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Hablamos de personas

Hablamos con cierta frecuencia del cementerio del mediterráneo. Ese mar en donde los afortunados del primer mundo tiran la toalla y se tumban a la bartola en unos días. Ese lugar en donde los más ricos, navegan por sus aguas en un yate de no sé cuántas esloras, el mismo en donde los que han cobrado la paga de julio se permiten soñar con el crucero a lo “vacaciones en el mar” porque yo lo valgo. Estos no piensan en los otros; en los otros que han muerto en el mismo mar.

No hablamos de ellos, de los negros, como he leído en Twitter, los migrantes, los del tercer mundo, los que huyen necesariamente de la guerra, de su país, de la hambruna, de no haber tenido suerte. No hablamos de niños que perecen por el frío o porque llevan en su sangre enfermedades que aquí no sabemos ni de qué van. Personas, hablamos de personas cuando da igual en dónde, da igual cómo, mueren en el mar mediterráneo; ese, el anterior, el de sus sueños ocultos.

Y hoy, después de que España diera un vuelco en menos de dos semanas, sin entrar a valorar si el gobierno legítimo no lo ha votado el pueblo, sin hablar de chorizos ni casos de corrupción, sin ser testigos de lo que acontece, un presidente recién llegado, Pedro Sánchez, con la capacidad de decidir por los demás; esa que querríamos tener todos, no miente y abre la puerta del país para que más de 600 personas reciban una manta, una medicina, un bocadillo y no mueran. No quieren nada más, salvo abrirse camino y no morir en el intento como Carmen Maura pero sin chiste.

Y mientras, tenemos que escuchar las mezquindades del ser humano que sabe que a pesar de la vida, Europa no tiene una estrategia concreta para abordar el tema humanitario. Y es cierto, no la tiene. ¿Ahora qué hacemos con ellos? ¿cómo vamos a salir adelante si seguimos abriendo la puerta a todos? Esa es la pregunta, eso es lo importante, un tema que necesariamente es prioritario y debe estar encima de todos los demás. Lo urgente ya lo hemos solucionado, y no es de recibo que las personas que se tildan de cristianas, se regocijen con el dolor ajeno y permitan que esas 600 personas y alguna más, si se tercia, mueran delante de sus toallas de colores mientras se untan el bronceador para ir de copas por la noche a todo plan, y se cogen, a la sazón, el pedo de su vida.

Esa es la contradicción del ser humano que no nos debe dejar indiferentes. Hablamos de derechos humanos, de derecho internacional, de salvaguardar vidas para que no se ahoguen delante de nuestras costas, y cuando digo nuestras, hablo de Europa. De esa Europa falsa que es capaz de gastarse dinero en una cumbre pero que no encuentra dinero para entregar una manta. No hablamos de gatitos, ni de perros abandonados; hablamos de seres humanos. Si rescatamos a los anteriores para que tengan mejor fortuna, si hay auténticos movimientos a favor de los animales que está muy bien; ¿como es posible que no sepamos dar cabida a la vida de personas que son como nosotros?

Me llama la atención, me conmueve, me hace pensar que el ser humano sigue siendo la vil, mezquina e incapaz especie que permanece con el refrán español, ande yo caliente, ríase la gente, sin acritud,  y de ahí no salimos ni a gorrazos. Mientras tenga para mis cañas, mis vacaciones, para pagar la luz y para pasármelo pipa, ¿a mi qué me cuentan de inmigrantes? ¡No me joda las vacaciones, hombre! Esas personas son las mismas a las que les es indiferente que no llegue la dependencia a las familias; que no haya justicia social; que haya niños que no puedan pagarse una carrera o que no coman por la noche; porque mientras yo tenga para mi pisito en Marina D´or, que me quiten lo bailao.

Ellos no tienen nada; ni siquiera saben qué va a ser de sus vidas, no tienen depresiones ni se han comprado el último modelo; no hablan de chorradas ni de bótox, porque su único propósito es no morir. Personas extenuadas, con hambre y sed de justicia; esa que ahora Europa tiene que coordinar. Hablamos de estar en alta mar; hablamos de llevar niños a bordo; hablamos de un viaje de diez horas desde Libia; hablamos de niños, hablamos de mujeres embarazadas, hablamos de personas.

A tus atardeceres rojos, se acostumbraron mis ojos, como el récodo al camino, soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero, y, qué le voy a hacer si yo, nací en el mediterráneo…Ahora, váyase a tomar un Aquarius, el del anuncio y cante como lo hizo Serrat al mar mediterráneo para ver si puede tragar esto; porque esto; se mire por dónde se mire, no hay quien lo trague, vamos, digo yo.

Muchas gracias, presidente, dicho sea de paso. Me siento Penélope Cruz por un día y no sé si gritar su nombre y que le entregue el Óscar a los derechos humanos alguno de los rescatados. Hay 629; ¡eso no es nada! dicen…

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Sobre Ana De Luis Otero

PhD, Doctora C.C. Información. Periodista. Editora Adjunta de Periodistas en Español.- Divulgadora Científica. Profesora Universitaria. Fotógrafo. Consultora de Comunicación Médica - Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la infancia y la tercera edad. Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor. Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios. Miembro del Comité de Derechos Humanos, Económicos, Sociales y culturales, (Comité DESC) de la ONU, Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya. Consultora de Comunicación Médica. -www.consultoriadecomunicacion.com.-

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