Hotel Europa: dramático emplazamiento

Hotel Europa (Smrt u Sarajevu: “Muerte en Sarajevo” en el original) toma su nombre del mítico Hotel Europa de Sarajevo, el mismo donde se alojan tradicionalmente los deportistas de los JJOO de invierno y que ahora, durante los sucesos de 2014 que narra la película, sirve de base a una cumbre europea que conmemora el 100º aniversario del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, lo que supuso el estallido de la Primera Guerra Mundial un mes después.

Hotel Europa, pósterEstamos ante un apasionante thriller dramático que gira en torno a este hecho histórico pero en el que pasado y presente se entrelazan, y que arroja una mirada lúcida y nada optimista sobre la Bosnia y la Europa actual.  Hoy en día, después de la Segunda Guerra Mundial y de la guerra de los Balcanes, no está claro que ninguna de estas guerras haya servido para aplacar los nacionalismos en el seno de Europa ni para enfriar el polvorín de los Balcanes. Los ánimos, sobre todo en los jóvenes, siguen como hace un siglo, y las partes creen tener razón y agravios suficientes para volver a empezar. Para algunos, el asesino es un héroe necesario al que estarían dispuestos a emular, tanto que llevan su mismo nombre de pila con orgullo: Gavrilo Princip, y según ellos, la guerra se hubiera desatado igual.

La película da buena muestra de todas las contradicciones que aún torturan a servios, croatas y bosnios.

En las cocinas del Hotel Europa se prepara una huelga de los trabajadores, que llevan dos meses sin cobrar. Mientras tanto, una periodista filma un programa de televisión en la azotea con entrevistas a personalidades que dan una visión poliédrica de aquel hecho y un hombre (el actor Jacques Weber), quien forma parte de la delegación, ensaya un discurso en su habitación. Todo se mezcla sin que haya confusión alguna, pues los conflictos están muy bien diferenciados. La paranoia de la seguridad parece ser lo único que funciona y sin embargo, algo como un cortocircuito absolutamente demencial, hará que lo que parecía una broma en una historia de amor a punto de empezar, traiga consecuencias impensadas.

Dirigida por Danis Tanovic (En tierra de nadie, La mujer del chatarrero) y con un guión propio basado en la novela de Bernard-Henri Levy, este Hotel Europa, de producción bosnia herzegovina y francesa, narra el ambiente de dicha celebración, así como los conflictos existentes entre el personal del hotel, su director y las mafias que controlan la juerga que se prepara a fin de asegurar el éxito final y sin contratiempos de la cumbre.

El sótano del hotel es, por todo lo que allí se cuece, lo más siniestro y a la vez lo más interesante de la película. Es otro mundo que no se ve pero que sin embargo se comunica plenamente con el de arriba, formado por el director del hotel, que es quien les encarga trabajos sucios; los cabecillas huelguistas que reciben las palizas encargadas; los espías que ejercen una vigilancia tan indiscreta como implacable de los huéspedes vips en sus habitaciones. Todo da un poco de repelús. Los matones del sótano están muy bien descritos (gordos, groseros, graciosos en sus actitudes pero implacables con su negocio), y no podía faltar un director de banco que juega en el sótano una partida de póker con cartas marcadas.

Rodada en 2016, en 85 minutos no se puede decir más ni mejor. La música de Mirza Tahirovic acompaña maravillosamente al thriller y el reparto es de lujo, con Snezana Markovic, Izudin Bajrovic y Vedrana Seksan entre otros, por la parte bosnia, y por la parte francesa, Jacques Weber (“Cyrano de Bergerac”, “Los ojos amarillos de los cocodrilos”).

Hotel Europa ha sido la película ganadora del Oso de Plata Gran Premio del Jurado y del Premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Berlin 2016.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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