato: la niña salva a su cerdito, comprándolo con un lingote de oro que le dio su abuelo, mientras abandona a los demás a su propia suerte.

En esta apología de la solución individual y del sálvese quien pueda, que apunta como inevitable esa absurda sociedad futurista, el cineasta surcoreano nos sirve varios axiomas neoliberales: “Se puede ser un grandísimo hijo de puta y asesino, y ser muy bueno en los negocios”; «Si peleas como la niña de la película puedes salvar tu pellejo y el de tu cerdito, aunque los demás vayan al matadero”; ni solidaridad ni lucha colectiva, sino tan solo una solución individual y a precio de oro. Los negocios son los negocios.

Lástima que con tan brillante tecnología no hayan optado sus autores por un relato diferente, pues estamos aquí en las antípodas de  aquella sana y recomendable rebelión en la granja contra la tiranía humana imaginada en 1945 por George Orwell, que hubiese sido sin duda una mejor fuente de inspiración para los guionistas de esta producción made in Netflix.

Okja es el reflejo de un cine comercial, de estos tiempos neoliberales que corren en Corea del Sur, en Estados Unidos y en el mundo. No soy pues buen cliente de fabulas almibaradas reaccionarias, y prefiero de lejos las utopías generosas, aunque haya que seguir nadando contra la corriente.

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Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en Paris de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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