El Vaticano es responsable de los abusos cometidos por sacerdotes

El Comité contra la Tortura (CAT) de Naciones Unidas ha dictaminado este 23 de mayo 2014 que el Vaticano, como Estado parte de la Convención contra la Tortura y otros Tratos Crueles, es responsable de los abusos cometidos por sus sacerdotes en cualquier lugar del mundo.

Felice-Gaer“Nosotros no decimos que el Vaticano es responsable de todas y cada una de las violaciones cometidas por cualquier cura. Pero sí decimos que la Santa Sede ha violado la Convención en los casos en que fue informada de abusos e ignoró las acusaciones, y eso, que nosotros sepamos, ha pasado al menos unas cincuenta veces”, expresó en rueda de prensa la relatora del caso, Felice Gaer.

El Comité rechaza así el argumento de la Santa Sede de que no tiene jurisdicción sobre los delitos cometidos por sus ministros en terceros países, porque “no es consecuente con el instrumento internacional” que ha suscrito.

El Comité recuerda que la Convención estipula que “todos los funcionarios públicos o personas que actúen en una capacidad oficial” deben cumplir con las obligaciones contraídas por el Estado Vaticano en virtud de ese tratado.

En este contexto, el Comité señala que el Vaticano debe tomar medidas para controlar y evitar que su personal cometa o consienta más actos de tortura: “control significa que el Vaticano supiera del caso, fuera informado y no actuara; o fuera informado y ordenase trasladar al abusador en lugar de perseguirlo y castigarlo”, explicó Gaer.

Asimismo, el Comité indica que la Santa Sede debe detener esas conductas y sancionar a quienes violen los principios de la Convención e insta al Vaticano a investigar las denuncias y a suspender inmediatamente de sus labores a los presuntos responsables de atropellos para evitar que continúen los abusos o intimiden a las víctimas.

Agrega que cuando se encuentre responsable a algún ministro se le debe sancionar adecuadamente, incluyendo la expulsión del servicio clerical.

Además, el Vaticano deberá notificar a las autoridades civiles del lugar donde se hayan cometido los presuntos delitos para que éstas investiguen y procesen a los perpetradores cuando sea el caso.

El Comité pide en sus conclusiones una reparación para las víctimas, independientemente de que el responsable haya sido o no juzgado.

El Vaticano se sometió al escrutinio del Comité los pasados 5 y 6 de mayo y el argumento de su representante permanente ante las Naciones Unidas en Ginebra, Silvano Tomasi, fue que, desde el punto de vista legal, la Convención sólo se puede aplicar a lo que suceda en la Ciudad del Vaticano y a los funcionarios que trabajan exclusivamente en su territorio.

El Vaticano ha hecho pública la decisión de  “tomar nota y dar la más seria consideración a las recomendaciones” del Comité para evitar los abusos, denunciarlos si ocurren, apartar a los pederastas de su ministerio e indemnizar a las víctimas.

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1 Comentario

  1. Lamentablemente creo que El Vaticano y sus autoridades, hasta hoy no dan una respuesta verdadera como la esperada por el público acerca de los abusos en que han estado y están implicados sacerdotes; lo que junto con provocar una decepción de ente, constiuye un respaldo a una situación de privilegio que está diciendo de facto que quienes están investidos de “orden sagrado”, son distintos ante las leyes de la sociedad y las leyes morales, en cuanto a responder por sus delitos, pues cuentan con protección de hecho o de omisión institucionalizada nada menos que en la misma religión rectora de la vida y de la moral del Occidente en los últimos 19 a 20 siglos. En las diferencias internas que en torno a los abusos sexuales sacerdotales tuvieron el Cardenal Angelo Sodano (que les bajó el perfil o directamente los ignoró ex profeso, o brindó lo más parecido a protecciones) y el Cardenal Ratzinger luego Papa Benedicto XVI (que estuvo por una posición de “esto no puede ser ni continuar”, comillas mías); está clarísimo que se ha continuado más bien en una inclinación más “Sodanista” que “Ratzingeriana”.
    No se puede “tapar el Sol con un dedo”, menos en nombre de una idea y fuerza tan potente como la creencia en Dios en sentido judeo-cristiano occidental, porque en la dimensión moral y ética es mucho, muchísimo más grave -que para otras entidades- precisamente por el carácter de ser de la misma institución religiosa.
    Como escuché decir a mi madre desde yo bien niño, en sentido crítico de quienes tenían contradicciones entre la fe católica y su conducta: “Ahí está, el Diablo vendiendo cruces”.

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