Francia: fracaso y amenaza de la Europa neoliberal

Como en el pasado, el PS es socialista en su campaña electoral y socialdemócrata en el poder

Francois-Hollande
Francois Hollande. Hasta ahora no lo ha hecho peor que Sarkozy, ni mejor tampoco

Los grandes medios de información nos machacan cada día en prensa y Televisión en Francia con los peligros del auge de los extremismos y del Frente Nacional de extrema derecha. La reciente elección cantonal de Brignoles ha traido más aceite para hacer esa mayonesa. Pero al interrogarse sobre el por qué de ese voto deberían insistir más en el análisis del fracaso y la amenaza que representa el neoliberalismo en Europa y hacia dónde nos está llevando.

¿Francia va a caer en manos de la extrema derecha? Advirtiéndonos del auge del Frente Nacional, unos y otros contribuyen por su alarmismo a difundir la posición «políticamente correcta» del sistema. (Entiendo por sistema los grandes partidos, de “derechas” o de “izquierdas” que se reparten el poder en esta quinta república francesa desde sus orígenes, con un régimen presidencialista y escrutinio mayoritario).

Según un barómetro de opinión del diario de derechas Le Figaro (Grupo Hersant), las tres personalidades preferidas de los franceses serían: Nicolás Sarkozy, Marine Le Pen y Manuel Valls, ministro del interior socialista que preconiza mano dura en temas de inmigración y seguridad. Algunos toman sus deseos por la realidad e intentan manipular la opinión.

Conviene recordar sin embargo que la reciente elección presidencial estuvo marcada por la derrota del muy derechista Sarkozy. Francois Hollande fue elegido con los votos adicionados de los socialistas, del centro y de una izquierda de la izquierda, representada principalmente por el “Front de gauche”. Hasta ahora Hollande no lo ha hecho peor que Sarkozy, ni mejor tampoco, pues no ha cumplido sus promesas de campaña, excepto lo del matrimonio gay. Como en el pasado, el PS es socialista en su campaña electoral y socialdemócrata en el poder, preso y rehén del neoliberalismo, aunque con una visión más humanista y buscando el diálogo con los sindicatos.

Es la decepción de ese electorado que votó Hollande, lo que va a provocar la abstención y el reforzamiento del FN en las próximas elecciones municipales y europeas. Extrapolar el análisis a la elección presidencial de 2017 me parece precipitado, aunque permita vender más periódicos, cuanto más alarmista sea el mensaje.

A los múltiples acontecimientos que muestran la implantación del Frente nacional en la vida política francesa a lo largo de estos últimos años, hay que añadir ahora –la información va deprisa- la victoria este domingo del FN en la primera vuelta de la elección cantonal de Brignoles, pequeña localidad del sur de Francia, donde viven 15.000 personas. 40,6% de votos al FN, y 9% a un disidente del FN, detrás llegan la UMP con 20,7% y el derrotado candidato comunista apoyado por el PS, con 14,6%; Un resultado que conviene analizar y relativizar, pues el ganador de esa elección fue sobre todo una abstención de más del 67 % del cuerpo electoral.

A cuatro meses de las elecciones municipales, Brignoles es una advertencia evidente para los partidos mayoritarios UMP y PS. El resultado muestra que el FN moviliza el pleno de sus votos, mientras que los partidos en el poder o que tenían antes el poder no logran movilizar a un electorado decepcionado por el incumplimiento de sus promesas.

El FN, causas y efectos

No es mi intención minimizar ese resultado, ni negar ese peligro, ni defender al “neofascista” Frente nacional, sino más bien analizar las causas del mismo, una vez constatados los efectos nefastos. El Frente Nacional de Marine Le Pen tiene hoy un electorado todavía minoritario pero estable y amenaza con seguir creciendo. Su auge es debido al fracaso estrepitoso de la Europa neoliberal, que ha abierto sus fronteras a 27 países, y ha creado una zona Euro, que no dispone de un Banco Central Europeo digno de este nombre, es decir capaz de defender su moneda frente a los especuladores.

La escandalosa tentativa de hacernos adoptar -queramos o no- una constitución europea neoliberal, con una “única política económica posible”, la de la austeridad y pauperización de las clases medias y bajas de la sociedad, ha fracasado, pero continua llevada por la inercia. Esa Europa neoliberal pretendía y pretende hacernos trabajar a todos con los salarios de los obreros de Rumania, o de India si pudiesen… Pero no lo han logrado gracias a la movilización de las fuerzas sociales progresistas en este país y en otros. No hay que olvidar tan deprisa que Sarkozy fue derrotado en las urnas pese a su mano tendida hacía el electorado del Frente Nacional.

La derecha, como esa “izquierda” en el poder, nos advierten del peligro que representa el Frente Nacional. Eso lo vemos todos. El Frente Nacional ha crecido en los últimos treinta años con posiciones de extrema derecha “anti sistema”, e intenta ahora transformarse en el primer partido de la derecha francesa, como un partido “legal” y soberanista que acepta las reglas del juego de la República, pero que arrastra las cacerolas de su pasado histórico y reciente.

El problema es que los mismos que agitan el miedo a Le Pen son los responsables del desempleo, de la desindustrialización, de la degradación de la seguridad en las ciudades, del tráfico de drogas, de la delincuencia, de la carestía de la vida y del aumento de esa distancia cada vez mayor que separa a los muy ricos de los pobres, pues la crisis no es igual para todos y las ganancias financieras siguen aumentando mientras los políticos piden austeridad a los de abajo. Los errores y fracasos de la clase dirigente alimentan el crecimiento del FN en una franja de la población tentada por la xenofobia y la designación del inmigrante como cabeza de turco y responsable de todos los problemas. En las presidenciales de 2012 Marine Le Pen llegó en tercera posición con 17,9 % de votos.

El FN va a subir sin duda en las municipales y lo lamento. Pero su implantación en Francia ni es algo nuevo, ni es una sorpresa. Si el FN es un partido legal que respeta el orden republicano, hay que combatirlo en las urnas. No es de descartar entonces una recomposición de las alianzas políticas, si estalla la UMP, antiguos gaullistas, y se recompone el centro derecha, antiguos giscardianos de horizontes diversos.

El Frente Nacional, descafeinado, alejándose del sulfuroso pasado de Jean Marie Le Pen, plenamente aceptado en los platós de televisión, y en vías de “normalización” en su nueva versión Marine Le Pen, acaba de recibir el apoyo explicito del afamado actor francés Alain Delon. Un ejemplo más en esa tentativa de proceder a un giro estilo italiano. La mutación que sufrió el MSI, partido neofascista italiano de Giorgio Almirante, hasta convertirse en la Alianza Nacional de Gianfranco Finni, se hizo sobre la base de una renuncia pública a su pasado fascista. Marine le Pen, a su vez, amenaza con perseguir ante los tribunales a los que la califican de neofascista, o de extrema derecha. Cuando vemos los debates en TV, donde el FN es invitado regularmente, la cuestión esencial subyacente, es precisamente esa: ¿Está dispuesto el FN francés a renunciar a esos lazos que todavía le unen con grupos neofascistas franceses o europeos? Lazos que sus dirigentes niegan públicamente.

Pero no hay que confundir causas y efectos. El FN no es la causa sino el efecto nefasto al que conduce la política actual del sistema económico neoliberal, que jugando a aprendiz de brujo, se sirve del espantapájaros del neofascismo naciente para meter el miedo en el cuerpo a la población y hacer aceptar lo inaceptable.

Por otra parte, me parece también «demagógico» y peligroso ese ejercicio periodístico que consiste en comparar 1930 y 2013, sin aportar un análisis histórico preciso de una época y otra. Pero no cabe duda de que ha habido y va a haber explosiones fuertes de racismo, en Francia como en Europa. Es urgente en consecuencia que desde el poder, y respetando los derechos humanos, se tomen medidas eficaces para limitar los efectos catastróficos de esta Europa neoliberal.

Bienvenida una izquierda que se oponga

Jean-Luc Mélenchon
Jean-Luc Mélenchon

Algunos comentaristas en Francia, bien instalados en el apoyo de este sistema “mayoritario”, van todavía más lejos en su alarmismo al denunciar todos los “extremismos”, comparando el peligro de la extrema derecha, con el de la extrema izquierda. Pero no se refieren los comentaristas a la extrema izquierda extraparlamentaria, muy presente por cierto en la lucha social, sino al “Front de Gauche” de Jean-Luc Mélenchon, que obtuvo 11,1 % en la primera ronda la presidencial en 2012.

Los extremismos acechan, nos dicen. Pues bien, un progreso de la izquierda no socialista, de una oposición de izquierdas que se oponga, en las próximas elecciones, no me parece un peligro, sino más bien una esperanza. La unión electoral entre la extrema izquierda y el “Front de gauche” para constituir una fuerza parlamentaria importante no parece hoy cosa fácil, pero sería deseable. Sobre todo si se hace saltar el cerrojo mayoritario introduciendo una dosis importante de escrutinio proporcional.

Un incremento importante de votos de los que se sitúan a la izquierda del Partido Socialista, permitiría recordar a Hollande sus promesas incumplidas, pidiendo actos y no palabras. Permitiría movilizar a los abstencionistas y a esa población harta de ver que los políticos en el poder no cumplen lo prometido, en temas tan importantes como la reforma fiscal, el desempleo, la desindustrialización y las deslocalizaciones, la reforma del sistema bancario, las jubilaciones, el nivel de los salarios, la construcción de una Europa social, todo lo que es determinante para elevar el nivel de vida de la población, para reducir el foso que separa las riquezas del Cac 40 de los ciudadanos con los que usted se cruza cada día por la calle, pues ellos sí sufren las consecuencias de la “crisis”.

Sin olvidar tampoco la estafa de una deuda pública millonaria que los ciudadanos debemos a los bancos privados, entidades bancarias que han sido salvadas y reforzadas con el dinero del Estado, es decir del contribuyente, y que son hoy prestamistas usureros de ese mismo Estado. ¿Hasta cuándo? ¿Para cuándo medidas enérgicas contra la especulación, la corrupción o la acumulación de mandatos políticos y electorales?

La crisis en Grecia, en lo económico, como la reciente tragedia de Lampedusa, en el tema de la inmigración, han sido gritos de alarma y no fueron provocados por los extremos sino por la política de los partidos en el poder. Muy en boga está también entre los “opiniólogos”, remplazantes de los ideólogos en la tv, hablar de populismo o de “la demagogia del todos corruptos”, para mejor escamotear las responsabilidades bien concretas de unos y otros. Lo populista, criminal e irresponsable es negar los problemas y no aportar soluciones, mientras el sistema político electoral francés sigue bloqueado con el cerrojo mayoritario y a punto de estallar. ¿Para cuándo la introducción de un escrutinio proporcional en las elecciones en Francia, que permita elegir un parlamento reflejo del país real?

“No hay que tirar nunca al bebé con el agua del baño”, dice el proverbio. No, todos no son corruptos, pero el discurso oficial de cierta prensa y TV, va dirigido a menudo a minimizar la corrupción, el engaño y los privilegios de la clase dirigente. La lucha contra la corrupción y los privilegios -la clase dirigente debe dar el ejemplo- no es demagogia sino una necesidad prioritaria en nuestras democracias occidentales, si queremos evitar derivas autoritarias, populistas y racistas. Esa es la mejor forma de luchar contra el Frente Nacional.

El populismo no está necesariamente ahí donde lo indican algunos, está a mi entender en ese discurso “oficial” que se empeña en negar el fracaso evidente de la Europa neoliberal, que sigue poniendo parches y vendajes, sin atreverse a ejercer plenamente el poder político frente al omnipresente y tentacular poder económico mundializado.

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Periodista profesional en Francia desde 1976. Miembro del Sindicato Francés de la crítica de cine y de FIPRESCI, he cubierto desde 1979 sin interrupción los festivales de Cannes y de San Sebastián, así como otros festivales internacionales. En San Sebastián presento desde 2008, los “Desayunos horizontes” en la sección Horizontes Latinos.

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