El ‘no pasarán’ de Rajoy en Catalunya

Es no conocer Catalunya. Es no conocer el nacionalismo catalán. Es no conocer la dialéctica práctica de los nacionalismos, que se retroalimentan.

Rajoy-Aznar-FAES-Catalunya
Mariano Rajoy y José María Aznar en Faes

Rajoy, nuevamente, en esto se equivoca. Como se equivocó Aznar. Los dos, queriendo lo contrario, han alentado el nacionalismo catalán.

La ley es la ley, pero hay que razonarla. Tiene su sentido, pero hay que explicarlo, antes que querer aplicarla a toda costa. Además, las leyes se pueden canbiar.

Las leyes son para ordenar juridicamente la vida social según convenga mejor a la colectividad en las circunstancias adecuadas. En este sentido, aprobadas democráticamente, son de obligado cumplimiento. Lo que no son, ni pueden servir, es de parapeto para la defensa de posiciones partidarias. Ni de muro de contención, como el famoso ‘no pasarán’.

La férrea actitud legalista del presidente Rajoy es comprensible, en defensa del Estado de derecho, pero si no va acampañada de la pedagogia necesaria, se puede convertir en un frontón donde rebotan todas las pelotas de reclamaciones legitimas.

Ni el Gobierno central, ni el partido Popular que lo sustenta, ni el mismo Rajoy, han sabido construir un discurso suficientemente razonado, comprensible y atractivo sobre las ventajas de una España, como Estado plurinacional, diverso y cohesionado, al mismo tiempo, para contraponerlo al que sí ha sabido hacer y divulgar, de forma contagiosa, el nacionalismo. Es, seguramente, su gran carencia en este terreno.

No sirve el ‘no’, aunque sea legal. Las leyes dan de sí lo que pueden, no más, en una sociedad dinámica y con aspiraciones diversas. Cuando se generaliza la idea de que la Constitución, con el tiempo se ha convertido en un candado, es que no se ha aplicado adecuadamente o que ha llegado el momento de revisarla, de modificarla, para que responda a las necesidades actuales del bien común.

Con el ‘no pasarán’ lo que se consigue es agravar las cosas, enconar el enfrentamiento. Ir perdiendo terreno que, se decía, querer preservar. La sociedad catalana no es belicosa, pero se crece en los enfrentamientos. Su tendacia a agruparse, a «hacer piña», en las reclamaciones que considera legítimas y desatendidas o negadas, con más rotundidad que razonamientos comprensibles, es de una tozudería asombrosa.

Es lo que está ocurriendo en el panorama, bastante confuso y contradictorio, de la política catalana. Confusión y contradicciones que no le harán arredrar en su pretensiones, con raices históricas, culturales y sentimentales muy fuertes. El discurso del ‘no’, por muy legal que sea, no es suficiente.

La fuerza de la historia milenaria, de la cultura enraizada en el pueblo y el hondo sentimiento de identidad, siempre acaban saltando o reventando las compuertas.

No vale, señor Rajoy, el ‘no pasaran’. Algún dia, por algún sitio –de buena o mala manera-, pasarán, si se empeña en atrincherarse en un «muro» de cal y no de comprensión y razonamientos más convincentes que los contrarios.

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