Festival Cine Gems-Miami: Dolor y gloria de Almodóvar

“El cine me salvó”: dice el protagonista de “Dolor y Gloria”, film semiautobiográfico de Pedro Almodóvar. Algo que no le ha pasado solo al gran cineasta español, también lo sintió Fellini, Bergman, entre otros.

Dolor y gloria Almodovar cartel inglés

El film nos narra la crisis del creador, sus fantasmas, su homosexualidad y su relación con la madre y tal vez el tema más original: el temor a envejecer. Los recuerdos de su niñez, se unen a la vejez cercana. La lucha con sus enfermedades; somatización, en parte, de los dolores del alma, tan fuertes como los dolores del cuerpo. Introspección, dudas, amores que siguen vivos, culpas redimidas. Pero, como el ave Fenix, vuelve a nacer, o sea, vuelve a filmar.

Pedro Almodóvar nació en Ciudad Real en 1949, es director, productor y guionista, ícono de la nueva generación del cine español, cineasta de fama mundial. Ha recibido numerosos premios, entre ellos, dos premios Oscar, varios Goyas en distintas categorías y es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Harvard y Oxford. Se suma el premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2006 y el Premio Terenci Moix en 2007. Aunque participó en seis ocasiones en Cannes, no obtuvo aún la Palma de Oro.

Fue rey de la movida madrileña, precursor de la novela homosexual, con Pathy Diphusa. En alianza con Carmen Maura, actriz principal de sus primeros filmes, irrumpe en el mundo cinematográfico con su lenguaje provocador, enfocado en realidades marginales y con una visión fílmica diferente, asociado a un estilo costumbrista punk, con toques de Buñuel y humor negro. Sin duda, ha creado un corpus fílmico identificable y personal, “el estilo Almodóvar”, a veces, duramente criticado por ser una visión parcial de España y su sociedad.

La ley del deseo, Tacones lejanos, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre, Hablé con ella, Volver (donde retoma el tema de la madre), son algunos de sus éxitos internacionales.

Ha impulsado el cine español a través de su Productora El Deseo, fundada en 1985, junto a su hermano Agustín, produciendo filmes de directores como Alex de la Iglesia, Guillermo del Toro, entre otros. Es uno de los cien directores más poderosos del mundo, según Hollywood Reporter, y uno de los directores que más influyó en el cine de Latinoamerica.

En Dolor y Gloria (¿o fama?), nos presenta a un director sesentón, con enfermedades del alma y del cuerpo. En el relato, hay un excesivo regodeo en la descripción del personaje, cierto narcisismo,  y un  alargamiento de escenas, demasiado explícito el uso de droga, una suerte de exageración de los malestares. El Almodóvar maduro revisa su pasado, busca en su niñez, siente la vejez, es menos festivo, aunque su humor no cede es más reflexivo.

La película se centra en Salvador Mallo, (el propio Almodóvar), homenajeado por la Cinemateca, vuelve a encontrarse con un actor que protagonizó una de sus películas “Sabor”. El encuentro desencadena varias situaciones, incluso la entrega de un escrito para ser dramatizado por dicho actor, que por azar, atrae a su espectaculo a un antiguo amor del director. El antiguo amor vuelve para disculparse y para liberarlo. Como se ve, el film tiene una estructura compleja, serpenteada de gráfica, fade back, con decorados y vestuarios fuertemente coloridos.

Todo génesis de un filme une fragmentos de diversas vivencias, especialmente, uno de índole psicológica, como es éste y la psicología de un creador es insólita. Almodóvar se desnuda ante el espectador o nos cuenta lo que desea contarnos, en todo caso, nos muestra como, a veces, la filmación puede ser tan dolorosa como un parto o como el encuentro de un tema llega por caminos inesperados. Los laberintos creativos pueden sorprenden al propio creador.

El cineasta es interpretado por Antonio Banderas, ganador del premio Mejor Actor en el Festival de Cannes, sin embargo, no hay demasiados matices en un personaje tan complejo. No sabemos si por expresa marcación del propio director, ya que Almodóvar es un director de actores muy meticuloso.

Leonardo Sbaraglia interpreta el antiguo amor, logra expresarnos de manera convincente la ambigüedad, el sutil sentimiento amoroso, la necesidad de perdón. De igual manera, Asier Etxeandia, impone su presencia actoral. Penélope Cruz calza perfecto en el papel de la madre, madre que en su vejez blanquea la situación con su hijo.

La madre es un tema que nos toca a todos y Almodóvar lo expone en otros filmes, sin telones, con ternura y dolor. Cada relación: madre-hijo, madre-hija, es diferente y hay mil películas a rodarse sobre los dobleces que nos envuelven en este vínculo ancestral. Almodóvar nos da su vivencia, también su culpa. Es, además, un film catártico, donde los traumas y experiencias son parte de nuestro ser. Es, asimismo, un film sobre la vejez, el mismo cineasta nos dice: “… tiene que ver con el miedo a envejecer, a la degradación física…” Este es  un tema fuerte y original en su tratamiento.

El film forma parte de una trilogía del “cine dentro del cine”: La ley del deseo, La mala educación y Dolor y Gloria. Es una narración intimista que se desplaza en interiores: cuevas, cuartos, consultorios, sala de teatros y quirófanos; apenas se ve lo exterior, el cielo cuando aparece esta enrejado. Interior del personaje, interior de edificios, útero materno, torre de marfil, ámbito cerrado; las libertades llegan en los sueños, los recuerdos, los viajes tóxicos…o en el film venidero, el que ya, en la última escena, se está filmando: El primer deseo.

En Argentina, Almodóvar es un ídolo que ha batido récords de taquilla, por eso, cabe destacar en este film la presencia argentina: Cecila Roth, el diseño de Juan Gatti, la dirección artística de Maria Clara Notari, la aparición del video de La niña santa de Lucrecia Martel, amén, del actor Leonardo Sbaraglia.

El protagonista, alter ego de Almodóvar, a pesar de la adicción y las enfermedades, renace a través del cine: “El cine me salvó”. El arte redime al personaje de sus caídas y fracasos, de sus traumas y dudas y le permite volver a crear.

Dolor y Gloria: el cine como terapia, catharsis, pasión y vida.

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