España 26J: gobierno, esa asignatura pendiente

El próximo 26 de junio los españoles estamos llamados de nuevo a las urnas para elegir a nuestros representantes en el Parlamento de cara a la formación de Gobierno, tras el fracaso cosechado en las elecciones del 20 de diciembre, en las que, entre el intento de unos y el rechazo de otros, resulta que al cabo de seis meses nos encontramos de nuevo en la parrilla de salida electoral, al tiempo que hartos de demagogias, tacticismos, inmovilismo e intereses creados por parte de algunos que, más atentos a la propia cosecha, no atendieron las necesidades de un país rayano en el hartazgo.

Mariano Rajoy, por Marisa Babiano
Mariano Rajoy, por Marisa Babiano

Porque lo cierto y verdad es que de todo ha habido a lo largo de estos seis meses. Cada cual podrá usar su vara de medir, si bien la realidad, como el sistema métrico decimal, resulta meridianamente clara: tras el 20 de diciembre el Jefe del Estado, rey Felipe VI, propuso al hoy presidente en funciones, Mariano Rajoy, que intentase formar Gobierno, a lo que éste se negó por dos veces, alegando que no contaba con los escaños suficientes. A continuación, y a propuesta del rey, el encargado de intentarlo fue el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, al ser la segunda fuerza más votada. El líder socialista lo intentó por dos veces, llegando a un acuerdo con el partido Ciudadanos, de Albert Rivera, consistente en 200 medidas de carácter progresista a las que invitaron a unirse a otras fuerzas políticas.

El resto es historia, no por ello menos conocida: todos los partidos, excepto Coalición Canaria, votaron en contra, yéndose así al traste una opción de Gobierno que, con sus posibles aciertos o errores, era la única que estaba encima de la mesa. Y el rechazo más clamoroso por número de representantes en el Parlamento fue tanto del Partido Popular como de Podemos, cada cual al parecer por sus razones. Los populares esgrimieron su falta de sintonía con los socialistas, la disparidad de criterios políticos y aduciendo que eran ellos, y solamente ellos, los llamados a gobernar, porque así lo habían reflejado las urnas.

Podemos, por su parte, con Pablo Iglesias a la cabeza, negó desde un primer momento la posibilidad de formar Gobierno con los socialistas alegando que no era un programa de izquierdas al haber sido consensuadas las 200 medidas propuestas con Ciudadanos, formación a la que tildan de “marca naranja” del PP. Invitados a participar en la negociación, se levantaron de la mesa sin dar más explicaciones que las expuestas, trufadas de la demagogia que les caracteriza.

Creo sinceramente que ha sido ese tacticismo, tanto del PP como de Podemos, ajenos a los intereses de un país falto de Gobierno, el que nos ha llevado a la actual situación tras seis meses de limbo político. Y además, con buenos réditos para ambos partidos, a tenor de las encuestas publicadas. Resulta fácil deducir por ello que ninguno de los dos partidos tenía el más mínimo interés en llegar a un acuerdo, habida cuenta de que estaban a la espera de tiempos mejores, como así ha sido. Voluntaria o involuntariamente, ambas formaciones, desde la derecha clásica del PP hasta la extrema izquierda de Podemos, han sido buenos compañeros en este viaje, por lo que se constata, una vez más, que la política puede hacer extraños compañeros de cama, y que la vieja pinza Anguita-Aznar de antaño cobra cuerpo en la nueva Rajoy-Pablo Iglesias.

Ahí están los datos, para quien quiera consultarlos: las diversas encuestas publicadas auguran que el Partido Popular volvería a ganar las elecciones, con un porcentaje de votos similar al anterior. En segundo lugar quedaría Podemos, por lo que el ansiado “sorpasso” al PSOE, que tanto ansían como disimulan, podría convertirse en realidad. El Partido Socialista, por su parte, perdería la hegemonía de la izquierda, pasando al tercer puesto, mientras que Ciudadanos sería el cuarto partido.

Resulta curioso observar que los dos únicos partidos que han intentado formar Gobierno, PSOE y Ciudadanos, sean los más castigados en las encuestas, porque al parecer son los “máximos responsables de que no haya Gobierno”. Si esto es así, cabría deducir que el intento de formar Gobierno sería castigado, mientras que no hacer nada, esperar mejores tiempos, sería premiado. Todo ello, claro está, en modo condicional, ya que una encuesta es una muestra de opinión en un momento determinado, y serán los votos emitidos el día 26 de junio los que tengan la última palabra.

Los partidos políticos velan ya sus armas estratégicas de cara a estas elecciones, cada cual a su modo y manera. Al PP parece irle bien no haciendo nada, esperar que escampe, que pase al tiempo paseando a Mariano Rajoy por pueblos y ciudades, consciente de que, si bien es cierto que tiene varios de los suyos entre rejas, y “púnicas”, “taulas” o “Aquamed” en solfa, no hay trama que lo derrumbe, sabedor de ese suelo político de siete millones de votos del que dispone. El PSOE de Pedro Sánchez intentará movilizar a las huestes socialistas porque se juegan mucho en ello si pretende seguir siendo el referente de la izquierda, tras un socialismo a cuestas de 137 años que ahora algunos pretenden arrebatarle como seña de identidad. Ciudadanos es una incógnita, puesto que en estos momentos tanto puede servir para ayudar a formar gobierno como que sus antiguos votantes vuelvan al redil popular, del que proceden en gran mayoría, hecho éste que los conduciría próximos al camino ya emprendido por UPyD.

Xulio -Formoso: Iglesias y Garzón
Xulio -Formoso: Iglesias y Garzón

Podemos, por su parte, y a tenor de las encuestas, podría estar en posición de ganar las elecciones en la zona de la izquierda, por lo que no resulta descabellado aventurar que Pablo Iglesias sea el próximo presidente del Gobierno, con un equipo afín, como es natural, en el que es de suponer que tendrán algo que decir organizaciones afines y tan heterogéneas como Izquierda Unida, las Mareas gallegas, Compromís valenciano, proindependentistas gallegos de Anova, ecologistas de Equo, radicales de Izquierda Castellana, En Comú Podem de Cataluña, navarros de Nafarroa Bai, la Chunta Aragonesista, de Aragón, catalanes de Esquerra Republicana… Todo ello será lícito, por supuesto, puesto que a la hora de la verdad lo que cuenta en el Parlamento son los escaños, y éstos se consiguen a través de los votos emitidos en los distintos territorios.

Sea como fuere, lo más llamativo del líder Pablo Iglesias y posible nuevo inquilino de la Moncloa, es ese travestismo o camuflaje político del que hace gala, sacrificando una coherencia política que se le supone, y todo con tal de conseguir sus fines. Y ello porque resulta que ahora se ha vuelto “socialdemócrata” de un plumazo, de la noche a la mañana, cuando hace apenas unas fechas se confesaba comunista. Pero que algunos sepamos, Podemos es un partido anticapitalista, de extrema izquierda según constata la opinión pública y según consta también en el Parlamento Europeo, donde está adscrito, por propia voluntad, en Izquierda Unitaria Europea, muy alejada del socialismo. Habría que recordarles que el socialismo no es nacionalista, como lo que ellos defienden para Cataluña, sino internacionalista, destinado a superar precisamente los nacionalismos. Han abandonado la hasta ahora “transversalidad” de la que hacían gala para irse a la “socialdemocracia” que denostaban hace apenas unos meses considerándola caduca, agonizante, “un producto a extinguir con el fin de la guerra fría”. Y resulta que ahora la abrazan.

Faltan unos días para las elecciones del 26 de junio, y este país necesita un Gobierno serio, que le diga la verdad, por dura que ésta sea. Porque debiendo como debemos el 100 % de nuestro PIB, con cuatro millones de parados y cientos de miles de contratos de trabajo por días u horas, amén de esos cientos de miles de jóvenes españoles trabajando en el extranjero, hay que tener valor, como lo tuvo Churchill con un Londres bombardeado, para decir lo que nos espera, lo que se podrá hacer, o no hacer, en cada caso.

Frente a ello sobran profetas, demagogos y cantos de sirena que nos prometen la buena nueva. La respuesta está en nuestro voto, el de cada hombre o mujer que se juega, nos jugamos, tanto en las urnas.

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@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal. He colaborado en diversos medios, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviu, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros. Tengo escritos tres libros: Memorias de un internado, Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix y Lenguaje y comunicación. Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid. Trabajos en series de televisión, películas y publicidad.

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