Elio Petri: “La propiedad ya no es un robo”

Estreno en Francia en versión restaurada

El filósofo y economista anarco socialista Pierre Joseph Proudhome afirmaba en 1840 que “la propiedad es un robo”. El dramaturgo y poéta alemán Bertold Brecht en pleno siglo XX se preguntaba con humor e ironía “¿Que es robar un banco, comparado con fundarlo?”.

cartel-petri-propiedad-roboEn esas dos célebres frases de tan destacados personajes históricos se inspira el tema y el título de esta película del director italiano Elio Petri, cuyo título original italiano es “La proprietà non è piu un furto”, realizada en 1973. De estreno en Francia el próximo 12 de febrero.En España hubo que esperar la llegada de la democracia para que la película de Petri se estrenara en 1981 con el título de “El amargo deseo de la propiedad”. En la edición 2013 de la Mostra de Venecia, “La proprietà non è piu un furto” fue galardonada con el León de Oro de la mejor película restaurada. Un merecido homenaje a este cineasta italiano, autor de nueve largometrajes de ficción, pero conocido sobretodo por dos de sus mayores éxitos: “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha” 1970, y “La clase obrera va al paraiso” 1971.

Elio Petri, fallecido en 1982, es uno de los directores mas originales del cine italiano contemporáneo, desde sus comienzos en los años sesenta con “El asesino”, una brillante ópera prima que contiene y prefigura toda la temática tan personal como política de su obra ulterior. Nacido en una familia de origen obrero, militante comunista y periodista en el diario L’Unita, de crítico de cine pasó luego a la producción y a la escritura de guiones, trabajando con Giussepe de Santis, antes de lanzarse el mismo en la realización cinematográfica.

En ruptura con las orientaciones estalinistas del Partido Comunista Italiano desde la invasión soviética en Hungria en 1956, aunque convencido marxista Elio Petri se afirma como un cineasta crítico e independiente, con una obra coherente y original, que tuvo grandes éxitos en los años sesenta y setenta. Con “A cada uno lo suyo” 1967, fue galardonado en el festival de Cannes como mejor director. En 1970 “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha” obtuvo el premio especial del jurado y en 1971 “La clase obrera va al paraiso” ganó la Palma de Oro en ese mismo festival.

En 1973 “La propieta non è piu un furto” viene a completar en cierto modo lo que el propio Petri consideraba como una especie de trilogia sobre la burguesía y la sociedad capitalista, a través de tres “infiernos” diferentes. Para Petri el denominador común entre “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sorpresa” , “La clase obrera va al paraiso” y “La propiedad ya no es un robo” era sobretodo la descripción de un “huis clos”, un espacio cerrado, un infierno, una enfermedad característica de la sociedad burguesa. Tres guiones coescritos con su fiel colaborador Ugo Pirro, y tres películas con música de Ennio Morricone.

En la primera se trataba del poder político y la enfermedad provocada por ese uso y abuso de poder. En la segunda abordaba el infierno de la producción, de la fábrica y de la alienación del trabajo asalariado. Ambas interpretadas por Gian Maria Volonté, quien había protagonizado también antes “A cada uno lo suyo”. “La propiedad ya no es un robo” con Ugo Tognazzi y Flavio Bucci como protagonistas, nos habla en cambio del infierno del dinero, del deseo de posesión y de la propiedad.

Si la continuidad temática es evidente entre las tres películas y el tono crítico y la causticidad de Petri es la misma en los temas denunciados, formalmente opta en “La propiedad ya no es un robo” por una puesta en escena mas expresionista, en la que busca la distanciación emocional del espectador, inspirándose en las teorias del dramaturgo Bertold Brecht.

El resultado es una comedia negra, esperpéntica, desesperada, mucho más radical que las dos obras anteriormente citadas. Los monólogos de sus personajes interrumpen por momentos la narración, concebida como una yuxtaposición de secuencias que buscan provocar al espectador , invitándonos a reflexionar sobre los temas abordados: el sentimiento de posesión, el poder del dinero, la mujer o el hombre objeto, el sexo como simple posesión del otro, el dinero sucio o ese que no tiene olor, la policía, el robo y los ladrones, los banqueros y el sistema que necesita de ese equilibrio entre ladrones legales e ilegales.

Los dos personajes protagónicos son: Total, un modesto empleado bancario, alérgico al dinero, a quien el mero contacto con los billetes le provoca upticaria y picazón; y un carnicero mafioso de pocos escrúpulos, que trata a todos con desprecio y a su amante como un objeto mas de su propiedad. Con referencias a Marx y a Mandrake el mago, Petri convierte a su enfermizo empleado bancario en militante marxista-mandrakista en lucha contra el sistema, siendo ese poderoso y poco escrupuloso carnicero -interpretado por Ugo Tognazzi- el símbolo evidente y el blanco de sus ataques y rapiñas.

¿Ser o tener? ¿Es la enfermedad un robo? ¿O mas bien una enfermedad incurable? ¿Puede la policia vivir sin los ladrones? ¿Son los ladrones una fuente generadora de empleos en este sistema capitalista basado en el enriquecimiento y la acumulación de bienes? ¿Puede haber robo, si no hay propiedad? Policia e Iglesia, hombre y mujer, propiedad y robo son binomios de este mundo paródico y deformado, en el que el edificio del banco tiene el aspecto de un templo o catedral.

La esquizofrenia es regla general, el actor que roba la identidad de sus personajes es también un ladrón y aparece en la escena como bisexual, medio hombre, medio mujer. El carnicero, hombre de poder es, como en “Bajo la máscara del placer” (La rue sans joie) 1925, de Georg Wihelm Pabst, el símbolo de nuestra especie humana carnivora, artífice de la explotación del hombre por el hombre.

Petri asume a fondo sus referencias brechtianas y expresionistas. Si sus opciones de puesta en escena, pueden parecer hoy fechadas en su época, su impacto y su interés no han sido alterados por el tiempo. Su irrecuperable causticidad y su guión repleto de ideas, hacen de “La propiedad ya no es un robo” uno de esos clásicos del cine que vale la pena ver y volver a ver.

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Cuando el actor Flavio Bucci -intérprete de Total- quema un billete de banco ante la cámara con su encendedor, acción evidentemente ilegal, no puedo dejar de pensar en el cantante francés Serge Gainsbourg, quien años después hizo lo mismo en directo en la Televisión francesa, y que como buen cinéfilo debía conocer esta película de Petri. El discurso de Paco “el argentino” en el funeral del fallecido actor y ladrón Albertone, es de verdadera antología, en su explicación del robo y del mundo de los ladrones como contrapeso lógico del sistema político y policial y como elemento generador de empleo y de ese crecimiento económico, tan presente hoy en todos los medios informativos.

Ese patético ladron enmascarado o disfrazado de cura, víctima de su esquizofrenia, roba un cuchillo, un sombrero, las joyas, el dinero , o se lleva a la propia cajera y amante del carnicero, con la convicción de que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Su honesto padre –personaje felliniano- termina sin embargo afirmando que el caviar robado tiene el mismo gusto que el que cuesta tan caro. Y será su monólogo la conclusión del film, al afirmar “Mi hijo era como un padre para mi”.

No es evidentemente ésta una película comercial, y la distancia buscada, como su puesta en escena expresionista y guiñolesca, sus primeros planos, o sus personajes filmados de cerca, buscan esa deformación esperpéntica que coloca al espectador ante su propia esquizofrenia, en esta lúcida reflexión sobre la alienación del ser humano, de absoluta actualidad. No aporta Petri soluciones ni final feliz. Todos sus personajes son negativos y su diagnóstico es que se trata de una enfermedad incurable. Soñar con la utopia es sin embargo para Petri una forma de salutaria resistencia y de generosa reflexión, que comparto a cien por cien… en esa necesaria lucha contra la propiedad… privada de razón.

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Periodista profesional en Francia desde 1976. Miembro del Sindicato Francés de la crítica de cine y de FIPRESCI, he cubierto desde 1979 sin interrupción los festivales de Cannes y de San Sebastián, así como otros festivales internacionales. En San Sebastián presento desde 2008, los “Desayunos horizontes” en la sección Horizontes Latinos.

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