Estados Unidos aprueba una ley para castigar «los delitos de odio COVID-19»

El presidente estadounidense Joe Biden firmó el jueves 20 de mayo de 2021 el decreto «COVID-19 Hate Crimes Act» (Ley contra los delitos de odio Covid-19) cuyo objetivo es acelerar el tratamiento de los casos de violencia racista, dar la necesaria publicidad al problema y ayudar a los estados y colectividades locales a combatirlos mejor.

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«El odio –escribió ese día Biden en su cuenta de twitter- no puede tener lugar en Estados Unidos y me comprometo diciéndolo claramente al firmar esta ley».

El presidente Biden denunció el racismo calificándolo de «horrible veneno» y lamentó que tantos miembros de la comunidad asiática hayan sido «atacados, vilipendiados y utilizados como chivos expiatorios» en los últimos meses.

En este caso, se trata de delitos de odio racista contra las distintas comunidades asiáticas que viven en Estados Unidos. Según un estudio de febrero de este año 2021, los delitos contra la población asiática aumentaron un 150 por ciento en las grandes ciudades del país durante 2020. El texto de la ley fue aprobado hace unas semanas en el Senado, donde consiguió casi la unanimidad; la Cámara de Representantes lo validó con una amplia mayoría de 364 votos a favor contra 62 en contra.

Ante el aumento de este tipo de  delitos, muchos estadounidenses de origen asiático temían ahora por su seguridad. Según el diario digital Huffington Post, desde la aparición de la pandemia del coronavirus, en Estados Unidos cada vez es más visible el racismo contra las personas de origen asiático que representan alrededor del 5,9 por ciento de la población del país.

La asociación «Stop AAPI Hate», una ONG que combate la xenofobia contra los estadounidenses de origen asiático, ha recogido más de 6600 testimonios de agresiones a personas de origen asiático entre marzo de 2020 y marzo de 2021; algunos tan terribles como los tiroteos, el 16 de marzo pasado, en tres salones de masajes de Atlanta, en los que perdieron la vida seis mujeres de origen asiático, cuatro de ellas coreanas, por las que el presidente Biden ordenó que las banderas ondearan a media asta el 18 de marzo.

Poco después, se difundió un vídeo de la agresión particularmente violenta que sufrió una sexagenaria de origen asiático en Nueva York. Unos sucesos que han llevado al gobernador del estado, Andrew Cuomo, a decir que este tipo de violencia se ha convertido «en una epidemia en el estado, y en el país».

A raíz de estas agresiones, en los barrios de San Francisco, ciudad que cuenta con un 35 por ciento de  población asiática, han empezado a aparecer patrullas de policía que vigilan día y noche. «Nadie debería tener que vivir con temor a causa de su origen o de su raza», ha dicho el alcalde London Breed.

Igual que en California, la seguridad se está reforzando en los barrios chinos de distintas ciudades, de Chicago a Nueva York, con el objetivo de tranquilizar a los estadounidenses de origen asiático que han empezado a adornar sus ventanas con pancartas y banderolas con el lema «Asian Lives Matter» (una reproducción de las que llevaban el lema «Black Lives Matter» tras el asesinato del ciudadano negro Georges Floyd, asfixiado por la rodilla de un policía que estuvo apretando su garganta durante más de ocho minutos), y a escribir en sus redes sociales «I am not a virus» (Yo no soy un virus).

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Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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