Estreno en Francia: “Yo acuso” brillante película de Román Polanski

Brillante versión cinematográfica del caso Dreyfus

El célebre caso Dreyfus ha sido llevado al cine en varias ocasiones en el cine alemán, británico y norteamericano: “Dreyfus” del alemán Richard Oswald, 1930; “Dreyfus” de los británicos F.W Kraemer y Milton Rosmer, 1931; “La vida de Emilio Zola” de William Dieterle, 1937, interpretada por Paul Muni; “Yo acuso” de José Ferrer, 1958; “Prisionero del honor” de Ken Russell, 1991.

J acusse fotograma

J accuse yo acuso cartelCon “J’Accuse” de Roman Polanski es, en consecuencia, la primera vez que el cine sonoro aborda en Francia el escandaloso caso Dreyfus. Digo sonoro, porque hubo en 1902 una versión muda poco conocida de Ferdinand Zecca producida por Pathé. Por el contrario, la televisión francesa ha programado en diversas ocasiones documentales sobre el caso Dreyfus, pero nunca un largometraje de ficción.

El excelente guion de “Yo acuso” (El titulo en España es ‘El oficial y el espía’) está basado en la novela “D” del británico Robert Harris, que ha participado en la adaptación junto a Roman Polanski. Recordemos que Harris había trabajado ya con Polanski en la adaptación de otra de sus novelas “El escritor fantasma” 2010.

La originalidad en el tratamiento del caso Dreyfus reside aquí, en primer lugar, en haber escapado a hacer un biopic sobre Zola, o sobre el propio Dreyfus, sino a situar en el centro del relato a ese personaje clave pero menos conocido en este legendario escándalo de Estado: el coronel Picquart, quien al comienzo estaba contra Dreyfus, pero cambió de opinión.

Olvidado por la historia oficial, que tiene tendencia a reducir todo a la leyenda, Marie-Georges Picquart tuvo un papel primordial en el caso Dreyfus. Fue él quien llevó las pesquisas para descubrir cómo el alto Estado mayor había falsificado todas las pruebas contra el capitán de artillería Alfred Dreyfus quien, por ser judío, fue calumniosamente acusado de ser un agente alemán en esa Francia presa de una furiosa ola de antisemitismo.

Fue él quien descubrió al verdadero culpable y espía alemán; el comandante Esterhazy, y quien dio la información y la argumentación a Zola, para escribir su célebre “Yo acuso”. Poderosa denuncia de la hipocresía y del indigno comportamiento de los altos mandos del ejército francés, que durante doce años cobertura a lo que fue no un error judicial, sino un verdadero escándalo de Estado, en el que estaban implicados tanto el ejército como el gobierno francés.

Detenido y enviado a África, Picquart fue rehabilitado en 1906, al mismo tiempo que Dreyfus y fue nombrado ulteriormente ministro de la guerra en el gobierno de George Clemenceau, hasta 1909.

Desde el punto de vista de Picquart, construye Polanski una excelente película de espionaje político militar, que busca recuperar la memoria histórica, con una reconstitución de la sociedad francesa de la época y un casting de brillantes actores, que confieren autenticidad al relato.

Emanuelle Seigner en J acusse

Jean Dujardin en J accuse
Jean Dujardin en J’accuse. Arriba, Emanuelle Seigner

Jean Dujardin, actor de comedia, logra aquí a contrapelo el mejor papel dramático de su abundante filmografía, en el personaje de ese militar de carrera, antijudío, como lo eran la mayoría en la época, pero que fiel a su conciencia y a su ética, puso en peligro su vocación profesional y su vida para denunciar el abyecto montaje del proceso Dreyfus.

En el papel de su amante, encontramos a Emmanuelle Seigner, actriz fetiche y esposa de Polanski, único elemento de glamour en este guión de espionaje estilo Hitchcock. Actores de la talla de Luis Garrel, en el papel de Dreyfus, Gregory Gadebois (el comandante Henry), Melvil Poupaud (el abogado Labori), Mathieu Amalric (Bertillon), Vincent Pérez (Maitre Leblois), completan este casting de lujo, bien ajustado y bien utilizado en todos sus personajes secundarios.

“Yo acuso”, se sitúa a mi entender entre las mejores películas de Polanski, junto con “El pianista”, “Tess”, o “Chinatown”. Un cineasta que aporta siempre en sus películas una mirada propia, precisa y singular.

No he visto pues en esta versión del caso Dreyfus, filmada por Polanski, ningún paralelismo con la controvertida vida del cineasta, como lo afirman sus detractores, sino un claro mensaje sobre la memoria histórica, la lucha contra la xenofobia, la intolerancia y el falso patriotismo militarista.

“Yo acuso” es una lograda película de época sobre un hecho histórico a menudo minimizado, de esos que nos invitan hoy a olvidar, pero que la magia del cine reconstruye mostrando toda su vigencia en nuestra sociedad actual. Como decía Marcel Oms, me gusta “el cine que elimina el olvido y reconstruye la memoria”.

Nacido en Francia, Roman Polanski es de origen judío polaco, cursó estudios de cine en la prestigiosa escuela de Lodz en Polonia, y emigró después al Reino Unido y a los Estados Unidos. Desde 1977 se instaló en Europa tras ser acusado de violación por una adolescente norteamericana de trece años.

La obra y su autor: No a la censura venga de donde venga

Merecidamente premiada este año en la Muestra de Venecia, “J’acusse” (Yo acuso) de Román Polanski se acaba de estrenar en Francia en medio de una desmesurada polémica sobre la persona del realizador.

Sostengo y siempre he sostenido las reivindicaciones del movimiento feminista por la liberación de la mujer en todos los países del mundo, y reitero todo mi apoyo a la lucha contra el acoso sexual, contra la violencia criminal machista, la homofobia y la misógina sociedad patriarcal. No me asocio sin embargo a los que reclaman por una razón u otra la censura de un artista, sea en la literatura, el cine, o el arte en general. La libertad de expresión en el arte como en la prensa es la base de la verdadera democracia.

Una obra debe ser juzgada por si misma y no en función de la personalidad o la vida privada del autor. Toda amalgama en ese sentido da la razón a los censores, y a los oscurantistas que buscan amordazar la cultura.

Para juzgar una novela, un cuadro, una escultura, una obra musical, o una película, hay que dejarse guiar no por la biografía del autor,  sino por lo que esa obra nos dice, en su forma y en su contenido, lo que provoca en nosotros lectores o espectadores, lo que dice a nuestra inteligencia y a nuestros sentimientos, en la razón y en la emoción.

Cuando leo y releo “Viaje al fin de la noche” de Luis-Ferdinand Celine -a quien se reprocha haber colaborado con los alemanes durante la ocupación (por cierto, que no era el único)- no veo en esa magniífica obra literaria un pensamiento antisemita sino la obra más potente que he leído jamás contra la absurda matanza de la guerra de 1914. Una obra que desde un punto de vista literario ha revolucionado además la lengua francesa contemporánea.

De la misma manera, cuando veo una película interpretada por la actriz francesa Arletty, quien colaboró también con los alemanes, (venerada hoy en Francia) no juzgo a la persona, sino la interpretación de esa actriz en una obra, que puede ser una obra maestra como por ejemplo “Les enfants du paradis” de Marcel Carné, 1945.

Cuando oigo las acusaciones contra Polanski, no veo en todo caso relación alguna con su brillante filmografía, desde “el cuchillo en el agua” 1962, “El baile de los vampiros” 1967, “Rosemary’s baby” 1968, “Chinatown” 1974, “Tess” 1979, “Frantic”1988, “El pianista” 2002, “El escritor fantasma” 2010, “Basada en hechos reales” 2017, o “Yo acuso” en 2019. Por citar solo algunos de sus veintitantos largometrajes, que forman parte ya de toda antología del mejor cine universal.

Ignoro si Polanski es culpable o no de lo que se le acusa, que es muy grave, pero siempre he pensado y sigo pensando que sus películas son las de un gran cineasta. Obras que han aportado mucho al cine tanto por su contenido como por su singular puesta en escena.

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