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Convertir la basura en armonías

PES.- En Cateura, población de Paraguay, existe un vertedero donde nada es basura. Latas, trozos de cubiertos, botones, tubos, maderas viejas, candados y plásticos se transforman en increíbles instrumentos musicales que ayudan a promover la conciencia ambiental, el arte y la integración social.

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Considerado como uno de los “basurales” más grandes del país, desde 2006 funciona allí la Orquesta de Instrumentos Reciclados, una agrupación de jóvenes y niños de escasos recursos que aprenden música y ofrecen conciertos gracias al reciclaje y a la reutilización de materiales de descarte.

Fundada por Favio Chávez, técnico ambiental y músico amateur, la orquesta que ha cambiadoo la vida de muchas familias ha ido creciendo hasta alcanzar notoriedad internacional y recorrer escenarios de distintas partes del mundo. Ahora han realizado un documental, contando la experiencia, titulado Landfill Harmonic, que se estrenará en 2014.

Favio Chávez cuenta que la orquesta no fue una idea de un momento, sino un proceso: “Inicialmente trabajé en el vertedero de Cateura en un proyecto, sobre segregación de residuos sólidos, con los recicladores que trabajan allí. Comencé como técnico ambiental pero como una estrategia de vinculación social con las familias de los trabajadores pensé en enseñar música a los niños. Ellos se reunían con sus padres a mediodía, llevándoles la comida, y después se quedaban a jugar por allí. Cuando empezamos a crear los instrumentos reciclados no teníamos una idea muy clara, ni tampoco pensábamos que se iba a formar una orquesta”.

¿Por qué con materiales reciclados?: “La carencia de recursos y la condición de esos chicos me obligó a pensar en ciertas estrategias para que todos tengan instrumentos o por lo menos que todos puedan lograr algún sonido y que no se vuelvan a las casas sin haber tocado algo. Al no poder acceder a instrumentos convencionales la idea fue hacerlos reciclados; de esta manera fue posible lo imposible, que niños pobres aprendan a tocar música sin preocuparse en un principio por el dinero”.

Los instrumentos los fabrica un adulto, un reciclador muy hábil en carpintería al que se le proporcionó una formación adecuada. La primera creación fue un violín, luego una guitarra, ambos con materiales muy diversos dado que esto lo hacíamos en el centro de acopio de residuos sólidos donde yo trabajaba. Los niños ayudaron a entregar todos los materiales reciclados para procesar, entonces se formó una fuente inagotable de materia prima. Con el tiempo también hemos conseguido algunos instrumentos formales ya sean prestados, arreglados o donados.

Han pasado seis años desde que comenzó el proyecto: “De los que comenzaron en 2006 sólo dos quedan alumnos; eran 20 y 18 quedaron en el camino, pero con el tiempo vinieron otros 18, es algo que se renueva. Cuando empezamos a tener notoriedad se acercaron otros niños. Ahora que estamos completos, ya comprometidos, ensayamos los miércoles por la mañana y damos conciertos en Paraguay. Tocamos cualquier estilo: clásico, contemporáneo, música de los Beatles o de películas. Yo me adapto a la capacidad de mis alumnos y de los instrumentos. Con eso mantenemos un repertorio estable. También hemos salido al extranjero, por ejemplo el año pasado estuvimos en Río de Janeiro en la Cumbre Río+20, fuimos a Panamá y en noviembre a Bogotá.

Llevan al escenario lo que otros tiran: “Una persona que vaya a escuchar un concierto nuestro va a encontrar en el escenario el sonido de la música más culta de una orquesta sinfónica con elementos que ellos mismos han tirado a la basura. Entonces estamos llevando al escenario el foco al problema de los residuos y el problema social que genera, por medio de estos niños que viven de esos materiales. Respecto a la calidad de vida de los niños, en estos seis años he visto muchos cambios. En un principio les costaba ver un horizonte, ahora ya proyectan su vida para mucho más adelante.

El cortometraje documental “Landfill harmonic” (La armonía del vertedero), protagonizado por la orquesta de instrumentos reciclados del vertedero Cateura, lleva ya varios meses inspirando a miles de personas en todo el mundo. En la semana, el video subido a internet, dirigido por la colombiana Juliana Penaranda-Loftus con producción ejecutiva de la paraguaya Alejandra Nash (residentes ambas en Estados Unidos), fue visto más de 400.000 veces. En poco más de una semana, la orquesta Cateura recibió más de 19.000 mensajes electrónico, incluyendo de uno de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Londres:“Tenemos invitaciones para viajar, gente que quiere donar instrumentos”.

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Sobre Mercedes Arancibia

Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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