El periodista español Pablo Gato entre guerras, libros y Washington

Pablo Gato es uno de los periodistas que más guerras ha cubierto, entre ellas la guerra Perú-Ecuador, Afganistán, la invasión de Irak, Kuwait, la revolución sandinista en Nicaragua, la guerra civil en El Salvador, el conflicto civil de Guatemala, la invasión de Haití y Panamá y las guerras de la Antigua Yugoslavia.

Pablo Gato en Univisión
Pablo Gato en Univisión

Esta carrera periodística en los Estados Unidos ha sido galardonada con dos Emmys, seis nominaciones, menciones de Honor de la Academia de las Artes, las Ciencias y la Televisión de EEUU, además de otros premios y una presencia activa en los informativos nacionales de las cadenas hispanas Telemundo, Univision, Telemundo-NBC, Telenoticias-CBS y CNN.

Cubre las noticias de presidencia para Univision en Washington y vive en la capital donde está afincado hace varias décadas.

Junto a su intensa actividad periodística, ha desarrollado una labor de escritor en tres novelas: Unidad 120050, Editorial Gregal de España, 2014; El Plan Hatuey, Editorial Verbigracia de España, 2006; y su última novela: Shinkiro: La última misión de Aritz Goikoetxea, Editorial Casasola. Esta novela fue editada en Estados Unidos, va por su segunda edición y su tema sobre el separatismos vasco y catalán ha atraído la atención de medios y público. Todos sus relatos se desarrollan en distintos escenarios y distintos países, siendo novelas de la globalización, además de controversiales y con temas de actualidad.

Por ser su vida casi una novela, por haber esquivado la muerte en los conflictos de guerra como buen gato, cubriendo una labor periodística premiada y reconocida y por su afán novelístico polémico, procuramos entrevistarlo. Siendo amigos en Facebook, aceptó la entrevistas y estos son sus testimonios.

Adriana Bianco: Naciste en Brasil pero te criaste en el seno de una familia española y te formaste en España, en Barcelona. ¿Cómo descubriste tu vocación periodística y cuándo comenzaste con ella?

Pablo Gato: Fue un proceso natural. A los catorce años ya comencé una revista en la escuela con dos amigos y de ahí hasta hoy.

AB: Has estado en las guerras del siglo como corresponsal y hemos seguido sus comentarios. Esa experiencia te debe haber marcado. ¿Cuál de los conflictos bélicos te impactó más y por qué?

PG: La guerra en Bosnia, no sólo por la brutalidad, sino por ver que, en demasiadas ocasiones, los seres humanos no aprendemos de nuestros errores. Apenas cincuenta años después de la Segunda Guerra Mundial (la peor en la historia y que se cobró la vida de sesenta millones de personas), de nuevo teníamos otra guerra en pleno corazón de Europa. Sarajevo está a más o menos a media hora en avión de Roma. Mientras en Roma podías tomarte un delicioso café caliente, en Sarajevo vivían un verdadero infierno y cualquier persona podía morir en cualquier momento.

AB: El periodismo está pasando un período difícil con las falsas noticias, las redes, las manipulaciones y el descrédito. ¿Cómo consideras que hay que consolidar la profesión? ¿Qué es para ti ser periodista?

PG: Me parece que los informativos no deberían regirse por ratings o niveles de audiencia, sino ser un servicio público para la audiencia. Las cadenas aún tendrían veintitrés horas al día para tener otro tipo de programas comerciales y ganar dinero. De esa forma podrías informar, no competir por audiencia.

AB: ¿Cuándo y por qué decidiste escribir ficción, convertirte en un escritor de novelas?

PG: El periodismo es una camisa de fuerza porque tienes que apegarte a los hechos. La ficción te permite liberarte de esa camisa de fuerza. Por otro lado, en periodismo televisivo apenas tienes tiempo para contar las cosas. Si te gusta la investigación como a mí, un libro también te permite ahondar en un tema que te interese. Mis tres libros siguen la filosofía que llamo realismo ficticio. Las tramas son ficción, pero podrían suceder mañana y yo explico en detalle cómo.

AB: Coméntame tu novela de El Plan Hatuey.

PG: El Plan Hatuey es la historia de un alto mando militar cubano que, temiendo que la revolución podría estar en sus últimos suspiros, decide lanzar un ataque devastador contra EEUU para pasar a la historia como el único verdadero comunista que osó enfrentarse al que considera su gran enemigo. La historia está basada en un plan real.

AB: Con respecto a tu reciente novela Shinkiro, palabra japonesa que significa espejismo, nos enfrentamos a un complejo relato, por un lado policial, de terrorismo internacional, espionaje, intriga, que sucede en España, Japón, Estados Unidos, México, Nicaragua, Colombia, Brasil e Israel. De trama múltiple y de múltiples escenarios, un ejemplo de la globalización novelística a la manera de Jorge Volpi o Roberto Ampuero. El centro de la trama es el separatismo catalán, tú, te criaste en Barcelona… Cuéntanos cómo surgió esta novela y por qué decidiste escribirla?

PG: Es la historia de una célula rebelde de la organización terrorista ETA que decide lanzar un plan más basado en la imaginación que en la fuerza. El objetivo no es dar un golpe al Estado español, sino crear una situación en la que España se vea forzada a dar la independencia a Cataluña y al País Vasco. El primer plan de esa célula es el libro «Unidad 120050». La segunda parte del plan es el libro «Shinkiro». El independentismo es un tema que afecta mucho a Europa y al mundo. Aunque pocos lo tengan en el radar, hay también numerosos movimientos independentistas en EEUU. Texas es un ejemplo. Hay millones de personas en Texas que dicen querer separarse de EEUU. Con la actual división política en el país, es un tema al que hay que prestar mucha atención.

Pablo Gato en Iraq
Pablo Gato en Iraq

AB: Eres gato de varias vidas en los conflictos bélicos y uno de los pocos corresponsales de guerra que quedan en el periodismo internacional a la manera de Hemingway. ¿No pensaste en contarnos esas experiencias?

PG: En Shinkiro hay un sub argumento que sucede en Sarajevo. Refleja algunas de las cosas que viví allí durante la guerra. En Unidad 120050 también se relatan situaciones que experimenté en la guerra en El Salvador. He tenido mucha suerte. He cubierto muchas guerras y conflictos y siempre he salido sin un solo rasguño. Algunos de mis colegas no regresaron a casa. Mi profesión me ha llevado a una relación de mucha cercanía con la muerte, tanto propia como ajena. Espero poder contar algunas de esas experiencias en un próximo libro.

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