El desenfoque de los hechos mediáticos

El error en la apreciación de algunas noticias elude un debate profundo sobre la crisis de valores

Bob Esponja en el fondo del mar (laranaroja.com)

Hay hechos que aparecen en los medios de comunicación que ocupan mucho tiempo, espacio y atención en elementos que, siendo importantes y atractivos, desvirtúan el fondo mismo de las cosas y que evitan que se produzca un debate sobre su sustancia, en la que subyace una crisis de valores.

La gran cantidad de información que fluye, la rapidez con la que se analiza, la ligereza en el pensamiento e, incluso, la frivolidad, pueden ser elementos que incidan en ello.

Hay tres ejemplos recientes que ponen de manifiesto que, de manera intencionada o no, nos fijamos colectivamente en elementos que impiden que la crítica quede en la superficie y no llegue allí donde habita Bob Esponja.

El primero de ellos es lo de las copas baratas, o subvencionadas, como se ha calificado en algunos medios, en la cafetería del Congreso de los Diputados.

Que las Administraciones limiten el precio de lo que se consume en las cafeterías que están reguladas por una concesión es una cosa habitual y podría considerarse también normal, al igual que se determinan los precios cuando se concede la gestión de una instalación deportiva o de un centro de mayores a una empresa privada. Sucede en las cafeterías de los complejos administrativos, de la que se benefician funcionarios y trabajadores públicos en general y todo quisqui que tenga acceso a ella, muchas de ellas sin limitación.

Jesús Posadas (www.congreso.es)

Aquí nos hemos quedado en lo de los gin tonic (¿cómo será el plural de este combinado?) subvencionados (ahora caigo que quizás por eso en algunos medios se ha hablado de “cubatas”) y en la rectificación posterior liderada por el presidente de la Cámara, Jesús Posada, y no nos hemos planteado que el asunto no es, al menos sólo no es, que el gin tonic de autos costase 3,45 euros muy alejado de su precio de mercado (una cola light en la Estación del AVE de Santa Justa, en Sevilla, cuesta 2,90, nada menos), sino que qué hace un representante de la soberanía nacional consumiendo alcohol de alta graduación en el templo de la democracia.

¿Es lógico que una cafetería de un parlamento abastezca más allá a sus señorías y visitantes (que no invitados, como demagógicamente se ha enfocado en algunas tribunas el asunto) de lo que sea necesario para el apoyo logístico a su labor, es decir, para no pasar hambre ni sed en el marco de su centro de trabajo habitual?

Lo del precio es el segundo elemento del asunto, pero en el primero no nos hemos fijado. Ni baratas, ni a precio de mercado, el que quiera copas, que se las tome fuera del parlamento.

La segunda historia desenfocada es la autoinculpación del diputado madrileño Antonio Carmona sobre lo teledirigido que va a las tertulias de la TDT party.

Antonio Carmona (gpsoeasamblea.es)

Aquí nos hemos quedado en la supuesta dirección política de sus manifestaciones en la televisión a través de mensajes telefónicos.

Que Carmona cumplió con su responsabilidad de informarse de lo que iba a hablar en una tertulia puede parecer extraño, por muchas de las cosas que se ven y sobre todo que se oyen y se leen, pero no hacía más que cumplir con su obligación de no ir a la televisión a lanzar balones fueras sin orden ni concierto y, por encima de eso, sin criterio.

Que alguien, ya pudo ser el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, o el vicesecretario general del PSOE andaluz, Mario Jiménez, o cualquier otro, le pudo apuntar algún dato a través del móvil, tampoco sería de extrañar. Las tecnologías ahora permiten eso y no sería reprochable que hubiese sucedido.

Lo que descalifica a Carmona es con el desparpajo que se muestra en el vídeo, cuya grabación fue curiosamente “robada” en la Agrupación Socialista de Chamartín, asumiendo el papel de marioneta de un tercero, sin criterio propio, como un pelele intelectual.

¿Se puede confiar en quien confiesa que es un Macario en la mano de un José Luis Moreno de turno? ¿Y si lo dijo lo que no pensaba ni era cierto para contentar a la audiencia que le recriminaba lo que hacía en la TDT party y sus cada vez más parecidos sucedáneos, hipótesis que podría no ser muy desacertada, tiene credibilidad para estar en la cosa pública?

El periodista Gervasio Sánchez lo ha dicho en su Twitter. El único camino que le queda es el de la puerta de la calle.

Gervasanchez El desenfoque de los hechos mediáticos
Twiiter de Gervasio Sánchez

 

Y el tercer caso no deja de reunir todos los requisitos del manual de “vamos-a-hacer-las-cosas-peor-que-fatal”.

La Mesa del Parlamento de Andalucía acuerda subir el sueldo, mediante la asignación de dietas, a su presidente a un portavoz adjunto por cada uno de los grupos parlamentarios.

Nos hemos parado en que “si en plena crisis se suben el sueldo” y en que “todos son iguales”. Demasiado simple para un tema de tanto calado.

Manuel Gracia en www.parlamentodeandalucia.es

 

Aquí ha habido una labor imprescindible de un medio de comunicación, Diario de Sevilla, y una respuesta inmediata, enérgica y ejemplar de José Antonio Griñán.

Podemos valorar que incidiendo en el nada ya sutil resbalón de la subida salarial, el presidente del Parlamento andaluz, Manuel Gracia, no se ha amilanado y se ha lamentado de que el resto de la humanidad se haya enfadado con su acción y la de sus compañeros de Mesa. Y también que a su obligada rectificación le hubiese precedido una justificación cuando menos curiosa. Porque en el origen de la justificación, el origen de verdad, no el declarado, está en este caso la sustancia, a la que tampoco hemos llegado esta vez.

Al menos también aquí ha habido una respuesta desde el periodismo, hay análisis que hacen que el protagonista quede en evidencia, como el que hizo Antonio Avendaño en su recién estrenado andaluces.es

@alvarovegacid

www.alvarovega.es

Álvaro Vega
Álvaro Vega (Córdoba, España, 1963) es periodista de la Agencia EFE, actualmente en excedencia por su pertenencia desde mayo de 2008 al Consejo de Administración de la Agencia Pública Empresarial de la Radio y Televisión de Andalucía (RTVA), que gestiona todos los soportes de Canal Sur, y forma parte de la junta directiva de la Sección Española de Reporteros Sin Fronteras (RSF) desde junio de 2011. Es autor de cinco libros, cuatro ensayos ("Palacio Portocarrero. Baluarte del Renacimiento en Palma del Río", "El pato que se hizo andaluz", "El papel de la prensa en Córdoba durante la II República" y "Provincializar no existe, pero funciona") y una una novela, "El letargo de Abudia". www.alvarovega.es

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