Crisis griega: entre el cabrón de la silla de ruedas y el héroe de la moto

Soy consciente de que el título que antecede no es de lo más ortodoxo que pudiera esperarse, pero he preferido enmarcar estos folios en dos conjeturas que se están dando en torno a la crisis griega, y que estoy conociendo en mi alrededor.

Varoufakis-en-moto

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Porque para un buen amigo mío en realidad se trata de la lucha entre el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäeble, que es, en su opinión, un auténtico cabrón con pintas, y ese gran dirigente también de las finanzas griegas que fuera el brazo derecho del primer ministro Alexis Tsipras, y que responde al nombre de Yanis Varoufakis.

Mientras uno va en silla de ruedas, el otro, con buena pinta, dinámico, altanero, es –también en opinión del colega-, un héroe para su pueblo. Y a todo esto añade dos apuntes más: por una parte tenemos al noble pueblo griego que está sufriendo todos los males a los que le están sometiendo los 18 países de la Zona Euro, y por otra argumenta que a la cabeza de todo este desaguisado se encuentra un país como Alemania, dirigida por la prepotente y paladín de la austeridad que es la canciller Angela Merkel.

El hecho no tendría la menor importancia si se tratara de un caso aislado, pero como periodista interesado en el tema llevo más de medio año observando que esta conjetura, esta manera de pensar parece haber calado tanto en algunos colegas que repiten dicho mantra, que acaba calando en parte de la sociedad.

Respetuoso con todas las opiniones, deseo aportar también mi parecer sobre la situación actual de Grecia, país al que de entrada le deseo lo mejor, una pronta recuperación y que siga formando parte de este conjunto de pueblos de la Unión Europea, y dentro de ésta en la Zona Euro.

Creo por mi parte que el asunto de la crisis griega es harto complejo, y en este sentido y como periodista que tiene como patrimonio su profesión procuro documentarme sobre lo que escribo por respeto a los lectores que son, a fin de cuenta, a los que nos debemos.

Y del tema creo saber algo, al menos para poder opinar con conocimiento de causa. Aparte de los seis meses que lleva el asunto en danza, que sigo diariamente, y sobre el que se están publicando miles de comentarios, hace años leí el libro «La espada de Damocles», del escritor turco y residente en Atenas Petros Márkaris. Se trata de una de las mejores obras que se han escrito sobre la crisis griega, en la que ya se advertía que Grecia caminaba hacia la ruina, como así ha sucedido. Y Márkaris no es un recién llegado, sino el hombre que desde Atenas ha hecho la radiografía más cruda de una realidad latente.

Era y sigue siendo un país cuasi sin Estado como tal, sin infraestructuras, donde dos familias, los Papandreus y los Karamanlis se sucedían a sí mismos, y donde el clientelismo, la corrupción, el enchufismo, la economía sumergida, campaba por sus respetos, mientras que los miles de millones recibidos de la Unión Europea como país receptor se dedicaban a todo menos a lo que debían dedicarse. Hasta que la cosa reventó, como así sucedió.

Son miles las informaciones que se están dando respecto a esta crisis, por lo que es de todos conocida: a grandes rasgos, Grecia lleva seis meses en una situación muy delicada, heredada a mi entender de fallos del pasado y responsabilidades presentes. Con una deuda equivalente al 175% del PIB, con una prima de riesgo superior a los 1000 puntos, pidiendo un tercer rescate que en un principio iba a ser de 7.500 millones de euros, cantidad que a la hora de la verdad supera ya los 80.000 millones.

Frente a semejante situación, y ante la negativa de los 18 países restantes de la Zona Euro a atender sus peticiones, el primer ministro Alexis Tsipras convoca un referéndum invitando a sus ciudadanos a no aceptar las condiciones de Bruselas, ya que se trataba de “medidas criminales” impuestas por “terroristas financieros”. El solicitado gana por el 61% de los votos, pero una semana después, y ante la realidad de un país sin fondos al que tiene que acudir a socorrer el Banco Central Europeo, con un corralito con las paredes a la altura de en 60 euros diarios y una ciudadanía cada día más irritada, tiene que aceptar no ya las condiciones primitivas, sino otras mucho más duras. Condiciones que una vez expuestas en el Parlamento de Atenas han sido aprobadas, eso sí, con el voto decisivo de conservadores, socialdemócratas y Po Tami, ya que una treintena larga de diputados de Syriza, el partido gobernante, han dado la espalda a su Gobierno, entre ellos el otrora héroe de las finanzas griegas, Yanis Varoufakis.

En torno a este tema, llama la atención el hecho de que tras el referéndum celebrado en Grecia el voto negativo fuera saludado en otros países de la Unión Europea con salvas de complacencias por diversos políticos de nacionalismo reaccionario, como son Jean Marie Le Pen, del Frente Nacional francés, el británico y eurófobo Nigel Farage, del UKIP, Amanecer Dorado, partido griego nazi sin tapujos, o el húngaro Viktor Orban. Y junto a ellos, aunque radicalmente en el otro extremo, tenemos al partido español Podemos, cuyo dirigente, Pablo Iglesias, saludó el triunfo con frases de este calado: “Todo nuestro apoyo al pueblo griego y a su Gobierno frente a los mafiosos”. “Espera, Alexis, que ya llegamos, espera que ya llegamos y vamos a ser más fuertes”. Al parecer, y una vez más, los polos opuestos se atraen.

Es cierto que el pueblo griego merece por supuesto todo apoyo para salir de la crisis y todo el respeto. Pero también lo es que no menos respetables son el resto de pueblos europeos y sus ciudadanos, sus Parlamentos, elegidos también democráticamente. Es por ello que causa estupor profesional ver cómo en algunas informaciones se pone en una balanza al noble pueblo griego, y en la otra a Angela Merkel, a “mafiosos financieros”, “especuladores” y otros adjetivos de mayor calado. Son 27 los países que pertenecen a la Unión Europea, 19 de los cuales se encuentran en la llamada Zona Euro o moneda común, y a todos competen sus normas, sus Directivas de obligado cumplimiento.

Habría para escribir cien folios con la documentación que reposa sobre mi mesa, pero la cosa no da para más, y se dejará para mejor ocasión. De entre la inmensa documentación he extraído tres notas que pueden dar al lector una pista de por dónde van las cosas. Después del referéndum, el periódico Libèratión, auténtica “capilla Sixtina” de la progresía francesa, titulaba en portada a toda página: “El NO de Zeus”. Es decir, que hasta los dioses estaban en contra de las medidas propuestas por Bruselas. Por su parte, el alemán Bild Zeitung, menos romántico pero más pragmático, también titulaba en portada: “Merkel rettet Griechland mit unsere Geld” (“Merkel salva a Grecia con nuestro dinero”). Debo decir que dicho periódico tiene una tirada superior a los tres millones de ejemplares, y que lo leen diariamente unos 10 millones de personas, de ahí su enorme influencia en la sociedad germana. Finalmente, de la prensa española, abundantísima en el tema, he escogido un análisis del periodista Xavier Vidal-Folch, publicado en El País el 19 de julio, en el que bajo el título de “La triple maldición de Grecia”, analiza la situación y el por qué de un país que ha llegado a donde ha llegado:

“Una cultura potente y una gente extraordinaria que ha sufrido lo indecible, sí –comienza Vidal-Folch-. Pero Grecia es también esta triple maldición: un Estado casi fallido, una economía atrasada y una ineficaz Administración”. Y a continuación el colega da pelos y señales, con datos concretos, del país en cuestión. Habla de un país sin aparato estadístico fiable, sin casi registro de la propiedad, cuya Inspección de Hacienda se somete al cuñado del ministro de turno, donde los sobornos a los inspectores de Hacienda están tarifados en el 8%, y una evasión fiscal acumulada en Suiza que podría ascender a 600.000 millones de euros. Solo tributan las clases medias y bajas, ya que ningún armador, naviero o rico de verdad paga.

Un país donde la iglesia Ortodoxa es la gran terrateniente, al tiempo que los popes son funcionarios públicos, ya que cobran del erario, mientras el Ejército se lleva el 3% del PIB, el más alto de la Unión Europea. En Grecia hay más funcionarios que en Reino Unido, siendo un país seis veces menor, y la escuela pública tiene cuatro veces más maestros que en Finlandia, pero su nivel está en el farolillo rojo. El sistema de pensiones es todo un mundo, organizadas en un centenar de susbsistemas que procuran estar por encima de los demás, siendo los más afortunados los periodistas, funcionarios del Banco de Grecia, telefónica OTE, compañía eléctrica…

Y si algún griego tiene la “desgracia” de trabajar en una de las profesiones consideradas como “penosas”, como pueden ser peluqueros, locutor de radio, camarero, músico o bailarín y otras muchas, se convertirá “en acreedor del derecho a pensión desde los 52/55 años”. Como dice finalmente Vidal-Folch, “en Grecia se han cometido innumerables animaladas, ajenas y propias. Un país capaz de resistir y no morir en el intento es sin duda un gran país”.

Un gran país, sí, pero un país necesitado de ayuda, y toda la que sea posible por parte del resto de países de la Unión Europea. Pero también un país necesitado de sentido común, de cabezas pensantes, de gobernantes que llamen a las cosas por su nombre y aparquen las demagogias que no conducen a ninguna parte –a las pruebas me remito-. Un país que muchos deseamos que siga perteneciendo a una Unión Europea en la que muchos creemos, y a la Zona Euro que 19 países se han dado. Lo demás son fuegos de artificio, brindis al sol, enaltecimiento del líder mientras millones de personas se preguntan por su mañana.

Schaeble-Varoufakis

No se trata pues, del dilema entre el cabrón de la silla de ruedas alemán y el héroe heleno de la moto de gran cilindrada, como dice mi amigo. Las cosas corren a tal velocidad que posiblemente los dos estén amortizados cuando vean la luz estas líneas. Yanis Varoufakis, el otrora genio de las finanzas griegas ha acabado como nadie lo esperaba, traicionando la confianza del hombre que le aupó y votando en contra. Así se escribe la Historia. Wolfgang Schäeble, por su parte, tiene discrepancias con Angela Merkel acerca del futuro de Grecia, pero en Alemania la que manda es la canciller, con un 70% de apoyo popular. Un pueblo, cabe pensar, que merece el mismo respeto que los demás.

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@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal. He colaborado en diversos medios, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviu, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros. Tengo escritos tres libros: Memorias de un internado, Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix y Lenguaje y comunicación. Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid. Trabajos en series de televisión, películas y publicidad.

1 Comentario

  1. Coincido a grandes líneas con el análisis del compañero Conrado Granado, especialmente en cuanto al diagnóstico de la enfermedad griega. Sin embargo, habría que añadir un pequeño detalle. Desde que Grecia entró en la Eurozona, TODOS incumplieron las normas, tanto los prestatarios/prestamistas griegos como los prestamistas del norte (básicamente la banca alemana y francesa)
    Si suele existir un acuerdo generalizado en que tan culpable es el corruptor como el corrupto… No parece de justicia que sólo se penalice al corrupto (Grecia) y, en cambio, se movilicen todos los recursos del Estado (A mejor decir, los estados y la famosa Troika) para que el corruptor (el sistema financiero francoalemán) no sólo salga de rositas sino que haga de nuevo un buen negocio con los rescates a Grecia… a casi el 5%.

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